OBISPO DE CARTAGENA
ORDENACIÓN SACERDOTAL
Jesús López Huéscar
Parroquia Santa María Magdalena
Ceutí
5 de julio de 2026
Vicario general, vicarios episcopales, arciprestes; rector del Seminario Mayor San Fulgencio y formadores; rector del Seminario Redemptoris Mater y formadores; director del Centro de Estudios Teológicos San Fulgencio; queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas mayores y menores de San José; párroco y fieles de Santa María Magdalena; un saludo a toda la familia del ordenando; amigos, invitados… aquí presentes;
Hermanos.
Querido Jesús:
Es para mí un motivo de profunda alegría venir de nuevo a Ceutí y disfrutar de esta preciosa parroquia y del trabajo tan excepcional que habéis ido haciendo para dejar este templo tan precioso. Es evidente que ha sido una ilusión de todos, ilusión que se iba viendo en el rostro de vuestro párroco, don Diego, que hábilmente la ha puesto «patas arriba», por fases y con la prudencia del huertano, con eso de «olívica comía, huesecico al suelo», con la filosofía del poquico a poco, pero este milagro es para felicitaros sinceramente. Enhorabuena.
En este momento tan especial para ti, Jesús, y para tu pueblo como testigo de tu ordenación sacerdotal, hago memoria de las palabras del Santo Padre, el papa León, que nos dirigió durante la vigilia en Madrid, unas palabras que yo califico como un tesoro: «La voluntad de seguir a Jesús os renovará constantemente», dijo. ¿Has escuchado bien, hermano? Pues que no te preocupes más: si en tu intención está no apartarte nunca del Señor, de ponerlo en el centro de tu vida, porque Él se va a encargar de renovarte cada día, de darte todas las razones para que no te canses de servir, de cuidar a los que la Iglesia te encomiende y de hacerlo con firmeza, fidelidad y misericordia, porque Él caminará a tu paso e iluminará tu camino. El Santo Padre dijo a continuación algo que me gustó mucho, por su importancia y que es especialmente aplicable a tu persona, ya que comienzas a ponerte a servir como pastor. Sus palabras fueron: «Si rezáis con amor, los jóvenes apreciarán la importancia de la oración. Si ardéis en la fe, transmitiréis su fuego vivo. ¡Buscad todos en vuestros corazones este fuego del amor de Dios! Pues ahí está la presencia del Señor, y la presencia cercana de Jesucristo se percibe incluso en los momentos de nuestras caídas, porque Él no nos abandona». ¿No te parece un buen plan de vida sacerdotal: rezar con amor y arder en la fe y en la caridad?
Pon tu corazón en la sabiduría de la Madre Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, que busca siempre los medios más adecuados para la formación de los ministros ordenados, según las necesidades de los lugares. En este compromiso, ¿cuál será su tarea? Tendrá que ser la de no rebajar nunca las exigencias, la de no conformarte contemplando atardeceres, ni ser un mero receptor pasivo, sino un apasionado por la vida sacerdotal, viviendo el presente y mirando al futuro con corazón profético, fraterno y filial.
Querido diácono, Jesús, profundiza en el diálogo personal con el Señor, en el que se te pide asimilar cada vez más los sentimientos de Cristo, los sentimientos de su Corazón; del Corazón de Jesús que palpita de amor por todos y por toda la humanidad. Y ya sabes cómo es el Corazón de Cristo: el Corazón de Cristo está animado por una inmensa compasión, es el corazón del buen samaritano de la humanidad, que nos dice: «Ve y haz tú lo mismo» (Lc 10, 37). Esta compasión impulsó a Cristo a partir del pan de la Palabra y al compartir, a multiplicarlo para las multitudes (cf. Mc 6, 30-44). Este gesto nos enseña a entender el signo del Cenáculo y de la Cruz, cuando Cristo se entregó para sí mismo para ser comido, hoy te está diciendo a ti también: «Dadle vosotros de comer» (Mc 6, 37), es decir, que imites a Cristo, que hagas de su vida un don de amor, una entrega total, sin cálculos, sin condiciones…
Jesús López Huéscar, «si cuidas tu corazón, en el silencio, en la meditación y oración, podrás aprender el arte del discernimiento». También esto «es un trabajo importante: aprender a discernir», dice el papa León. Pero, mucha atención, que también es posible que las influencias de este mundo intenten centrarte en tus deseos, en tus sueños y ambiciones, y puedes estar seguro de que hasta intenten llegar a confundirte sobre el sentido de tu vida. ¡Nunca caigas en esa tentación! Presta atención a lo que nos propone la Iglesia, que es bien sencillo: que sigas el modelo de la Virgen María, potencia tu interioridad para ser capaz de custodiar y meditar en la dirección que quiere Dios para ti y para su Iglesia. Elige, como la Virgen, hacer siempre la voluntad de Dios.
Tu misión está clara: llevar las almas a Dios desde la humildad y el amor, desde la misericordia, compasión y caridad. El sacerdote es un hombre cuya vida está llamada a ser un cauce por el que Dios alcanza a los demás. La eficacia del ministerio no dependerá del prestigio o de tu talento, sino de la acción de la gracia a través de tu vida sencilla y humilde; la altivez, la prepotencia, el orgullo, la soberbia… están desaconsejadas. Tú te puedes sentir inútil, pero la gracia nunca lo es. Ya conoces la parroquia y has podido comprobar que es una especie de universo pequeño, posiblemente complejo; que la gente es como es, pero es necesario que sigas aprendiendo a amar a todas y cada una de las personas que se te confían, una por una. Esta es la dimensión esencial del ministerio: no se te pide amar a una masa anónima, sino a personas concretas, con su historia, con sus heridas y sus esperanzas. Como buen pastor debes conocer, acompañar y cargar sobre ti el peso de tu pueblo, a imagen de Cristo. Esto no es fácil; te advierto que es duro, porque ser sacerdote te exige mucho. Lo primero que se te pide es olvidarte de tus intereses, de lo que te gustaría y, en muchas ocasiones, algo más que el olvido, porque se te pedirá hasta que renuncies a todo lo tuyo, porque otros te necesitan. Esto son cosas de Dios, no son nuestras; repasa los testimonios de los apóstoles y de san Pablo en 2 Corintios 11, 16-33.
Pero, por todo lo anterior, ¿quiere decir que vas a dejar de ser feliz? No, nunca, no lo dudes: nunca dejarás de ser feliz, si has elegido hacer la voluntad de Dios, porque tu felicidad y tu descanso será siempre ver que las almas que el Señor te ha entregado viven en la paz y en la unidad. El Papa lo resumió a los jóvenes de forma sencilla: «Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo; sed misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo, sabiendo bien que nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en la caridad (cf. Ga 5,6)».
Termino resumiendo lo que significa ser sacerdote. Ser sacerdote significa ser:
- Un hombre de oración antes que hombre de acción.
- Un testigo de la gracia antes que un organizador.
- Un padre que lleva el sufrimiento de su pueblo.
- Y un servidor cuya autoridad nace de la santidad, del servicio y de la caridad, y no del poder.
Muchas felicidades, Jesús, que seas muy feliz en este itinerario para el que te ha elegido el Señor; y piensa siempre que la fecundidad de tu ministerio brotará de la unión con Cristo más que de la eficacia humana. Dios te bendiga. Amén.
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

