Cardenal de Bangui, en su visita a Granada: Nuestro plan pastoral es que cada persona sea un artesano de paz

Entrevista al cardenal arzobispo de Bangui, Mons. Dieudonné Nzapalainga, que ha sido galardonado con el Premio Mundo Negro a la Fraternidad, concedido por los misioneros combonianos, junto al imán Kobine Layama. En Granada ha estado dos días, en los que ha participado en una mesa redonda sobre Cristianismo e Islam, visitado la Capilla Real y Catedral, y concelebrado en la Basílica de las Angustias.

¿Cómo es la Iglesia de Bangui? ¿Cómo es la Iglesia particular que guía como pastor?

La Iglesia de Bangui ha tenido una crisis en el año 2009, una crisis interna. Cuando llegué a esta Diócesis uno de los trabajos primeros fue la reconciliación entre los pastores. Después, hemos hecho un largo trabajo para aceptarnos, para respetarnos y para trabajar juntos. Y la llegada del Papa Francisco (ndr. inauguración del Año de la Misericordia presidida por el Papa en Bangui, en su viaje apostólico a Centroáfrica, en noviembre de 2015) ha sido un momento de gracia para que nos volvamos claramente hacia este camino de la paz. Hay un nuevo resurgimiento de los movimientos, de las fraternidades, las iglesias están llenas. Tenemos los seminarios llenos. El pequeño y el gran seminario están llenos. Es una fuente de renacer de la Iglesia y lo único que podemos hacer es dar gracias a Dios por todo esto.

¿Cómo se conjuga una amistad de dos confesiones tan distintas? ¿Y cuál es su experiencia?

Nuestras religiones tienen puntos comunes. Los dos somos la religión del Libro. La misma historia de Adán, la misma historia de Abraham la encontramos en la Biblia y en el Corán. Y estamos convencidos que todos somos hermanos y estamos dispuestos a sentarnos y a colaborar juntos. Nuestra experiencia parte de una crisis; una crisis donde nos hemos sentado y hemos visto que podemos crecer juntos. Esta crisis nos ha ayudado a unirnos y a juntarnos para dar soluciones a alguno de los puntos claves de nuestro país. En aquel momento se mataban, robaban, violaban, asesinaban. Y nosotros hemos dicho en la Biblia y en el Corán: esto está prohibido; robar, matar, violar está prohibido. La primera cosa que hemos hecho es poner de lado toda cosa que nos divide y centrarnos en aquello que nos une.

¿Cómo se construye la paz, especialmente en su región que vive grandes conflictos. Qué pasos han dado en su región en este camino hacia la paz y si ese camino es exportable a otras regiones con conflictos?

Hemos pensado de no guardarnos para nosotros, los líderes, esta intuición, sino compartirla con todo el país, con nuestro país. En junio del año pasado hemos hecho una gran asamblea donde los pastores protestantes, los imanes y los sacerdotes de todo el país estaban presentes. Hemos sentado las bases para escribir la carta, el reglamento interior y los principios firmados y adaptados por todos. Era la manera para nosotros de difundir que nuestra idea se difunda por todas las provincias con musulmanes, protestantes y sacerdotes. Si los sacerdotes, los imanes, los pastores están de acuerdo en difundir esta idea, podemos dar pasos concretos para salir de esta crisis. Como veis, nosotros somos negros, pero hemos dado a luz a un hijo blanco en los Países Bajos. Nos dieron un premio en los Países Bajos y, a partir de ese momento, decidieron juntarse judíos, musulmanes, protestantes, católicos, para hacer lo mismo, y nos adoptaron a nosotros para hacer de padrinos de su proyecto.

¿Y cómo se favorece y se participa en el diálogo interreligioso, para que la otra persona con otra tradición religiosa no sea vista como “enemigo” o se apodere de nosotros el miedo por el que es diferente?

El primer paso es la confianza. Si no tenemos confianza, empezaremos a sospechar del otro y no se puede ir adelante. Con la confianza nace la esperanza, y de la esperanza puede surgir la fraternidad. Con la fraternidad el otro deja de ser mi enemigo. Se convierte en mi hermano para construir juntos una fraternidad nueva. Nosotros los cristianos lo tenemos claro: Jesucristo nos invita a salir de nosotros mismos e ir al encuentro del otro. Cada día en la Misa decimos “podéis ir en paz”, id hacia el otro. Lo que nos dice Jesús: Id al mundo entero y anunciad la Buena Noticia a todo el mundo.

Es de nuestra misión de cristianos romper barreras, romper muros para ir al encuentro del otro. El que me hace miedo no es mi enemigo, es mi hermano. En el Evangelio tenemos el pasaje del buen Samaritano, que nos lo recuerda muy claramente. Lo samaritanos en la Biblia eran los impuros, los que no tenían derecho, los que estaban fuera del contexto religioso. Sin embargo, este samaritano ha tenido compasión, ha bajado de su cabalgadura, ha cogido al enfermo, lo ha llevado al hospital, ha creado una nueva relación fraternal con el desconocido. Si decimos que tenemos fe, nuestra fe tiene que llevarnos a ver en el otro, cualquiera que sea, un hermano creado por Dios, amado por Dios. Ni la cultura, ni la religión, ni la etnia tiene que ser una barrera para vernos como imagen de Dios que hemos sido creados.

¿Cómo vivió su consagración como arzobispo y, después, la visita del Papa en la apertura del Año de la Misericordia?

Para mi la consagración fue un don que viene de Dios, que regalo de Dios. Y cuando Dios nos hace un regalo siempre es para la gente, un regalo para la gente. Es por eso que estoy viviendo mi vocación como un servidor inútil, un servidor al servicio de este pueblo, para que mi pueblo crezca. El Año de la Misericordia no lo hemos vivido de una manera ideológica, abstracta, sino de una manera muy concreta. Dios se ha inclinado sobre la miseria del hombre y el Papa Francisco ha sido su embajador para inclinarse, para bajarse, hacia la miseria del pueblo centroafricano que estábamos viviendo. Vino hacia nosotros como mensajero de la esperanza, como mensajero de la paz, y la misericordia de Dios en él ha sido una realidad para nosotros. Vino para nosotros, pero no vino para los católicos; fue a visitar a los protestantes: es una manera de decirnos “Dios es para todos”.

¿Qué líneas sigue en su ministerio en la Iglesia particular de Bangui?

Un punto principal de nuestra pastoral es trabajar todo el tema de la misericordia, porque estamos saliendo de un conflicto sangriento muy fuerte. Invitamos a los cristianos a mirar lo que hemos vivido, lo que está ocurriendo, con una mirada humana y de fe. Una manera distinta de ver las cosas, también asumiendo nuestra responsabilidad en lo que ha ocurrido. Sobre lo que ha ocurrido en Centroáfrica no podemos decir “los cristianos tienen razón, son los musulmanes los que tienen la culpa de todo esto”. Cada uno de nosotros tenemos que hacer el análisis de lo que ha ocurrido. Cada uno de nosotros somos responsables de esto que ha ocurrido y tenemos que tomar nuestra responsabilidad de lo que ha pasado.

Pensamos que el nombre de Dios es la justicia y tenemos que dar esta justicia a los pobres, los que han sufrido, los que han sido humillados. Justicia es el nuevo nombre de Dios. Al mismo tiempo, somos conscientes de que la misericordia de Dios supera todos nuestros límites. Y la misericordia de Dios está por encima de todas nuestras debilidades. Nosotros los cristianos sabemos que en la cruz Jesucristo ha sido pasado por la lanza y de su costado salió agua y sangre. Fue en ese momento de crisis, en ese momento de sufrimiento que Él tuvo la fuerza de decir “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Y todos los creyentes cada vez que rezamos el Padrenuestro decimos a Dios “perdónanos nuestras ofensas, porque también nosotros perdonamos a los que nos han ofendido”. Para nosotros, centroafricanos, ha llegado el momento de abrir los ojos, de ver aquellos que nos han hecho daño, aquellos que nos han hecho mal y poder ofrecerles el perdón. El odio y la venganza nos hacen prisioneros. Cuando somos capaces de perdonar, entonces nos convertimos en hijos de Dios. No es difundiendo el odio que podemos ir hacia delante.

Una nueva fraternidad, una nueva humanidad nacerá a partir del perdón. En conclusión, nuestro plan pastoral se resume en que cada plan pastoral, cada persona, llegue a ser un artesano de paz.

¿Cómo es el testimonio cristiano en lugares tan difíciles, como en Bangui, donde a veces la vida puede estar en juego?

El primero que se ha arriesgado ha sido Jesucristo viniendo a esta tierra. Podría haberse quedado en su cielo, tranquilo, sin complicarse la vida. La Encarnación es el compromiso de Dios, con el pueblo de Dios, con cada persona. Nosotros decimos en nuestra fe: Dios ha venido entre nosotros para darnos fuerza, para acompañarnos, para sostenernos en nuestras dificultades. Nosotros sabemos que los apóstoles no querían ir a Jerusalén y Jesucristo estaba decidido de ir a Jerusalén, incluso llegó a decirle a Pedro “pasa detrás de mí, satanás, porque me impides el camino de Dios”. Muchas veces en mis viajes mi familia, algunos sacerdotes y amigos me decían no vayas allá, es muy complicado. Pero yo les decía: “Voy a Jerusalén, esa es mi vocación”. Nuestra vocación es de dar nuestra vida como Cristo ha dado su vida por la redención del mundo. Estamos inscritos en una dimensión de dar nuestra vida por los otros y no del egoísmo, del repliegue sobre sí mismo. Si Dios ha dado todo por nosotros, nosotros somos sus pequeños discípulos, podemos dar nuestra pequeña vida por los otros.

Paqui Pallarés

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