«La fe es todo un horizonte y una forma de afrontar la vida»

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El sacerdote diocesano Manuel Sánchez está acompañando a las víctimas del accidente ferroviario en el Centro Cívico de Poniente Sur

El párroco de Virgen del Camino, Manuel Sánchez, forma parte del equipo de sacerdotes que se ha habilitado en la Diócesis para atender a las víctimas del accidente ferroviario. El equipo ha atendido a las personas que lo han necesitado en el Centro Cívico de Poniente Sur, punto de apoyo para las víctimas. La parroquia Virgen del Camino está muy cerca del Centro Cívico y su párroco no dudó en acudir desde el primer momento. Las escenas que se han vivido estos días en el punto de apoyo para las víctimas han sido durísimas.

Usted tiene mucha experiencia en ayuda psicológica y consuelo espiritual, ¿es necesaria?

Claro, en una situación similar es importante que las personas que están sufriendo y, sobre todo este sufrimiento tan atroz, puedan tener la oportunidad de expresarse y siempre surge la pregunta del por qué, del sentido de la vida, y es necesario estar cerca del que se está planteando todo esto porque está sufriendo.

En estos días ha conocido de cerca historias muy dolorosas, ¿cómo se encuentran los familiares?

Bien, ahí están sufriendo y haciéndose preguntas, pero ahora mismo es momento de digerir un dolor que tiene que asentarse dentro. La confusión es muy grande, el sufrimiento es muy grande y están empezando a tomar conciencia de lo sucedido y sobre todo pensando en mañana, pero sin abandonar el dolor de hoy.

Hay una historia que nos han llegado al alma estos días, la de la pequeña Cristina de seis años de la familia Zamorano, que es la única superviviente de una familia de cinco personas. La Guardia Civil la encontró deambulando desorientada, descalza y con una herida sobre las vías del tren después de salir por el hueco roto de una ventana, ¿cómo se consuela a una niña de seis años de la que ahora se tiene que hacer cargo la abuela porque no queda nadie más vivo en la familia?

Es una familia maravillosa, tuve la oportunidad de compartir varios momentos con ellos y es una familia muy unida. Se están haciendo la pregunta de qué va a ocurrir ahora, pero tienen todos la conciencia compartida de estar volcados en la niña para que no le falte nunca ni el cariño ni el apoyo. Están sufriendo y se están haciendo preguntas hoy que probablemente tengan que responder mañana. Fue un testimonio precioso dentro de un dolor desgarrador.

Se ha escrito mucho sobre las fases del duelo, hay una fase de negación, otra de adaptación y otra de rabia, ¿cuánto tiempo dura y en qué momento del duelo estamos ahora mismo?

Depende de cada caso, entre todas las familias que tuve la oportunidad de compartir, algunas todavía están negando que esto haya ocurrido o que sea irreversible el estado de su ser querido; otras que lo tienen completamente asumido, están en ese momento de asumir el dolor y aceptarlo porque la situación es tan evidente que de la indignación de la rabia y el dolor profundo se han asumido. Han asumido el fallecimiento de sus seres queridos de esta forma tan trágica y tan imprevista y eso tranquiliza, de alguna manera. Lo que más me dolió, tal vez sea ese estado de incertidumbre en el que muchos de ellos se encontraban todavía ante alguna respuesta.

Más allá del trabajo profesional de los psicólogos, que es absolutamente fundamental, las personas que tienen fe y que acuden a usted como párroco en busca de otro tipo de atención, vamos a llamarla espiritual, ¿qué le reclaman, encuentran en la fe un complemento que les ayude a salir del pozo en el que están ahora mismo?

La fe es todo un horizonte y una forma de afrontar la vida. Hay mucha diferencia entre la persona que tiene fe y la que, por desgracia, no tiene conciencia de ella, ni experiencia. El dolor es el mismo, el dolor desgarrador se comparte, pero la experiencia de fe hace que ellos sepan dónde está su ser querido y con quién está su ser querido. Siempre a la persona de fe lo que tal vez más le duela o le inquiete sea cómo consolar al resto de personas que están sufriendo por la desaparición del ser querido. Surge una pregunta muy bonita: ¿todo esto para qué? Yo compartía con algunas familias que tal vez todo esto sea para que reconozcan que su sufrimiento les hace ver que pueden amar. Amar es sufrir y cuando se sufre por un ser querido es señal de que se tiene la capacidad de amar. Sentiros orgullosos de eso, les decía, y tal vez todo esto les haga reconocer que de un suceso tan trágico como este, a medio largo plazo, se puede sacar una consecuencia preciosa y es que son capaces de sufrir porque aman.

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