Carta Pastoral para la Misión mariana diocesana: «María, Madre en salida»

Diócesis de Jaén
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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

Preparándonos para el Año Jubilar Diocesano por el VIII Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza (1227–2027)

Queridos diocesanos:

Nuestra Diócesis de Jaén se dispone a vivir un tiempo de gracia singular. Ya se vislumbra en el horizonte una gran efeméride: el VIII Centenario de la Aparición de la Santísima Virgen de la Cabeza, nuestra Patrona diocesana, al humilde pastor Juan de Rivas, en 1227. Este acontecimiento ha modelado el alma de nuestra tierra y ha dejado una huella profunda en la historia espiritual del Santo Reino.

Por eso, con alegría y responsabilidad, queremos prepararnos bien. Y esta preparación necesita, como bien sabemos, dos dimensiones inseparables: una preparación exterior, necesaria y valiosa (programación pastoral, coordinación, celebraciones, acogida, signos visibles…), y una preparación interior, que es el verdadero cimiento. Sin ella, corremos el riesgo de celebrar mucho y convertirnos poco; organizar actos sin dejar que el Señor nos transforme.

En este contexto, la Iglesia nos ofrece un camino concreto: la Misión Mariana diocesana, que vive y expresa nuestro lema: «María, Madre en salida». Es la Madre que no se queda lejos, sino que se pone en camino; la Madre que sale al encuentro y visita a sus hijos, para conducirlos a Jesucristo.

Vamos a celebrar el VIII Centenario de la Aparición de nuestra Patrona Diocesana

En el año 1227, en nuestras sierras jiennenses, la Virgen quiso fijar su mirada y su morada en esta tierra del Santo Reino. Ocho siglos contemplan este misterio de cercanía maternal: ocho siglos de fe sencilla y perseverante, de promesas y lágrimas confiadas, de esperanza transmitida en familia, de peregrinaciones, de oraciones pronunciadas con el corazón.

Celebrar este Centenario no es sólo recordar un hecho histórico. Es revivir la presencia de María en nuestra historia concreta, y dejar que esa presencia nos eduque y nos transforme hoy. Porque María, como Madre, no nos invita a quedarnos en lo emotivo o en lo exterior, sino a abrirle espacio a Dios en la vida real.

Aquí viene muy a propósito lo que subraya el documento María, estrella de la evangelización: «la piedad popular, bien acompañada, muestra cómo la fe se encarna en una cultura y se sigue transmitiendo; es un patrimonio vivo que acompaña al pueblo en el ritmo del año litúrgico y en la vida cotidiana» (Carta pastoral de los Obispos del Sur de España al cumplirse el 30º aniversario del viaje apostólico de San Juan Pablo II a Sevilla y Huelva)

Y, al mismo tiempo, pide ser cuidada con cariño y responsabilidad, para que resplandezca “la belleza del Evangelio” en plena comunión con la Iglesia.

Por eso, este Centenario es también una llamada a purificar, iluminar y fortalecer nuestra devoción, para que sea una devoción con raíz evangélica, eclesial, sacramental; una devoción que lleve a una vida cristiana más coherente y más misionera.

Un Año Jubilar diocesano con las gracias jubilares

Como fruto de esta efeméride, nuestra Diócesis celebrará un Año Jubilar diocesano, con la concesión del Papa León XIV de las gracias jubilares, en particular la indulgencia plenaria. El Jubileo es, ante todo, un tiempo de misericordia ofrecida y acogida: Dios abre una puerta para que nosotros abramos nuestro corazón.

La indulgencia jubilar, vivida con las disposiciones y condiciones que la Iglesia establece: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Papa y las demás condiciones concretas,  quiere ayudarnos a comprender que la vida cristiana no se sostiene sólo con buenos deseos, sino con gracia, con sacramentos y con conversión personal real.

Y esto, en el contexto actual, marcado por secularismo y descristianización, no caben ni resignación ni desánimo; al contrario, hemos de sacar de nuestras raíces: nuestra fe en Jesucristo y nuestra devoción a su Madre, energías para una nueva evangelización.

Por tanto, el Año Jubilar no será fecundo sólo por lo que organicemos, sino por lo que el Señor haga en nosotros, si le dejamos: reconciliación, vida sacramental renovada, caridad concreta, comunión diocesana más fuerte y ardor misionero más humilde y valiente.

La “Virgen Peregrina” enviada a todas las parroquias: una visita de Madre que prepara el corazón

Al inicio de la Misión Mariana, que dará comienzo el día 1 de febrero con la Eucaristía de envío en el Santuario,  el Obispo diocesano enviará la imagen de la “Virgen Peregrina” a visitar todas las parroquias y realidades eclesiales de nuestra diócesis jiennense, para que, como “embajadora” de nuestra Patrona, nos prepare al gran acontecimiento jubilar. Este gesto tiene una fuerza pastoral enorme: María entra en nuestros pueblos y comunidades como entró en la casa de Isabel, llevando a Cristo. Por eso, el lema «María, Madre en salida» se entiende con el Evangelio abierto: “María se levantó y se puso en camino de prisa” (Lc 1,39). No es sólo una imagen que “pasa”; es una Madre que visita, y su visita es una oportunidad para despertar lo mejor de nuestras comunidades. Para acompañar este itinerario, se han creado una serie de catequesis y materiales específicos que guiarán este paso de la Virgen de la Cabeza por cada parroquia y por cada comunidad.

Esa es la actitud con la que queremos vivir la Misión: con afecto entrañable, sin durezas, sin sospechas, acompañando la fe del pueblo, cuidando lo auténtico y ayudando a purificar lo que lo necesite, “del polvo del camino”.  “En la piedad popular… subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar”.

Eso significa que la visita de la Virgen Peregrina, las acogidas, los rosarios, las vigilias, las procesiones y los encuentros… no son un adorno: pueden ser, si se viven con hondura espiritual, un auténtico camino de evangelización, una puerta abierta para que muchos vuelvan a Cristo.

 Una Misión mariana diocesana

Una Misión Mariana diocesana es un tiempo de gracia en el que la Iglesia jienense, de la mano de María, busca avivar la fe, promover la conversión, fortalecer la comunión y reimpulsar la misión. No es un “paréntesis devocional”, sino una verdadera misión popular con rostro maternal y que podemos expresarlo con cuatro acentos:

a) Un itinerario del alma

No es sólo un recorrido geográfico. Es un recorrido espiritual: María viene a tocar el corazón, a despertar la fe dormida, a llamar a la puerta de lo que está cerrado, a suscitar el deseo de Dios.

b) Un camino que conduce a Cristo y a la vida sacramental

María no sustituye a Cristo: nos conduce directamente a Él. En la Misión, su voz vuelve a ser la de Caná: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5). Por eso, el fruto esperado no es sólo emoción, sino retorno a lo esencial: Eucaristía, confesión, Palabra de Dios, oración, caridad. La piedad auténtica nace de la oración y conduce a la oración, y la oración cristiana no es aislamiento ni simple relajación, sino vivencia de comunión con Dios.

c) Un estilo sinodal: caminar juntos

La Misión nos convoca como diócesis. Nos ayuda a sanar divisiones y a reconocernos familia, a fortalecer el valor humano y eclesial de caminar juntos: las procesiones y los itinerarios han de expresar comunión y conducir hacia la liturgia, cuidando oración y sentido eclesial.

d) Una fe que se hace servicio

La devoción verdadera no se queda en los labios: pasa por las manos y llega a las obras. Nuestra devoción, cuando es auténtica, fortalece la coherencia entre lo que se cree y lo que se vive, y no olvida las implicaciones morales de la fe.

Una llamada maternal

Durante este tiempo, la Virgen de la Cabeza, Madre y patrona, nos llama con ternura, pero con claridad. Nos consuela, sí; pero también nos despierta. Nos saca de una fe de costumbre para llevarnos a una fe viva.

a) A ser una Iglesia “en salida”, con corazón de Madre

El lema «María, Madre en salida» no es un eslogan: es un programa espiritual. María sale a buscar al que está lejos, al cansado, al herido, al que perdió la fe, al que se siente solo. Y nosotros, con Ella, aprendemos a salir: a acercarnos, a escuchar, a acompañar.

En este punto nos ayuda una enseñanza muy iluminadora del Papa León XIV en su homilía del Jubileo de la Espiritualidad Mariana (12 de octubre de 2025): al hablar de la espiritualidad mariana, el Papa recordó cómo el Magníficat nos mete en la historia real, donde Dios derriba soberbios, enaltece humildes, colma hambrientos y recuerda su misericordia; una espiritualidad que, por tanto, nos compromete con la vida concreta, con los pequeños y con la misericordia. María, Madre en salida, no nos encierra: nos abre; no nos acomoda: nos pone en camino.

b) A volver a la oración y a reavivar la fe en familia

El paso de la Virgen Peregrina puede convertirse en una oportunidad para recuperar la oración sencilla: un rosario en casa, un misterio rezado en familia, una oración ante la Virgen, una lectura del Evangelio. Nuestra piedad, cuando se vive bien, genera actitudes interiores valiosas: paciencia, sentido de la cruz en lo cotidiano, apertura a los demás, devoción…

c) A reconciliarnos: confesión, perdón, comunión

Si queremos un Jubileo fecundo, necesitamos corazones dispuestos. Que la Virgen nos encuentre disponibles para pedir perdón y perdonar; para sanar relaciones rotas; para restaurar la comunión en nuestras parroquias y hermandades; para reconciliarnos con Dios.

d) A cuidar la Eucaristía dominical y el ritmo de la Iglesia

Los ejercicios piadosos, que viviremos durante este tiempo de preparación jubilar, han de organizarse de modo que deriven de la liturgia y conduzcan a ella, porque la liturgia está por encima de ellos; y recuerda también la importancia de renovar el sentido cristiano del domingo, evitando reducirlo a “fin de semana”.

La Misión Mariana ha de empujarnos a amar más la Eucaristía, a vivirla con fe y a hacer de la Eucaristía el corazón de la comunidad.

e) A evangelizar con la belleza de la piedad popular, purificada y eclesial

«El caminar juntos hacia los santuarios… llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador» ( Carta pastoral de los Obispos del Sur de España al cumplirse el 30º aniversario del viaje apostólico de San Juan Pablo II a Sevilla y Huelva) ¡Qué bien describe esto nuestra tierra! La Virgen Peregrina, al recorrer la diócesis, puede reavivar esa dimensión evangelizadora: invitar a otros, llevar a los jóvenes, acercar a los alejados, abrir puertas.

f) A vivir la esperanza y a trabajar por la paz

También, en su homilía de María, Madre de Dios (1 de enero de 2026), el Papa León XIV situó a María como Madre que acompaña el camino del pueblo y orienta hacia la paz y la esperanza en el inicio del año. En tiempos recios, como los que vivimos, María nos enseña a sostener la esperanza sin ingenuidad y a sembrar paz con obras pequeñas y constantes: reconciliar, escuchar, servir, unir.

Conclusión

Hermanos, la Misión Mariana Diocesana, «María, Madre en salida»,  es un don para nuestra Iglesia de Jaén: un verdadero pórtico hacia el Año Jubilar del VIII Centenario. Acojamos a la Virgen Peregrina no sólo con actos externos, sino con el corazón abierto: dejando que su visita nos lleve a Jesucristo, nos renueve por dentro, fortalezca nuestra comunión y nos haga más misioneros.

Que, en cada parroquia, en cada familia, en cada persona, se cumpla lo más hermoso: que donde entra María, entre Cristo; y donde entra Cristo, la vida se ordena, renace la fe, se enciende la caridad y brota la esperanza contagiosa.

¡Virgen de la Cabeza, Madre en salida, ¡llévanos a Jesús y haznos Iglesia en camino!

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

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