El don del Espíritu

La frescura de la Palabra de Dios de esta semana abre los poros de la esperanza a todo el Pueblo de Dios, porque nos hace soñar con una realidad renovada y nueva: que la vida de la Iglesia adquiere fortaleza, la que el Espíritu reparte para que todos participen en la misma misión. Ved cómo el Evangelio es la Palabra de Dios cumplida, la sintonía con la primera lectura. Tenemos que prestar atención a este hecho: Dios derrama su Espíritu sobre todos los llamados a profetizar, eso es iniciativa divina, este regalo del Señor alcanza a la persona allí donde se encuentre, no se trata de asunto de herencia, reparte la fuerza del Espíritu con libertad al que cree oportuno; a pesar de la contrariedad de Josué, descendió sobre unos ancianos que estaban en otro lugar. Esta lección es para tenerla en cuenta, porque se subraya que lo que ha sucedido es una ocasión para que todos renovemos el coraje de dar a conocer nuestra fe, de llevar a todos los hermanos al conocimiento y a la confianza en Dios. El Espíritu nos hace una llamada a ponernos en camino con una invitación personal y nos pide generosidad en la respuesta, nos pide la totalidad de nuestro ser para la nueva misión, con sus luces y sombras, virtudes y defectos, para que sea fecunda, como la levadura que fermentará la masa.

Esta Palabra, escuchada en el interior del corazón nos va a venir bien a los cristianos de esta época, porque estamos en un tiempo propicio para «un sano caminar juntos», como el Pueblo de Dios de este tiempo. Yo le he pedido a la Diócesis de Cartagena caminar juntos, los laicos, religiosos y presbíteros de esta Iglesia diocesana, en sinodalidad, tal como corresponde a una Iglesia-comunión con la fuerza del Espíritu Santo. Este momento es para nosotros un kairós, una llamada a recorrer juntos el camino hacia la comunión plena, como nos pide el Papa Francisco. Reconocida esta oportunidad que se nos ha dado de lo alto, aprovechamos ahora para definir nuestros centros de atención y los puntos de partida para este tiempo, que será una oportunidad de madurar en la voluntad de Dios, para crecer juntos como Pueblo de Dios, para potenciar la corresponsabilidad, la participación activa de todos en la vida de la Iglesia y para la misión.

Hemos escuchado que el Espíritu Santo ha sido derramado sobre todos los hombres para que quienes lo reciban puedan profetizar y tener visiones, pues atentos a los signos de los tiempos, porque el Papa Francisco nos abre puertas para una Iglesia en comunión, en camino y en familia: «En todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a evangelizar. El Pueblo de Dios es santo por esta unción que lo hace infalible “in credendo”. Esto significa que cuando cree no se equivoca, aunque no encuentre palabras para explicar su fe. El Espíritu lo guía en la verdad y lo conduce a la salvación».

El Papa Francisco pide a toda la Iglesia, para que se ponga en clave de conversión, tanto de personas como de las estructuras y métodos, una renovación de mentalidad, de actitudes y de prácticas, con tal de llegar a ser cada día más fiel a su vocación. Pido al Señor que nos conceda comprender el don del Espíritu Santo y lo que supone para nosotros en este tiempo.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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