Este domingo se celebra la Jornada Internacional contra la trata de personas

Diócesis de Jaénhttp://diocesisdejaen.es/
La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

Con el lema «Enciende una luz contra la trata», el Vaticano, a petición de las Uniones Internacionales femeninas y masculinas de Superiores Generales, ha promovido una Jornada contra la trata de personas, que se celebrará este domingo 8, fiesta día de santa Giuseppina Bakhita, esclava sudanesa que fue liberada y se convirtió en religiosa, canonizada en el año 2000.

Es positivo que se ore y se dé a conocer esta lamentable realidad que vuelve a hacer actualizar la vieja esclavitud.

Desde el inicio de su Pontificado el papa Francisco ha denunciado con fuerza el tráfico de seres humanos y ha pedido combatirlo y cuidar de las víctimas. Y los Superiores Generales explican en su comunicado que «en la realidad de hoy en día del mundo globalizado, la comercialización y la explotación de la vida con fines de lucro, ya cotidianos, nos ciega hasta tal punto que nos impide reconocer a la otra persona, no como fuente de lucro, sino como hermano y hermana».

Por esto surge la invitación a diócesis, parroquias, congregaciones religiosas, grupos, movimientos, asociaciones, escuelas y familias para reflexionar y rezar, «para poner luz sobre la oscuridad de este crimen». De este modo, indican, «se comenzará un proceso de sensibilización, que ayudará a individuar las causas de la trata de personas y realizar recorridos educativos dirigidos a promover la prevención a todos los niveles contra esta plaga que explota la vida humana y destruye la dignidad de la persona».

La Jornada está patrocinada por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el Pontificio Consejo para la Pastoral de Migrantes y el Pontificio Consejo de Justicia y Paz. Será preparada con Vigilias de Oración en distintos países y culminará en Roma con la participación en el Ángelus, en la plaza de San Pedro, el día 8 de febrero, fiesta de santa Giuseppina Bakhita.

En la exhortación «Evangelii Gaudium» del Papa Francisco, la denuncia de estas situaciones adquiere un tono especialmente personal: «Siempre me angustió la situación de los que son objeto de las diversas formas de trata de personas. Quisiera que se escuchara el grito de Dios preguntándonos a todos: «¿Dónde está tu hermano?» (Gn.4,9). ¿Dónde está ese que estás matando cada día en el taller clandestino, en la red de prostitución, en los niños que utilizas para mendicidad, en aquel que tiene que trabajar a escondidas porque no ha sido formalizado? No nos hagamos los distraídos. Hay mucho de complicidad. ¡La pregunta es para todos! En nuestras ciudades está instalado ese crimen mafioso y aberrante, y muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda» (E.G. 211).

Y precisamente al tema de la esclavitud ha dedicado el Papa la Jornada por la Paz del pasado día 1 de Enero con el lema: «Ya nunca más esclavo, sino hermano»: «Con frecuencia, decía el Papa, se piensa que la esclavitud sea un hecho que pertenece al pasado. Sin embargo, esta plaga social está fuertemente presente también en el mundo de hoy».

«En el mundo contemporáneo, son múltiples los abominables rostros de la esclavitud: el tráfico de seres humanos, la trata de los migrantes y de la prostitución, el trabajo esclavo, la explotación del hombre por el hombre, así como la mentalidad esclavista respecto de las mujeres y los niños» (Ib.).

«La esclavitud es una terrible laceración abierta en el cuerpo de la sociedad contemporánea, es una gravísima herida en la carne de Cristo… Sobre esta herida especulan vergonzosamente individuos y grupos aprovechando la situación causada por tantos conflictos en curso en el mundo, así como por el contexto de la crisis económica y de la corrupción» (Ib.).

Para combatirla eficazmente, señala Francisco, «es necesario ante todo reconocer la inviolable dignidad de toda persona humana, además de mantener inamovible la referencia a la fraternidad, que requiere la superación de la desigualdad, a partir de la cual un ser humano puede hacer esclavo a otro»(Ib.).

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