

BARCELONA, 10 de junio de 2026.- El Santo Padre León XIV ha participado esta tarde en un encuentro con las realidades de caridad y asistencia de la Archidiócesis de Barcelona en la iglesia de San Agustín, un acto dedicado a reconocer y compartir la labor de las entidades eclesiales que trabajan al servicio de las personas más vulnerables. Esta parroquia, situada en el barrio de El Raval en el casco antiguo de Barcelona, está atendida por los padres Agustinos. Junto a ella, vive una Comunidad de Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta, que ayudan, con la colaboración de muchos voluntarios, a los más excluidos de nuestra sociedad.
El Santo Padre ha accedido al interior del templo acompañado por las autoridades eclesiásticas y los representantes de las entidades sociales. León XIV ha agradecido la acogida y ha expresado con sencillez: “aquí me siento en casa”. De hecho, ha empezado su intervención improvisando sin seguir las palabras escritas en el papel. Ante la pregunta del niño Renzo, el Papa ha respondido de forma entrañable sobre si le gusta el fútbol: “ahora juego al tenis, pero también de joven he jugado fútbol americano y también de defensa”.
Al inicio del encuentro, el cardenal Juan José Omella ha expresado: “cuente con nosotros para seguir mostrando y defendiendo la dignidad de toda persona humana y el rostro de Jesucristo presente en cada uno de nuestros hermanos más vulnerables”. El acto ha contado con los testimonios de representantes de distintas iniciativas sociales de la Archidiócesis de Barcelona. Han intervenido en representación de las entidades sociales personas de Cáritas Diocesana, de Fundación Obinso cuya misión es atender a personas con adicciones y una religiosa Adoratriz, dedicada a las mujeres víctimas de trata.
La representante de Cáritas ha destacado la dureza de las situaciones que ven cada día, como “familias enteras viviendo en habitaciones de realquiler, la soledad de las personas mayores o la precariedad laboral.” Otro de ellos le ha manifestado con emoción al Papa: “trabajamos con gozo y espíritu evangélico aun sabiendo que no llegamos a todo y que, a veces, duele no poder hacer más. ¿Cómo sostener la esperanza cuando el dolor parece más grande que nuestras fuerzas?”.
Posteriormente Renzo, un niño de 6 años, preguntó al Papa todo lo que a cualquiera le hubiese gustado preguntar: ¿Le gusta el futbol? ¿De pequeño querías ser Papa? ¿Porque mi papá tiene tantos trabajos? ¿Por qué hay personas que les pasan cosas malas y a otros no? ¿Por qué hay tantas personas que viven en la calle? ¿nadie los ve? ¿Por qué hay tantos abuelos solos, si son tan importantes? Y una última pregunta más… ¿Hay que perdonar siempre?” Tras esta intervención, el Santo Padre ha dirigido unas palabras a los asistentes en las que ha respondido a las inquietudes planteadas, también a las del pequeño Renzo.
El Papa habla de su vocación
“Me preguntas si de pequeño quería ser Papa. Bueno, Renzo, creo que no. Yo creo que nunca lo pensé. Pero sí puedo decirte algo: desde pequeño sentí el deseo de entregar mi vida a Dios. No sabía todavía del todo cómo ni por dónde me llevaría el Señor. Con el tiempo fui descubriendo que Jesús me llamaba a seguirlo como sacerdote, y que ese camino pasaba por la orden de san Agustín.”, ha contado el Papa ante la pregunta de Renzo.
“Dios desea la felicidad de todos y quiere que, desde pequeños y durante toda la vida, conservemos un corazón como el de los niños: capaz de confiar, lleno de bondad; quiere que seamos sus amigos y no nos apartemos de Él. Por eso, más importante que preguntarse si uno será sacerdote, médico, maestro, padre de familia o cualquier otra cosa, es preguntarse si quiere ser amigo de Jesús”, ha resaltado el Papa.
Sobre la soledad de los mayores
León XIV ha dedicado unas palabras a los abuelos como figuras “muy importantes en la vida de la familia. (…) No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Eso es algo muy triste. Tengamos nuestro corazón abierto a todos ellos; y aunque no sean nuestros abuelos, no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos. Porque, si no queremos la soledad para nosotros, tampoco debemos permitirla para los demás”.
Ante la pregunta sobre el sufrimiento, el Santo Padre ha subrayado que “no es fácil encontrar la respuesta a por qué hay personas a las que les pasan cosas malas y, en cambio, a otras no. Pensar en la vida de Jesús nos puede ayudar. La Palabra de Dios nos dice que nuestro Señor «pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo» y, sin embargo, sabemos que fue crucificado. Pero ahí no terminó la historia, porque resucitó al tercer día, y venció al mal y a la muerte. A través de la vida de Jesucristo, Dios nos muestra que, aunque haya sufrimiento, Él nunca abandona a ninguno de sus hijos, porque nos tiene preparada una alegría eterna donde ya no habrá tristezas ni dolor. Tengamos confianza, Jesús está con nosotros, nos ayuda y acompaña, y nos da fuerzas para atravesar los momentos difíciles que podamos encontrar en la vida”.
Perdonar es no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón
Como el día anterior en la Vigilia, las preguntas relacionadas sobre cómo perdonar también han estado aquí presentes. León XIV ha dicho: “Con respecto a si debemos perdonar siempre, Jesús nos dice que sí. Un día Pedro le preguntó: «Señor, si alguien me hace daño, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Y Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». Con eso quiso decir: perdona siempre. Pero hay que entender bien qué significa perdonar. Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. No significa olvidar por la fuerza, como si nada hubiera pasado. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón”.
El Papa ha expresado su alegría por estar en la iglesia de San Agustín: “Estar aquí abre nuestro corazón a una verdad que el santo Obispo de Hipona nos indica: ser cristianos es, ante todo, un regalo, una gracia. Cimentados en Cristo, que es la piedra viva, experimentamos la acción del Espíritu Santo, con la convicción de que todo esfuerzo realizado sinceramente para cooperar con Él en favor de nuestro prójimo será bendecido por el Padre celestial, en quien ponemos nuestra esperanza”.
“El cristiano, además de ser bondadoso y amable, ha de ser compasivo, amar sin interés y buscar el bien de los demás, sabiendo que en cada hermano y hermana que sufre es el mismo Señor quien pide y recibe, quien es acogido o rechazado, amado o despreciado”, ha recalcado León XIV.
Fotografía: DR. G. Simon

