El Arzobispo celebra la Eucaristía en la Catedral con los participantes de la Mariápolis 2014

Cerca de 300 personas participaron ayer en la Eucaristía que nuestro Arzobispo celebró en la Santa Iglesia Catedral de Granada, donde les recibió con afecto para el Encuentro de la Mariápolis en nuestra Diócesis, organizado por el Movimiento de los focolares.

Desde el pasado 29 de julio, cientos de jóvenes y familias de toda España y de otros países se encuentran en Granada, y en concreto, el pasado sábado, 2 de agosto, comenzó la Mariápolis en la Diócesis.

Del 2 al 5 de agosto se está celebrando este gran encuentro de focolares en nuestra Diócesis, abierto también a personas de otras creencias y movimientos, y en el que se cuentan unos 900 participantes, procedentes de otros lugares de España y otros países.

«Los participantes serán protagonistas en el diseño de este mosaico que pretende estimular y potenciar una sociedad basada en la solidaridad, el respeto, la tolerancia y la fraternidad a través de relaciones de reciprocidad y valoración mutua entre las personas y grupos sociales», anuncian los organizadores de la Mariáplis 2014.

HOMILÍA DEL ARZOBISPO

Nuestro Arzobispo dirigió unas palabras de afecto a los mariapolitas, participantes en el Congreso, en la homilía de la Eucaristía y dio gracias a Dios por este Encuentro y por su celebración en Granada.

Mons. Javier Martínez habló en la homilía del pasaje de la multiplicación de los panes en nuestra vida: «Una situación como la que describe la multiplicación de los panes no es para nada difícil trasladarla a nuestro mundo. Alguien ha dicho que nosotros, los que vivimos en unas sociedades desarrolladas del capitalismo tardío, pues vivimos en un desierto moral y no es mala imagen, estamos faltos de pan, faltos de agua. Faltos de agua y de pan, no del alimento, que perece, que de ese tenemos, gracias a Dios, de sobra y de mucha sobra. Sino de esperanza, de gusto por la vida, de humanidad, de razones para amar la vida, de razones para tratarnos bien unos a otros, para respetarnos, para escucharnos y mirarnos con afecto».

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