La parroquia de San Antonio de Padua de Lobosillo acogió el sábado la ordenación sacerdotal de Pedro García León. Presidida por el Obispo de la Diócesis de Cartagena, Mons. D. José Manuel Lorca Planes, concelebraron varios Vicarios Episcopales, el Rector del Seminario San Fulgencio, D. Sebastián Chico y los formadores, así como numerosos presbíteros. Entre algunas autoridades, en la celebración estuvieron presentes los seminaristas, junto a religiosos y religiosas, familiares, amigos del ordenado, feligreses de Lobosillo y de varios lugares de la diócesis.
El Sr. Obispo comenzó su homilía compartiendo un texto del Papa Pablo VI, acerca de la identidad del sacerdote, en el que se refería a los Pastores como «escogidos por la misericordia del Supremo Pastor». «Ninguna duda debe atacar a lo que es verdaderamente esencial en esta historia, que el protagonista de la llamada es Dios y que la iniciativa parte de Él»- aseguró Mons. Lorca Planes.
«Eres un instrumento vivo de la prisa de Dios para llevar a cabo la salvación de tus hermanos – expresó el Sr. Obispo; -un instrumento dentro de la Iglesia». Así, explicó que «el sacerdote, en su ministerio pastoral, debe transparentar el amor a la Iglesia en todas las actividades, porque las ovejas no son las suyas, sino de Cristo y el Señor pedirá cuentas del amor que haya puesto en esta tarea, de si ha dado la vida por el rebaño que le ha sido encomendado». «El pastoreo es un ejercicio de amor y el modelo de ser pastor lo tenemos en Jesucristo»- añadió.
El Prelado reconoció las dificultades a las que se enfrenta España en estos tiempos que «provienen de una cultura descreída que dificulta o imposibilita la vida de fe; no obstante, remarcó que Dios nos está dando respuestas y nos envía pastores: «¡eres un enviado según el Corazón de Dios!»- exclamó. «Un sacerdote es una respuesta de Dios, porque llevas en tus manos el perdón y la reconciliación, eres depositario del Evangelio, aroma agradable a Dios, portador de la Luz en medio del mundo» – aseveró.
Mons. Lorca Planes disertó sobre la entrega del sacerdote a Cristo Crucificado, «volviendo su mirada y el alma entera a lo que son sus dos claves de identificación: Cristo, mensajero del Reino y Salvador de los hombres y a los hombres, consciente de su pobreza y fragilidad, pero seguro en aquel que fortalece nuestras rodillas vacilantes». Con todo, el Sr. Obispo invitó a Pedro a imitar a Jesucristo, que «se entregó por nosotros, haciendo de nuestra vida un pan que se rompe por los demás». «Tu misión de sacerdote es pasar del Cuerpo Eucarístico al Cuerpo Eclesial de Jesucristo y cumplir en la comunión del Cuerpo Eucarístico la entrega y unión al Cuerpo Eclesial». «Como sacerdote, no puedes olvidar que has cargado con la cruz y sigues al Señor, tanto en la caridad, en la misericordia como en la ofrenda de la vida».
Pedro García: «aquella noche tomé conciencia, por mediación de la Virgen María, de que el Señor me llamaba al sacerdocio»
Un día antes de su ordenación, Pedro García daba su testimonio en una entrevista de la Cadena COPE en el programa diocesano «El Espejo de la Iglesia». En esta entrevista, Pedro daba gracias a Dios por el «don del sacerdocio». Según explica, estos seis años de seminario han sido «una continua ayuda de Dios» y «uno se da cuenta de que es Dios quien hace la obra». Pedro comentaba cómo se estaba preparando para el día más importante de su vida, sobre todo interiormente, ya que como decía, «realmente, la gracia que voy a recibir es algo inmenso». Así, afirmaba que no creía que hubiera nada más grande, pues «sacerdocio sólo hay uno, y uno actúa en nombre de la persona de Cristo».
Pedro tiene «conciencia plena» de la llamada del Señor al sacerdocio en aquella noche de mayo de 2006, en que recibió a la Virgen de Fátima en su casa, en el pueblo de Lobosillo. Tenía entonces 42 años, un año aproximadamente después de que se acabase una relación de noviazgo «que tuvo posibilidades de acabar en matrimonio». Dedicado a la agricultura, era catequista de la parroquia de San Antonio de Padua. Como bien explica, en su pueblo, durante el mes de mayo, la Virgen va visitando los hogares cada noche y rezan el Rosario. Aquel día, «a quien le tocaba recibir a la Virgen, no podía recibir la imagen y vino a mi casa»- cuenta Pedro. «Aquella noche, yo tomé conciencia, interiormente -porque es un misterio, – creo que claramente por mediación de la Virgen María, de que el Señor me llamaba al sacerdocio».
«Dios llama cuando quiere»- indica Pedro. De igual modo, reconoce que cada persona responde en su libertad, pues uno es consciente de la responsabilidad que supone el sacerdocio: «evidentemente, te cambia la vida totalmente». «Tienes que olvidarte de tus tierras, de tu trabajo, de tu profesión y de todo lo que lleva eso consigo»- señala.
Para su ministerio sacerdotal, Pedro pide a Dios que le «dé la gracia de ser fiel» y de «la comunión», para que «entre todos podamos ser signo para esta sociedad que está un poco a la deriva y a veces no encuentra el sentido de la vida», encontrando así «un orden correcto, un orden de Dios».