Crimen de lesa humanidad

Diócesis de Guadixhttps://www.diocesisdeguadix.es/
La diócesis de Guadix es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, erigida en 1492 y, según la tradición, procedente de la diócesis de Acci, fundada por San Torcuato en el siglo I. Su sede es la catedral de Guadix.

El pasado día 3 de junio el Papa Francisco dirigió, en Roma, un extenso discurso a los 150 jueces y procuradores de diversos países del mundo que participaban en unas jornadas promovidas por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. El tema central de dichas jornadas fue “Trato de personas y crimen organizado”. Refiriéndose a esta triste realidad del mundo actual, Francisco aludió a las actividades llevadas a cabo por dicha Academia “en defensa de la dignidad y libertad de los hombres y mujeres de hoy y, en particular, para erradicar la trata y el tráfico de personas y las nuevas formas de esclavitud, tales como el trabajo forzado, la prostitución, el tráfico de órganos, el comercio de la droga y la criminalidad organizada”.

Refiriéndose a estos fenómenos, el Papa hizo una afirmación muy grave en los términos siguientes: “Como dijo mi predecesor Benedicto XVI, y lo he afirmado yo en varias ocasiones, éstos son verdaderos crímenes de lesa humanidad, que deben ser reconocidos como tales por todos los líderes religiosos, políticos y sociales, y plasmados en las leyes nacionales e internacionales”. A continuación, Francisco reconoció que ya se están dando pasos en este sentido y alabó a la ONU, cuyos miembros han aprobado por unanimidad, entre sus nuevos objetivos del desarrollo sostenible e integral, uno que literalmente dice así: “Adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas modernas de esclavitud y la trata de seres humanos, y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados”.
Con referencia a una de estas lacras sociales, la prostitución, es lamentable reconocer que se trata de uno de los mayores negocios a nivel internacional, junto a la fabricación y venta de armas. La prostitución viene siempre de la pobreza. Resulta tremendo que existan personas que tengan que vender su cuerpo para poder sobrevivir. Y, más todavía, cuando sabemos que se trata ordinariamente de mujeres esclavizadas, muchas de ellas engañadas por mafias en sus países de origen, a las que prometen un trabajo digno (por ejemplo, en España) y cuando llegan aquí, son secuestradas y explotadas por delincuentes en un clima de terror.
Frente a ello es necesario lo que el Papa reclamaba: leyes que defiendan la dignidad de estas personas; instituciones que las rescaten y les ayuden a rehacer su vida;
organismos oficiales que les ofrezcan un trabajo estable y seguro. Porque la prostitución promovida (y peor aún si es legalizada) merece el terrible calificativo que Francisco aplica a las otras esclavitudes: es un crimen de lesa humanidad.

Leovigildo Gómez Amezcua
Canónigo emérito de la Catedral

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