Diez años de presencia vivificada

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La diócesis de Córdoba comprende la provincia de Córdoba, en la comunidad autónoma de Andalucía y es sufragánea de la archidiócesis de Sevilla.

Diez años de presencia vivificada

La historia reciente de nuestra Diócesis está ligada a una fecha, la del 7 de octubre de 2012, cuando San Juan de Ávila es proclamado en Roma doctor de la Iglesia Universal por el Papa  Benedicto XVI. Aún resuenan sus palabras anunciando al nuevo doctor un 27 de mayo de hace diez años, domingo de pentecostés. Desde ese momento, la Basílica de San Juan de Ávila de Montilla ha sido el centro devocional y formativo que ha extendido su figura inabarcable, siguiendo la estela de su proclamación como patrono del clero secular español. En este tiempo, Cardenales y Obispos han tenido en Montilla un motivo de peregrinación y el clero diocesano una creciente formación para dar a conocer la enseñanza y espiritualidad del santo patrón, apóstol de Andalucía. La Conferencia Episcopal Española peregrinó hasta Montilla el año de la proclamación el 23 de noviembre de 2012 y, desde entonces, en su basílica se han  multiplicado las visitas de fieles llamados por el Doctor de la Iglesia, al tiempo que la casa donde vivió y murió se ha convertido en lugar para el encuentro, donde se reconoce palpable la huella del Doctor de la Iglesia y sus seguidores y discípulos.

El mismo día de la proclamación, diez años después, Montilla ha revivido la fiesta que representó aquella proclamación. El Cardenal emérito de Madrid, Antonio María Rouco Varela, presidió la eucaristía de acción de gracias en la basílica pontificia donde se veneran sus reliquias. Allí se volvió a congregar el clero diocesano que tiene en el apóstol de Andalucía un modelo de santidad y un motivo de formación permanente a través de congresos internacionales y tesis doctorales sobre su vida y su legado espiritual y doctrinal que palpita  en cada una de sus obras traducida a varios idiomas.

Hasta Montilla se han encaminados muchos fieles también para ganar el jubileo en estos diez años. El doce de octubre de 2012 se iniciaba un año jubilar en Montilla con motivo del doctorado. En el año en 2019 y hasta mayo de 2020, tuvo lugar otro gran acontecimiento eclesial con la apertura de la puerta santa para celebrar 450 aniversario de la muerte del Santo Patrono, el 125 aniversario de su Beatificación y el 50 aniversario de su canonización. Un  segundo año de gracia para la diócesis cordobesa que han jalonado los recuerdos de muchos fieles cordobeses. Hoy, igual que ayer, esos recuerdos animan a continuar tras las huellas de San Juan de Ávila. Obispos, laicos y sacerdotes reviven aquel 7 de octubre de 2012 con agradecimiento a la Iglesia Universal, que mira hacia Montilla.

Monseñor Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba

“Fueron acontecimientos únicos en la historia de nuestra Diócesis”

Dos años después de iniciar su episcopado en nuestra diócesis, el Obispo de Córdoba, conoció la alegría de la proclamación de San Juan de Ávila, como doctor de la Iglesia Universal. Hoy recuerda el momento en que el Papa Benedicto XVI manifestó la intención de proclamar a San Juan de Ávila Doctor de la Iglesia Universal durante la JMJ de Madrid, un 20 de agosto en la Catedral de la Almudena ante seis mil seminaristas venidos del mundo entero. Para aquella ocasión viajó hasta Madrid la urna que guarda las reliquias del santo patrón en Montilla.

En la memoria del Obispo está el anuncio de la fecha en que iba a celebrarse esta declaración, el 27 de mayo del año siguiente, en la Fiesta de Pentecostés, “de esta manera recibimos con mucha alegría esta buena noticia como habíamos recibido en la Almudena ese deseo que él manifestó y que fue como una explosión de alegría”, rememora.

La celebración del 7 de octubre del año 2012 fue espléndida, “Roma se presta para eso y ya las vísperas en Santa María la Mayor fue una concentración de obispos españoles, seminaristas, sacerdotes españoles y tuve unas palabras para recordar que San Juan de Ávila es clericus cordubensis”, explica el obispo de Córdoba.

Al día siguiente en la plaza de San Pedro el Papa proclamaba Doctor de la Iglesia a San Juan de Ávila junto con Santa Hildegarda de Bingen, “fue un día de una inmensa alegría” en un día espléndido en Roma donde destacó la presencia “del Seminario de Córdoba entero, seminaristas y formadores, del Seminario “San Pelagio” de Córdoba y del Redemptoris Mater.

Luego vinieron celebraciones que el obispo de Córdoba no olvida. Al  día siguiente la acción de gracias en San Pedro que presidió el Cardenal Rouco y la visita de todos los obispos españoles el 23 de noviembre a Montilla en peregrinación a su sepulcro. Además comenzó el Año Jubilar, en el que se volcó todo Montilla. “Fueron acontecimientos únicos en la historia de nuestra Diócesis y de Montilla”, asegura el Obispo al tiempo que señala que “San Juan de Ávila se merecía esto y mucho más después de varios siglos que hemos tardado en reconocer su gloria y maestría como Doctor de la Iglesia Universal”.

Al celebrar ahora el décimo aniversario del doctorado “queremos traer a la mente y al corazón dar gracias a Dios por todo lo que, durante estos diez años,  se ha hecho, que ha sido muchísimo para dar a conocer a San Juan de Ávila en el mundo entero”. Don Demetrio asegura que “seguiremos trabajando, la diócesis de Córdoba es la Diócesis de San Juan de Ávila y tiene esta preciosa obligación de anunciar al mundo entero que San Juan de Ávila es verdadero Maestro de Santos por su influjo universal y por su doctrina eminente”, termina.

Monseñor Francisco Orozco, Obispo de Guadix.

“San Juan de Ávila es de todos y para todos”

El obispo de Guadix era Vicario General de la Diócesis de Córdoba y párroco de San Miguel Arcángel de Córdoba cuando conoció el anuncio, un 27 de mayo de 2012, por parte del papa emérito Benedicto XVI, de la proclamación de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia universal. Una década después recuerda que “lo viví con mucha alegría y acción de gracias al Señor. Se hacía realidad oficialmente lo que estaba latente para todos los que habíamos tenido la suerte de conocer más de cerca la vida y el magisterio de San Juan de Ávila y habíamos podido rezarle muchas veces en su santuario montillano: que San Juan de Ávila es de todos y para todos”.

Aquel anuncio implicaba un incentivo para la actualidad de la espiritualidad avilista, recuerda monseñor Francisco Jesús Orozco, “para que el mundo entero no sólo tuviese constancia de que era santo, sino poder conocer por qué lo era y cómo era su alma, que había vaciado en sus escritos”. Aquel recordado Ángelus del 27 de mayo de 2012, el papa  anunciaba que el próximo 7 de octubre de ese mismo año, San Juan de Ávila , junto a la alemana Santa Hildegarda de Bingen, sería referencia universal para todos los católicos por su magisterio, y el Obispo de Guadix pensó “en la suerte que tenemos los cordobeses de tener tan gran testigo de la fe y maestro de santos”. En aquel momento, dio gracias a la Iglesia en la persona del papa, porque ahora San Juan de Ávila se unía en este reconocimiento a otros grandes doctores de la Iglesia española, como San Isidoro de Sevilla, Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz.  A la alegría se unía a la responsabilidad, explica monseñor Francisco Jesús Orozco, de lo que tantas veces había oído y visto en el obispo de Córdoba, de seguir difundiendo entre todos la herencia espiritual avilista. Más que nunca, en ese momento entendió la urgencia de dar a conocer “la grandeza del alma de san Juan de Ávila” y “Que todos sepan que Dios es Amor”, como dejó escrito san Juan de Ávila.

El día en que el Papa lo hacía público era domingo y “recuerdo que recibí un mensaje  comunicándome la noticia. Iba a  celebrar en ese momento la Eucaristía en la parroquia de San Miguel. Pude dar  gracias al Señor por tan gran regalo que recibía la Iglesia universal y en la que Córdoba tenía titulares grandes por la santidad de uno de los nuestros. Recuerdo ese día una larga conversación telefónica con nuestro obispo para festejar  la noticia y para preparar diocesanamente tan gran evento.  Y ahora seguimos, después de diez años, dando gracias al Señor y celebrándolo”, manifiesta monseñor Orozco.

“Indudablemente, el recuerdo de aquel momento es muy gratificante porque la Iglesia de Córdoba se vestía sus mejores galas para ser referencia para la Iglesia universal por uno de sus mejores hijos, que sin ser de nacimiento cordobés lo era por elección propia. Desde Montilla fue, en su tiempo, maestro de santos y pedagogo de las almas para unirse a Jesucristo en la Iglesia.  Ahora se reconocía que San Juan de Ávila y su magisterio no son pasado, sino presente y futuro para la Iglesia que camina en cada rincón de la tierra”, comenta el obispo de Guadix.

Monseñor Santiago Gómez Sierra, Obispo de Huelva

“Sentí que el Señor nos llamaba a la evangelización de nuestra tierra, Andalucía”

“En la proclamación de San Juan de Ávila como doctor de la Iglesia, en aquel Octubre de 2012, recuerdo que estaba concelebrando en aquella misa que presidió el papa Benedicto XVI en la Plaza de San Pedro. También se iniciaba el “Sínodo de los Obispos para la Nueva Evangelización” y lo recuerdo como una llamada grande por parte de San Juan de Ávila que tanto insistió en la conversión y en la santidad de los sacerdotes para la evangelización, aquella evangelización que él quería hacer en las Indias y que hizo en Andalucía. Sentí que el Señor nos llamaba a hacerla aquí, en nuestra tierra”

Diego Cañizares

“El doctorado de San Juan de Ávila fue un revulsivo evangelizador”

Diego Cañizares es un padre de familia cordobés, que decidió acerarse a la figura de San Juan de Ávila a través de su tesina “Eucaristía y Resurrección en el Tratado del Santísimo Sacramento y en los sermones de San Juan de Ávila”, meses después de terminar sus estudios, recuerda lo vivido en 2012. Fue precisamente en las aulas del Instituto del Instituto de Ciencias Religiosas “Beata Victoria Diez” donde recibió la noticia del doctorado de San Juan de Ávila a través de una agencia católica de noticias. Conserva un recuerdo grato de aquel día “a pesar de que aún no era consciente de lo que suponía para iglesia Córdoba, Andalucía y España”.

Para él, es una vivencia que lo remite a la “una gran alegría” y a la certeza de que sería un revulsivo evangelizador que “nos ayudaría a tomar conciencia que la vida de la iglesia nos interpela, se hace presente más que nunca en la sociedad que esta sedienta de Dios”. Entonces, igual que ahora, entendió que el  sacerdocio es “un regalo de amor que Cristo en su infinita misericordia nos dejó cuando se quedó con nosotros hasta el final de los tiempos”. Diego Cañizares, que es responsable de Relaciones Institucionales con las Cofradías en Ayuda a la Iglesia Necesitada, sostiene que “ese regalo debemos cuidarlo y amarlo con todas nuestras fuerzas, porqué Cristo se hace presente en todos y cada uno de los sacerdotes”.

María Jesús Fernández Cordero

“San Juan de Ávila precisa mayor proyección más allá del ámbito sacerdotal”

La proclamación como Doctor de la Iglesia ha sido, sin duda alguna, un acontecimiento fundamental. Yo destacaría dos ámbitos en los que se ha extendido el acercamiento a su figura. Por una parte, en los seminarios, la propuesta de San Juan de Ávila como referente de espiritualidad sacerdotal y del ejercicio del ministerio es ahora más decidida: con mayor frecuencia y con mayor profundidad se invita a los seminaristas a conocer su vida y leer sus escritos; aparece recogido en el propio Plan de formación sacerdotal de la CEE, Formar pastores misioneros (nº. 208), y esto se va traduciendo en oportunidades concretas para ellos: encuentros, jornadas, visitas a los lugares avilistas, contacto de lecturas, etc. En segundo lugar, la realización de congresos, jornadas, conferencias, va ayudando a abordar las distintas perspectivas de estudio.

Quisiera subrayar también dos limitaciones aún presentes, como líneas en las que creo que hay que crecer: es necesaria una mayor proyección más allá del ámbito sacerdotal, pues no es Doctor sólo para los sacerdotes; y es necesaria también una continuidad en la investigación, que va siendo favorecida por la realización de congresos, pero que a veces es demasiado circunstancial; se necesitan la investigación y el estudio pausados, más allá de los eventos, para que se vayan formando verdaderos especialistas y, cosa no menos importante, para su presencia en el mundo de la cultura.

Joaquín Pérez, párroco de Ntra. Sra. de la Consolación de Córdoba

“Para mi sacerdocio, san Juan de Ávila ha sido un antes y un después”

La noticia de la próxima declaración de San Juan de Ávila como doctor de la Iglesia la vivió Joaquín Pérez “con una inmensa alegría”. Aquel año de 2012 afrontaría el estudio de la figura de San Juan de Ávila a través de su tesina al finalizar sus estudios de teología. Su conocimiento profundo se vio rociado del inmenso gozo de la declaración como doctor de la Iglesia Universal.

En aquellos días, la directora de la tesina y el sacerdote dirigían el contenido de aquella investigación y, como resultado, vio la luz “la Santidad del sacerdote por ser ministro de la eucaristía en los escritos de San Juan de Ávila”. Esa profundidad en el estudio hizo que Joaquín Pérez viviera de manera especial el anuncio de su doctorado, “yo estaba conociendo y estudiando todos sus escritos cuando lo anunció el Papa Benedicto XVI”. Por la unión que había alcanzado con San Juan de Ávila a través de sus escritos, “tenía un deseo muy grande de participar en la ceremonia en la que se declaró doctor de la Iglesia”. El día 7 de octubre de 2012 estaba en la Plaza de San Pedro participando de la ceremonia de la declaración del doctorado. Diez años después reconoce que “San Juan de Ávila ha supuesto un antes y un después en su sacerdocio, porque el  fuego de amor que trasluce en sus escritos te llega al corazón y te hace entusiasmarte con el amor a Cristo, con la entrega al ministerio sacerdotal y la ilusión por la santidad”.

David Aguilera Malagón, párroco de San Juan Pablo II

“Por la declaración del doctorado decidí que la tesina de licenciatura sería sobre San Juan de Ávila”

En el año 2000 tuve la oportunidad de asistir al Congreso Internacional de Madrid en el que se abordó la figura de San Juan de Ávila y su obra. Era un sacerdote muy joven, llevaba poco tiempo ordenado y ejercía mi ministerio en Fuente Obejuna y sus aldeas. Motivados por don Gaspar Bustos y por el obispo de Córdoba, don Francisco Javier Martínez Fernández, presidente de la “Junta Episcopal Pro Doctorado”,  acudimos al Congreso unos cuantos sacerdotes del quinquenio para seguir formándonos en la espiritualidad diocesana del maestro Ávila.

En ese Congreso conocí mucho mejor la vida del padre Ávila. Reconozco que me habían hablado a menudo de él en el seminario, pero no es lo mismo vivir las cosas como seminarista que como sacerdote. El saber que el padre Ávila y sus discípulos habían estado evangelizando Fuente Obejuna y sus aldeas me producía una gran devoción, pues esos pueblecitos eran mi primer destino.

En aquel Congreso comprendí que San Juan de Ávila no era un santo llamado a ser discreto (como quizá otros) sino que su magisterio era grandioso y respondía a todas las épocas, o sea, no se quedaba encasillado en el siglo XVI.

De lo que yo me di cuenta en ese momento, ya lo sabían otros muchos antes que yo. De hecho, existía una  “Junta Episcopal Pro Doctorado de San Juan de Ávila” que llevaba funcionando varios años que fue, precisamente, la que propuso a la Conferencia Episcopal Española la celebración del Congreso Internacional que se centró en San Juan de Ávila como teólogo y pastor.

¿Dónde estaba yo en el momento en el que San Juan de Ávila fue declarado Doctor de la Iglesia? El obispo don Juan José Asenjo Pelegrina me había trasladado de Pedro Abad a Palma del Río. En 2010 llegó a nuestra Diócesis don Demetrio Fernández González a quien conocí en la Coronación Canónico Pontifica de la Virgen de Belén de Palma del Rio. Al poco tiempo me envió a estudiar teología dogmática a la Universidad de San Dámaso de Madrid. Compaginaba, como podía, mis tareas de párroco y arcipreste del Bajo Guadalquivir con las clases que eran presenciales.

En 2012 estaba haciendo la licenciatura cuando me cogió todo el meollo del Doctorado de San Juan de Ávila. Compartió cartel con Santa Hildegarda de Bingen. Fue un momento clave porque ahí decidí que la tesina de licenciatura la quería hacer sobre San Juan de Ávila (estudiar a Santa Hildegarda en alemán y el misterio de sus piedras curativas iba a ser que no). Un año después defendería la tesina sobre San Juan de Ávila dejándome ya enganchado para siempre.

En 2020 hice los cursos de doctorado en Sevilla y comencé a investigar más profundamente a este Doctor de la Iglesia, pero ya sin prisa, sin agobios, por puro placer, sin pretensiones.

Encarnación González, postuladora de la causa de San Juan de Ávila

“Al terminar la proclamación el Papa Benedicto XVI me dio las gracias”

Encarnación González Rodríguez fue la postuladora de la Causa del Doctorado de San Juan de Ávila por encargo de la Conferencia Episcopal Española. Es especialista en la vida y obra de San Juan de Ávila y ha participado en diversos congresos especializados, entre otros el III Congreso Internacional Avilista  celebrado en Córdoba y Montilla en 2021.

Hoy recuerda aquellos días de la proclamación del doctorado y “me produce una gran satisfacción”. Para ella “San Juan de Ávila se lo merecía, se merecía ser Doctor porque cumplía todos los requisitos y de hecho no hubo absolutamente ninguna objeción”.

“Lo disfruté porque se lo merecía y por la Iglesia”, asegura esta especialista que reconoce en el Patrón del clero “un Doctor a pie de calle”, como describe en algunos de sus artículos. Para Encarnación, su gran talla como Doctor es que vivió entre la gente sencilla, predicando en plazas, calles, iglesias, pero su gran sabiduría la hizo asequible a la gente y eso es lo que atraía tanto.

El tercer motivo de alegría es un recuerdo personal, desvela Encarnación González. Al terminar el acto de la proclamación del doctorado le dijeron que se acercara a la capilla de la Piedad porque el Papa Benedicto quería saludar a los postuladores de Santa Hildegarda de Bingen, que fue proclamada Doctora a la vez, y a ella. Hoy recuerda que “me impresionó mucho que el Papa mirándome fijamente me agarró de las manos y no me soltaba dándome las gracias todo el rato y le transmití al Santo Padre que no me tenía que dar las gracias, que la agraciada era yo por haber aprendido mucho con el doctorado de San Juan de Ávila y él sonriendo, casi en broma, me repetía gracias en italiano y para mí fue un momento de encuentro con el Papa muy impresionante. Inmerecidamente oír esas palabras me impresionó mucho”.

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