«La guerra al hambre desde el amor», Carta Pastoral del obispo de Guadix

Diócesis de Guadix
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La diócesis de Guadix es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, erigida en 1492 y, según la tradición, procedente de la diócesis de Acci, fundada por San Torcuato en el siglo I. Su sede es la catedral de Guadix.

Campaña conta el hambre 2026

La guerra al hambre desde el amor

En este mes de febrero, la Iglesia celebra la Campaña contra el Hambre, promovida por Manos Unidas, llevándonos al centro del Evangelio. Se recupera el lema fundacional para esta jornada: “Declara la guerra al hambre”. Allí donde millones de hermanos nuestros carecen de lo necesario, resuena la pregunta del Señor a Caín: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4,9).

Desde su fundación en 1959, Manos Unidas nació como un gesto profético: declarar la guerra al hambre. Aquel impulso inicial —surgido del compromiso creyente y de la sensibilidad social de aquellas mujeres laicas de Acción Católica, conscientes de la injusticia estructural que padecían millones de personas— se convirtió en una obra eclesial de gran hondura espiritual y notable eficacia. Desde entonces, este corazón que declara la guerra al hambre sigue latiendo intensamente.

Declarar la guerra al hambre es afirmar la inquebrantable dignidad de toda persona humana, creada a imagen de Dios y llamada a una vida plena. El hambre no es solo carencia material; es una herida abierta en la dignidad del hombre y una contradicción del designio amoroso del Creador.

Asimismo, es la convicción de que el hambre tiene causas estructurales y, por tanto, soluciones estructurales. No estamos ante un destino inevitable, sino ante una injusticia que puede ser transformada mediante la educación, la promoción social, la capacitación técnica y el fortalecimiento de las comunidades locales. Seamos los soldados del amor y de la justa dignidad del ser humano en esta gran batalla contra la injusticia. Manos Unidas no se limita a aliviar necesidades inmediatas, sino que promueve proyectos sostenibles en educación, salud, agricultura, promoción de la mujer, acceso al agua y otras necesidades fundamentales. Se trata de capacitar, acompañar y expresar la dignidad, teniendo el humanismo cristiano y la doctrina social de la Iglesia, es decir a Cristo, como modelo y garante del proceso.

Manos Unidas es la Iglesia en salida, Iglesia samaritana que organiza la caridad con profesionalidad, transparencia y rigor, convirtiendo la generosidad en transformación real.

Este año, nuestra diócesis apoya un proyecto que encarna esta guerra contra el hambre. Se desarrollará en una región rural empobrecida, donde queremos ayudar a mejorar la seguridad alimentaria en diez aldeas tribales Korku, en la región de Melghat, en el distrito de Amravati, en el estado de Maharashtra, al oeste de la India. Nada está “lejos” cuando se trata del sufrimiento de un hermano. La distancia física entre Guadix y la India es grande, pero no en el corazón de la Iglesia y del amor. Allí, muchas familias viven pendientes de cosechas frágiles, de tierras poco productivas, de recursos escasos. El hambre es la preocupación diaria. Es la incertidumbre de no saber si habrá suficiente para mañana.

Este proyecto no es solo una ayuda puntual; es una apuesta por el futuro. Es sembrar esperanza donde hoy hay precariedad. Es abrir horizontes donde parecía imponerse el desaliento.

La Campaña contra el Hambre nos propone cuatro caminos concretos de colaboración, que son un auténtico itinerario espiritual y pastoral para nuestra diócesis.

En primer lugar, la oración. Sin oración, nuestra acción corre el riesgo de convertirse en mero activismo filantrópico. Con oración, se convierte en participación en la caridad misma de Cristo. Os invito a orar en nuestras parroquias, Hermandades, comunidades religiosas, movimientos, colegios y familias. Incluyamos esta intención en la Eucaristía, en la Liturgia de las Horas, en el rezo del Rosario y en la oración personal. Que cada altar de nuestra diócesis se convierta en un clamor confiado por quienes padecen hambre.

En segundo lugar, el sacrificio. La tradición cristiana nos enseña que el ayuno y la sobriedad educan el corazón y nos liberan del consumismo. Renunciar a algo superfluo, revisar nuestros hábitos de gastos, optar por estilos de vida más austeros y responsables, tiene una dimensión profundamente caritativa. El sacrificio voluntario, ofrecido por amor, se transforma en pan compartido.

En tercer lugar, la colaboración económica. La generosidad concreta es imprescindible para que los proyectos se hagan realidad. Cada donativo, cada colecta parroquial, cada iniciativa solidaria en colegios y asociaciones, es una expresión tangible de comunión. La transparencia y el rigor que caracterizan a Manos Unidas garantizan que vuestra aportación llegue allí donde más se necesita y se convierta en vida digna.

En cuarto lugar, el compromiso permanente. Declarar la guerra al hambre no puede limitarse a una jornada o a un mes. Implica formarnos, sensibilizar, educar en la justicia social, promover un comercio más justo y apoyar iniciativas que pongan en el centro a la persona humana. Implica, en definitiva, vivir una caridad inteligente y eficaz durante todo el año.

Deseo expresar públicamente mi más cordial felicitación y gratitud a la presidenta diocesana de Manos Unidas, a su equipo de voluntarias y voluntarios, y a todos los bienhechores que, con discreción y constancia, sostienen esta obra. Vuestra dedicación es signo luminoso de una Iglesia que no se encierra en sí misma, sino que sale al encuentro de los más pobres con competencia, ternura y perseverancia.

Queridos diocesanos: que esta Campaña contra el Hambre 2026 no sea un gesto aislado, sino un renovado compromiso. Que febrero sea el punto de partida que abarque toda nuestra vida. Que cada vez que recemos el Padrenuestro y digamos “danos hoy nuestro pan de cada día”, recordemos a quienes no pueden pronunciar esa súplica sin angustia. Que, sostenidos por la gracia, podamos seguir declarando la guerra al hambre con las únicas armas de la fe que actúa por la caridad, la esperanza que no defrauda y el amor que todo lo transforma.

Con mi afecto sincero y mi bendición para todos.

+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

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