Orgullosos de nuestra fe

El próximo domingo 12 de noviembre, celebramos el Día de la Iglesia Diocesana. Damos gracias al Señor por los dones y bendiciones con lo que enriquece esta parcela local de la Iglesia universal.

Hay mucho que agradecer y muchos a quienes dar gracias. Tomemos conciencia de que somos parte de una familia que vive al unísono la misma misión diocesana. Una Iglesia sinodal nos exige ser generosos y estar atentos a las necesidades y medios para que la Iglesia pueda servir bien a los hombres de su tiempo en sus templos y parroquias, en Cáritas, en la pastoral educativa y en todos los lugares y espacios donde por la formación y catequesis, la vida sacramental y el servicio a los pobres, todos somos la única Iglesia, el mismo cuerpo de Cristo. Un padre se ha de preocupar para que todos en la familia, y a cada uno, según su capacidad, le pueda llegar su parte para un digno desarrollo. (Cfr. Evangelii gaudium, 92).

El papa Francisco, haciéndose eco de los pontificados precedentes, nos recuerda que la Iglesia es misionera, y todo lo que hace y tiene obedece al mandato de Jesús a sus discípulos: «Id por todo el mundo y anunciad el evangelio, bautizando en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Marcos 16,15). Esta ha de ser la alegría que motive nuestras acciones. Ser partícipes del mandato misionero para llevar a cabo el anuncio explícito de Dios que nos ama y ha dado la vida por nosotros.

La memoria anual de actividades nos ayuda a ver y constatar que son muchas las actividades que se realizan en la vida de nuestras parroquias.

Con el lema «Orgullosos de nuestra fe», nos sabemos parte de una gran familia que comparte lo más grande que tiene, la fe. A pesar de los muchos límites, los cristianos estamos satisfechos del buen servicio de la Iglesia a nuestro mundo, al patrimonio histórico y cultural, a la educación, a los más pobres y desvalidos, al bien común, poniendo mucho tiempo, cualidades, oración y recursos económicos en este empeño. No tengamos complejos para dar testimonio público de nuestra fe y de lo que la Iglesia es y hace, reforzando nuestra pertenencia eclesial. Esto dignifica el corazón del hombre, en el anuncio del kerigma, que en palabras del papa Francisco consiste en anunciar a todos que «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte». (Evangelii gaudium, 164).

Gracias al consejo diocesano de asuntos económicos, al de cada parroquia, al ecónomo diocesano que, en sinergia con los organismos y consejos diocesanos, sacerdotes y agentes de pastoral, afrontamos las urgencias en una diócesis que quiere ser proactiva y misionera, orgullosa de nuestra fe. ¡Tu colaboración es imprescindible!

Con mi afecto y bendición

 

† Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix3

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