
Hablaré en esta nueva entrega libresca de un asunto que pudiera parecer extraño y escabroso; fuera de tiempo y lugar. Y no es así, pues no es asunto baladí, dado el interés que despierta, como siempre la ha hecho, y hoy reverdecido, en la población adolescente y joven. El Demonio, “sus pompas y sus obras”, no ha desaparecido del imaginario colectivo, como tampoco del ámbito cultural, filosófico, literario, y también teológico y doctrinal. De su importancia en la vida cristiana no ha dejado de hablarse, si bien con razonamientos más sólidos que en épocas pasadas; y menos legendarios y tenebristas. Como muestra, un botón. El Papa Francisco, más allá de referencias numerosas, breves e indirectas, en diez ocasiones ha hablado de manera extensa del Demonio. La última vez, y con dureza, ha sido el pasado Primer Domingo de Cuaresma, desde la Clínica Gemelli. Al hilo del texto evangélico de las tentaciones de cristo en el en el desierto, el Papa, habló, alto y claro, de cómo hoy, “el mundo está en manos de poderes malignos, que aplastan a los pueblos con la altanería de sus cálculos y la violencia de la guerra”, y hablaba expresamente de Satán.
Vengo ahora, y dicho lo anterior, al ámbito literario que es el que a esta pieza interesa. La Literatura siempre y todo espacio y lugar, ha tratado del Demonio. Y, a la postre, y como también las distintas religiones y sistemas filosóficos, la literatura se ha hecho eco del asunto; con mayor o menor acierto, pero siempre fiel a su esencia, que es recoger en la ficción, la realidad y el pensamiento de cada tiempo y lugar.
EN DEMONIO EN GRANDES CLASICOS DE LA LITERATURA. Más allá de las muchas páginas dedicadas al Demonio en la literatura clásica, y hasta las dos ultimas centurias, el Mal, personificado como Demonio, Maligno o Satanás, ha sido tema central en las obras de grandes novelistas, algunos, como Goethe, también pensadores. El “Fausto” de este gran escritor alemán, ha venido siendo una fecunda fuente de inspiración para otros escritores posteriores. Entre ellos, y el más destacado, Thomas Mann en su “Doctor Faustus”, novela 0de la que bebió su hijo, Klaus Mann, para su “Mephisto” (1936). Entre otros muchos, caben destacar los tres cuentos que dedicó al tema Edgar Alan Poe. Y, en todo el espectro literario de la Modernidad, hay que señalar el referido a la literatura rusa, tan densa como rica y variada. En ella encontramos, además de la que referiré después, “Los demonios” de Dostoievski, “El Maestro y Margarita”, de Mijaíl Bulgarov” y “Petersburgo”, de Bailey. Y dejo abierta a sugerencias del lector esta breve lista de grandes novelas que abordan, con descarnada profundidad algunas de ellas, ese vasto universo en el que el Maligno de pasea con sus dagas letales, vayan éstas camufladas o no, con ropajes de todo forma y calibre.
DOSTOYEVSKI Y HUXLEY, DOS VERTIENTES DEMONIACAS: Entre los muchos y grandes novelistas rusos que han hablado del tema, destaca, por su fuerza y profundidad psicológica, Fiodor Mijaíl Dosvstoyeski con su novela “Los demonios”. El horrible crimen perpetrado en Moscú a finales de 1869 siguiendo órdenes del nihilista Nechayev, seguidor de Bakunin, fue utilizado por el novelista ruso para construir la trama argumental y perfilar los caracteres de los principales personajes de su novela. Entre ellos destaca con fuerza Nikolái Stavrogin, figura atormentada que casi un siglo después habría de fascinar a Albert Camus; personaje éste que introduce en la novela una dimensión teológica y metafísica que la lleva mucho más allá de la mera reconstrucción de la historia o de la diatriba política, propiciando el salto cualitativo que hace de esta obra sin duda una las más destacadas del gran autor ruso.
Desde otra perspectiva, aunque también basada en un hecho real, merece ser destacada la novela escrita por Alois Huxley con el título “Los demonios de Laudun”. El caso de las endemoniadas de Loudun es probablemente el más famoso caso posesión diabólica que se conoce. Tuvo lugar en 1634 en la pequeña ciudad francesa de Loudun y afectó a las monjas ursulinas del convento de la localidad, supuestamente hechizadas por el padre Urbain Grandier, quien, acusado de brujería, de acuerdo con el testimonio de las endemoniadas, fue condenado a morir en la hoguera. El escritor británico publicó en 1952 un ensayo novelado e interpretativo sobre el tema, titulado “Los diablos de Loudun”. En él cuenta la historia, con dosis propias de la ficción, del sacerdote y de las monjas. Poseídas según ellas por el demonio, pero según el planteamiento del autor, poseídas por la falta de verdadera devoción, el fanatismo, los alcances de la psique humana y, sobre todo, por los increíblemente poderosos alcances de la corrupción eclesiástica y política. El libro cuenta con detalle el acontecimiento histórico; y lo lace el autor con la parafernalia morbosa que alcanza a todo el pueblo y contamina incluso almas vecinas.
Juan Rubio Fernández
Sacerdote, escritor y periodista
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