El Seminario Mayor San Cecilio se llena de jóvenes para rezar por las vocaciones sacerdotales

Alrededor de 80 personas participaron el pasado martes, 9 de mayo, en la oración vocacional “Venid y veréis” que se celebra en el Seminario Mayor una vez al mes.

Es una iniciativa para que todos los fieles de la Diócesis que lo deseen recen por las vocaciones al sacerdocio y por los seminaristas, así como por las vocaciones en la Iglesia.

En el encuentro del pasado martes, 9 de mayo, participaron más de 80 personas, sacerdotes, seminaristas y persona de vida consagrada, pero sobre todo, jóvenes y estudiantes, animados por los propios seminaristas o algún amigo.

Un ejemplo de ello es el caso de Maribel Maya Pérez, joven estudiante de primer curso de Psicología, de Órgiva, quien descubrió la iniciativa “Venid y veréis” gracias al seminarista David Salcedo, que ayuda en la parroquia de Órgiva.

Desde noviembre, Maribel asiste cada mes a la oración vocacional en el Seminario Mayor de Granada, normalmente con su hermano y con algunas amigas más, su impresión del primer día fue muy buena: “El ambiente me resultó muy familiar y muy acogedor y por eso seguí yendo”. Maribel reza especialmente “por los que están en el Seminario, para que sigan adelante”.

Al igual que Rosa Almirón, estudiante de violín en el Conservatorio Superior de Música de Granada, también mediante la Pastoral Universitaria, muchos jóvenes se enteraron de esta oración por las vocaciones al sacerdocio.

“Necesitados de una Alegría verdadera”

Rosa es testigo de la alegría que tienen los seminaristas y asegura que “estamos necesitados de una Alegría verdadera, una Alegría que se ‘contagia´ sin que te des cuenta y que ellos, siendo jóvenes como nosotros, han decidido decirle Sí al Señor”.

Por ello, Rosa siempre pide al Señor por las vocaciones, “por que cada vez más jóvenes descubran que Él ha entregado su Vida por cada uno de nosotros por lo que no tienen que tener miedo a decir ‘Sí´, y que los jóvenes escuchen ese ‘Sígueme´ que Jesús dijo en el Evangelio a un joven. En la oración pedimos también por los ya seminaristas para que sigan Su camino”.

La joven jiennense asegura que “un sacerdote es esencial en nuestra vida como cristianos, nos acompañan en cada paso que damos, viven la verdadera Alegría y quieren que conozcamos a Cristo como ellos lo conocen. En ellos encontramos que son amados y que han sabido responder a ello y muchos, dejándolo todo por seguir Su camino”.

Otro joven que disfruta cada martes de oración vocacional de este encuentro con el Señor y con otras personas es Juan Antonio Leyva, estudiante de Teología en el Instituto Diocesano “Lumen Gentium”.

Juan Antonio coindice con Maribel y con Rosa en que el ambiente es inmejorable, se respira alegría y paz: “En estos encuentros rezamos en silencio delante del Santísimo, cantamos, y oramos juntos con toda la Iglesia la oración de Vísperas. Además, hay un sacerdote confesando para aquel que quiera experimentar la misericordia de Dios en el perdón. Después, terminada la oración, solemos tener un espacio para charlar, reír y conocer a la gente nueva que se incorpora a estos encuentros. Hay un ambiente realmente agradable, sobre todo, por el carácter familiar que se adquiere cuando nos dirigimos a un Padre que es el padre de todos. Acuden padres de los seminaristas, amigos, grupos parroquiales, religiosos ¡hay de todo!”.

El estudiante de Teología señala que rezan sobre todo por las vocaciones, especialmente las sacerdotales, pero también a la vida religiosa, y al matrimonio. “Pedimos por la santidad de los sacerdotes y de los futuros sacerdotes, y por todos aquellos confiados a su cuidado, acompañamiento y formación”, explica Juan Antonio.

Como Juan Antonio, muchos de estos jóvenes han integrado en sus vidas esta experiencia de rezar una vez al mes por las vocaciones al sacerdocio y por los seminaristas y sacerdotes. Sin embargo, Juan Antonio lo vive como algo más que una “dinámica”:” No es sólo un espacio compartido, una dinámica; es una experiencia significativa de la comunidad cristiana que ora junta y de Dios que nos ama. El primer fruto que se vive es la transformación del corazón y el don de la comunión, pero esto no se puede explicar con palabras, hay que vivirlo como bien dice el lema de estos encuentros: ‘Venid… y lo veréis´”.

Rosa Die Alcolea

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