Día de la Vida Consagrada

Homilía de Mons. Lorca Planes, Obispo de Cartagena, en la Jornada de Vida Consagrada.

Queridos hermanos y hermanas religiosos

El papa Francisco nos ha dicho que donde hay religiosos hay alegría. Y nos podemos preguntar en qué se basa el Papa para decir una afirmación tan contundente. Pues la razón la dice rápidamente, porque: estamos llamados a experimentar y demostrar que Dios es capaz de colmar nuestros corazones y hacernos felices, sin necesidad de buscar nuestra felicidad en otro lado; que la auténtica fraternidad vivida en nuestras comunidades alimenta nuestra alegría; que nuestra entrega total al servicio de la Iglesia, las familias, los jóvenes, los ancianos, los pobres, nos realiza como personas y da plenitud a nuestra vida. ¿Qué se necesita más? La razón está en Dios, que colma los corazones; la comunidad como fuente de alegría y la entrega al servicio de los demás, la caridad. Tres razones contundentes.

Es verdad que el Papa «no da puntada sin hilo», y para que a nadie se le olvide el tema, sale al encuentro de nuestra frágil condición humana y dice que nada de hundirnos en ella, que si somos de Cristo, hay que volar alto, por eso: no se vean caras tristes, personas descontentas e insatisfechas, porque «un seguimiento triste es un triste seguimiento». Y recuerda el Santo Padre algo fundamental: la vida consagrada no crece cuando organizamos bellas campañas vocacionales, sino cuando los jóvenes que nos conocen se sienten atraídos por nosotros, cuando nos ven hombres y mujeres felices… es la vida la que debe hablar, una vida en la que se trasparenta la alegría y la belleza de vivir el Evangelio y de seguir a Cristo.

Yo creo que con esto bastaría para salir de aquí pensando muchas cosas, al menos, todo lo que tenemos que hacer, porque estas cosas las podemos aplicar a todos los campos y ámbitos de la Iglesia. Aunque nos debemos detener un poco para contemplar la tarea, la misión a la que os lleva el Señor, como religiosos. El mismo Papa, lo define perfectamente: Espero que «despertéis al mundo», porque la nota que caracteriza la vida consagrada es la profecía… «la radicalidad evangélica no es sólo de los religiosos: se exige a todos. Pero los religiosos siguen al Señor de manera especial, de modo profético». Esta es la prioridad que ahora se nos pide: «Ser profetas como Jesús ha vivido en esta tierra… Un religioso nunca debe renunciar a la profecía» (29 noviembre 2013).

Ser profetas con capacidad de observar la historia en la que vive y de interpretar los acontecimientos, centinelas que vigilan por la noche y saben cuándo llega el alba…, capaces de salir de sí mismos para ir a las periferias existenciales; con los ojos bien abiertos para anunciar el Reino de Dios. De esto nos habla la Palabra de Dios en esta semana a todos, de la invitación determinante a salir, a señalarle a todos dónde está la luz de la esperanza, para que vuelvan su rostro al Señor; nos llama el Señor para que vayamos como profetas anunciando la misericordia de Dios con total claridad, indiferentes al aplauso y al rechazo, confiando en la fuerza del Espíritu, que es el que nos da la fortaleza y vuelve a repetir, que esta misión se debe hacer siempre con alegría, lo propio de quien se ha fiado.

Este domingo saldremos de la Eucaristía con el gozo de habernos alimentado con el pan de la Palabra que nos ha dado la seguridad de saber que nuestro alimento es Cristo, que nos lleva a la verdad y que tiene autoridad, por eso le seguimos. Su voz es inconfundible, nos enseña e ilumina, su voz nos consuela y alienta, porque su voz no se la lleva el viento, sino que actúa eficazmente en el interior de nuestro corazón. Lo que nos llena de consuelo es saber que la iniciativa es de Dios y que de Él ha partido el interés para que no nos falten los que hacen de profetas, los que nos dan a conocer cual es el designio de Dios y nos ayudan a rastrear los caminos del futuro. Dios se ha empeñado en agregarnos en el compromiso por el Reino de los cielos y en saborear la belleza de su Palabra, porque el mundo está necesitado de verdaderos profetas, de hombres y mujeres de experiencia de Dios, libres e hijos de la Iglesia. Atrévete a escuchar la voz de Dios.

Termino mis palabras recordándoos los tres objetivos que os ha dicho el Papa para este año de la Vida Consagrada: En primer lugar, que miréis el pasado con gratitud, para tener viva la propia identidad, sin cerrar los ojos, de frente a las «incoherencias, fruto de las debilidades humanas y quizás también del olvido de algunos aspectos esenciales del carisma». En segundo lugar, que viváis el presente con pasión, viviendo el Evangelio en plenitud y con espíritu de comunión. En tercer lugar, que abracéis el fututo con esperanza, sin dejarse desalentar por tantas dificultades que se encuentran en la vida consagrada, a partir de la crisis de las vocaciones.

Hermanos, rezad a Dios por todos los religiosos, pero tened en cuenta a los jóvenes que buscan, que van por la vida como buscadores de la verdad, que no se dejan llevar de lo que dicen unos y otros, sino que han abierto sus ojos a la fe, han escuchado la Palabra de Dios y están en un momento de decisión. Que Dios les ayude a dar el paso de un compromiso serio y libre para que sigan los pasos de Jesús, que se inclina a lavarle los pies a los discípulos, que anuncia a los pobres la Buena Noticia, cura nuestras dolencias y que por su muerte en la Cruz y su Resurrección nos ha abierto las puertas de la Vida eterna.

Que la Virgen Santísima sea vuestro modelo siempre, para que viváis la cercanía de Jesús y la fidelidad a la palabra dada a la acción del Espíritu en vuestras vidas, según el modelo del carisma que lleváis grabado en el corazón.

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

Santa Iglesia Catedral. 2 de febrero 2015

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