Iglesia ante la gestión Covid en España por Eugenio Alberto Rodríguez Martín – 16 septiembre 2021

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Iglesia ante la gestión Covid en España

¿Qué dice la Iglesia ante el Covid? ¿Dónde estaba Dios? ¿Por qué ha sucedido? ¿Qué se puede esperar? ¿Cómo actuar ahora? ¿Dónde mirar? ¿Qué voces seguir?

La Iglesia no sabe todo de nada pero tampoco ignora todo de nada. Viene de lejos, la forman personas con todo tipo de experiencias y profesiones, atesora sabiduría y criterio. Tampoco tiene una visión monocolor, más bien poliédrica. Después de tantos meses ¿qué puede decir la Iglesia y especialmente la llamada Doctrina Social de la Iglesia (DSI)? Es imposible tratarlo todo pero no por ello caeremos en la tentación de no decir nada. Señalemos algunas sugerencias de reflexión. Los criterios básicos que seguimos no van a ser directamente aludidos en este artículo pero son su telón de fondo y pueden consultarse en el Compendio de la DSI de acceso gratuito en internet: Bien común, Destino universal de los bienes, subsidiaridad, participación y solidaridad.

La primera verdad son los hechos. La primera afirmación desde la Iglesia quizá sea que los hechos son los hechos, que es importante analizarlos, cuantificarlos, conocerlos bien, saber las causas. No podemos decir si tal cosa está bien o está mal si no la conocemos a fondo. La primera enseñanza de toda esta pandemia es que el análisis es muy importante. Veo con perplejidad como pudimos tomarnos a broma que se suspendía el Mobile World Congress y no darnos cuenta de que era señal inequívoca de que el coronavirus era cosa seria; si las multinacionales perdían ese momentazo era lógico deducir que estábamos ante un problema; que la vicepresidenta saliera a decir que no había problema sanitario no sé si debería habernos puesto más aún en la pista. Los chinos del barrio madrileño de Usera y los alumnos asiáticos de las universidades españolas llevaban mascarilla desde el mes de enero de 2020; y bromeábamos porque pensábamos que eso solo pasaba en países pobres pero no debería causar alarma en una sociedad anestesiada por el bienestar. Conclusión desde la DSI: Lo primero es conocer realmente los hechos. Si no se conocen no se pueden valorar.

Tratamiento científico. La primera víctima de toda guerra es la verdad. La verdad ha sido cruelmente maltratada. De manera llamativa aparecían militares en las ruedas de prensa pero no creemos esa fuera la única expresión de guerra. La supuesta guerra al virus se convirtió en una guerra contra la más mínima discrepancia. Tenían más voz en la gran prensa los negacionistas que los críticos. Esto ocurría por algo muy simple: dar voz a los negacionistas daba fortaleza al discurso oficial. Sin embargo las voces críticas que recordaban que las políticas de otros países eran diferentes eran silenciadas sistemáticamente. Nada menos que el periódico El Salto silenciaba voces discordantes y no digamos los grandes medios. Lo normal hubiera sido dar un tratamiento científico. Si,por ejemplo, el análisis de aguas residuales de las ciudades permite saber la incidencia que va a tener el virus días después ese dato se debe tener y manejar; es bueno que los ciudadanos tengamos más información verdadera y menos susto. Pero el miedo es el medio más eficaz para gobernar como decía Goering.

Trasparencia. Para conocer los hechos no todos tenemos la misma capacidad de acceso a la información. Si los medios que paga la sociedad, los centros de investigación, sanitarios etc, tienen información tienen que facilitarla a sus propietarios que es la sociedad. Puede haber alguna excepción como puedan ser algunas cuestiones de seguridad (y habría que decidir democráticamente cómo) pero no es el caso. El paternalismo del poder interpretando que la sociedad puede entrar en pánico es condenable. No se explica en este sentido el retraso en hacer autopsias o decir “no hacen falta mascarillas” cuando se sabía que eran útiles pero no había mascarillas porque no se fabricaban en España. No está al alcance de la población  si hubo algún interés espurio al adjudicar a Mondragón la primera fábrica de mascarillas en España montada enteramente por chinos. Hay muchas dudas sobre los beneficios obtenidos por intermediarios de los diferentes productos importados ¿ha habido y cuantos beneficios con las mascarillas, el gel hidroalcohólico, los test, los medicamentos, los respiradores, los transportes? . En general tampoco se explica el baile de datos ni las enormes diferencias entre las fuentes. No se explica que se confundieran fallecidos “por” covid con fallecidos “con” covid.

Comunicación. Los periodistas acreditados para ruedas de prensa tuvieron que plantarse ante la praxis impuesta de tener que entregar las preguntas al jefe de comunicación del gobierno, el devoto de turno, que modulaba las preguntas y él las formulaba; lograron con ello que les permitieran hacer preguntas, tantas veces incómodas, aunque por prudencia razonable se hicieran a través de la pantalla. Mención específica se merece el jefe de salud pública que llegó a afirmar que no veía problema en asistir a manifestaciones cuando ya tenía datos más que preocupantes y que nos negó a la población, en una mezcla de clásico paternalismo con la necesidad politiquera de nutrir la manifa del 8M. Poco después decía que no eran necesarias las mascarillas ocultando que el problema es que no estaban accesibles.

Propaganda. La generalidad de los medios informativos y hasta de la oposición política aceptó la propaganda del poder y su estado de pánico. No decimos que el virus fuera una broma y no negamos la seriedad del problema; más bien fueron ellos los que tardaron en usar el término pandemia mientras decían que raramente llegaría a España lo que ya estaba en Italia. Primero no era nada y luego era el apocalipsis. Decimos que con calma se afrontan mejor los problemas como se demuestra en cualquier catástrofe natural. El nerviosismo y el pánico agrandan el problema. El miedo baja las potentes defensas de que goza una persona normal. Pero desde el principio se acallaron las voces críticas. Criticar -dice Pablo VI- es precisar, no destruir. Pero toda la crítica el poder la metía en el mismo saco: ¡negacionistas! sin derecho a expresar opiniones. Personas con un historial personal de reconocido servicio, profesionales prudentes que leían las mejores publicaciones internacionales al respecto, personas que observaban las diferentes políticas que se seguían por Europa o el Sureste asiático, sanitarios experimentados en todas las áreas, profesores de diferentes áreas, epidemiólogos, expertos en salud pública que sabían de la importancia de la recogida de datos que la mayor parte de la población desconocemos, todo tipo de profesionales eran metidos en el saco del negacionismo.

El peso de la propaganda hacía que frecuentemente el acoso viniera hasta de los propios compañeros de trabajo que sufrían el problema. La propaganda tragacionista sí se daba voz a Miguel Bosé y a la propaganda negacionista para polarizar a la sociedad en dos bloques. Esta jugada mezquina merece el calificativo de corrupta. No es un error en medio de la vorágine. Es un plan perverso de concentración de poder y eliminación del discrepante.

Fuentes “libres de humos”. Con la expresión “libres de humos” muchos sanitarios se refieren a espacios de debate realmente independientes. La revista “Prescrire”, dedicada a la farmacología no acepta publicidad y es completamente financiada por sus usuarios. Es evidente que muchos informes están condicionados por quienes los financian. Puede que no pase siempre pero es bastante razonable, como dijo con cierto cinismo Miguel Ángel Aguilar: “Aquí en Telecinco yo no hablo mal de Berlusconi ¿no?”. Podemos afirmar que la industria farmacéutica hace mucho bien pero también podemos afirmar que hace mal e influye de manera decisiva en gobiernos y medios de comunicación. En los últimos años internet ha modificado el acceso a la información. Internet tiene defectos y no todos llegamos de igual manera pero ha supuesto un avance.

Hoy podemos acceder a la mejor información porque lectores y colaboradores de las grandes revistas nos pueden acercar los conocimientos a través de webs de fácil acceso. De esta manera podemos saber lo que dicen The Lancet, British Medical Journal, Prescrire, Nature, New England Journal o Medicine, etc. Frente a la idea de que toda la información está controlada y a pesar de que  también estas revistas han tenido, según expertos independientes, un sesgo favorable a la versión oficial, también han publicado estudios que sembraban dudas sobre esta. También es muy meritoria la labor informativa plural de magníficas webs. Nos disculpamos de antemano por los olvidos pero no dejamos de recomendar nogracias.orgequipocesca.orgsaludineroap.blogspot.com,  gerentedemediado.blogspot.comnacerlactaramar.comrafabravo.blogspot.comjuanirigoyen.es. Insistimos una vez más que ninguno de estos es negacionista, ninguno niega la gravedad del covid, simplemente afirman que hay que meter más ciencia y conciencia en la gestión sanitaria para que sea verdaderamente eso.

Por nuestra parte hemos pretendido colaborar con algunas entrevistas en video que hemos agrupado en la etiqueta “covid”  del blog “ahoramqnunca” (https://ahoramqnunca.blogspot.com/search/label/COVID).  especialmente recomendamos las aportaciones del colaborador habitual José R. Loayssa, autor con Ariel Petruccelli y Paz Francés de un libro que ha sufrido más de una censura (https://ahoramqnunca.blogspot.com/search/label/Jos%C3%A9%20R.%20Loayssa). Él mismo y Amós García (Presidente de la Asociación española de vacunología) tuvieron el valor de realizar uno de los pocos diálogos que sobre este tema se han dado en medio de tantos monólogos, tragacionistas unos y negacionistas otros, dos posturas igual de monologantes. (https://ahoramqnunca.blogspot.com/2021/04/covid19-dialogo-jose-r-loayssa-y-amos.html)

El siap-covid 19liderado por Juan Gervás y Mercedes Fernández ha sido también un pilar de la reflexión crítica. Ambos profesionales han publicado interesantísimos artículos en webs tan interesantes como actasanitaria.com. Este SIAP  (Seminario de Innovación de Atención Primaria) mantuvo conectados a unos 300 profesionales con diferentes experiencias, de manera online. Pues a estos los grandes medios los combatían de mil maneras.

A nivel internacional existen muchas páginas críticas, algunas, no obstante, no creemos que sean científicamente sólidas. Sí que recomendamos a Karina Acevedo Whitehouse, profesora universitaria en Mexico y webs como Darkhorse.com. Por último queremos citar una página que cuenta con la colaboración de importantes intelectuales de la izquierda británica: leftlockdownsceptics.com; su labor es meritoria si tenemos en cuenta que la mayor parte de la izquierda (quizá la llamada “oficial) ha aceptado precisamente la “versión oficial” de la pandemia.

Autoritarismo y paternalismo. Lo pongo junto porque el autoritarismo suele contener alguna dosis de paternalismo. Toda la gestión española del covid ha estado marcada por el autoritarismo. El grado de “Estado de alarma” que se decretó ya ha sido declarado inconstitucional. El poder sin embargo sigue alardeando de haber salvado vidas. Si la experiencia nos ha dicho que la ventilación ha sido esencial y la vida al aire libre no favorece la extensión del virus hay que reconocer que el confinamiento no fue lo más efectivo. Quizá en aquel momento no se sabía y no se puede criticar que eso no se supiera antes, pero sí se debe criticar la tardanza en abrir los parques muy posterior a las terrazas. Toda la gestión de la crisis puede criticarse por paternalista. En todo momento se ha tratado a la población como si no fuéramos adultos capaces de entender el problema. Hace tiempo que en educación se valora el diálogo, la asamblea, pero desde Moncloa no salían más que normas, algunas con esa estética militar tan discutible como amedrentante.

¿Todos juntos?“Todos juntos” ha sido uno de los mensajes más perversos durante la gestión de la pandemia. ¿”Juntos” el del chalet con jardín y el de la habitación realquilada a una familia entera? ¿Van “juntos” en el mismo barco los inquilinos de la Moncloa que quienes viven en los 5 millones de vivienda de menos de 60 metros cuadrados que hay en España? ¿”Juntos” el repartidor y el del teletrabajo desde un hotel turístico? ¿”Juntos” el poderoso que tomaba la decisión y el multado porque debe salir por razón de salud? ¿”Juntos” el periodista opinador considerado esencial y el del medio de comunicación discrepante que colabora como voluntario? ¿”Juntos” el que tiene dificultades económicas para pagar aquellas primeras mascarillas y el alto ejecutivo de la empresa que se las arregló para intermediar en la adquisición de material sanitario? ¿”Juntos” el parado porque no hay trabajo y el jefe de la empresa de aviación que se llevó una suculenta subvención?

Víctimas. Residencias pobres. Cualquier valoración moral y la DSI entre ellas, no puede dejar de ver el mundo desde las víctimas. Si atendiendo a los hechos resulta que, en números redondos, en España el 5% de las personas viven en residencias, y la mitad de los ancianos fallecidos por Covid lo han hecho en residencias, resulta que aproximadamente los ancianos en residencias tenían diez veces más posibilidades de fallecer. Y si esto ocurre porque su estado de salud previo es peor, porque hay sobremedicalización etc etc, el juicio moral de esta situación no debe ser suave. Lo ocurrido en las residencias fue un auténtico infierno. ¿estaban todos los hospitales desbordados? Lo normal es que una región, en un momento de desborde, cuente con los recursos de otras regiones pero esto apenas se dio durante la pandemia. El tren medicalizado que podía hacer esto no llegó a utilizarse como se hizo en otros países. Se dejó morir ancianos y se hizo malvivir a los residentes en general. Pude entrevistar a la primera vacunada de Gran Canaria y manifestaba haber vivido con perplejidad que no podía salir al jardín de “El Pino”. “Sobrevivimos por las auxiliares” declaraba a la emisora diocesana. De más de un fallecido he oído decir a sus familiares: “No ha muerto de covid pero ha muerto de soledad”.

Clases. La sindemia ha sido una nueva ocasión de potenciar la estratificación social. El virus resulta que entendía de clases. Los contagios tenían que ver con el estado de salud que se tuviera, con las viviendas, con el distrito de la ciudad en que se viviera, con el uso del transporte público, con todo el entramado económico y social Llegaba la noticia de que así eran también en Nueva York. Los trabajadores precarios o los pequeños autónomos no podían dejar de trabajar mientras que para los funcionarios todo era más sencillo. Se ha sabido poco de las consecuencias de los ritmos de trabajo para los “esenciales”. Por poner un ejemplo ¿qué se sabe de los horarios laborales de los trabajadores de funerarias que hacían viajes y viajes de Madrid ¡a Huelva! porque era uno de los tanatorios con capacidad de incinerar? ¿no había otra posibilidad? ¿su vivencia tuvo apoyo psicológico? Sus relatos silenciados son estremecedores. Y se ha dado la situación bochornosa de que durante el confinamiento se movían de un lado para otro y hacían kilómetros los “esenciales” (clases bajas en general) y al acabar el confinamiento con la llegada del verano hacían más kilómetros los anteriormente confinados ¡porque tenían que descansar!

Morir solos. La frialdad del poder estableció protocolos inmorales que obligaban a morir solos. La familia recibía, sin más, información telefónica. Pero no todos obedecieron. Por ejemplo en el hospital de Gran Canaria, tras un largo historial de compasión paliativa pionera en España, un grupo de profesionales decidía saltarse el protocolo, y tomando las medidas prudenciales lógicas, y permitir que los familiares pudieran despedirse. Así habilitaron dos habitaciones, las primeras en cada lado de la planta para no añadir más dolor al dolor. Seguramente otros profesionales han actuado así pero las medidas disparadas desde la burocracia deben ser criticadas. Obligar a morir solo es una tortura para el paciente y deja huellas dolorosas en los familiares cuyo duelo será mucho más difícil. La falta de compasión de un protocolo no es algo limpio.

Escuela. Es más que discutible que en España se retrasara el reinicio escolar hasta el curso siguiente. El confinamiento es negativo para todos los niños pero es peor aún para los que tienen padres con menos cualificación, menos biblioteca, menos medios digitales. La escuela debe servir a la justicia; no siempre la escuela sirve a la justicia pero es peor todavía si manda a los niños a casa. Al principio de la pandemia pudo ser una medida necesaria pero según pasaba el tiempo y se tenían datos de otros países cada vez era menos explicable. Tampoco son explicables las diferencias entre comunidades autónomas. La limitación de la interactuación entre niños debe contrastarse científicamente. Hacerles creer que pueden convertirse en los asesinos de los abuelos es perverso. Darles el nombre de “vectores” y “bombas víricas” es muy feo. Mantener los parques cerrados cuando se sabía que el contagio no era por superficies fue una cabezonería autoritaria. A día de hoy siguen en muchos coles sin dejar jugar a los niños con la pelota por miedo al contagio (contagio por contacto zapato-pelota-zapato… ¿en serio se lo creen los que mantienen esta norma?). Obligar a los pequeños a llevar mascarilla cuando no se hacía en otros países es algo inexplicable.

Confinar vulnerables y contagiados. Desde el principio hubo quien propuso que más que confinamiento de toda la población (que además era complicada porque el numero de “esenciales” seguía haciendo que la circulación fuera enorme) se hubiera protegido a los vulnerables en hoteles o espacios similares pero permitiendo la interacción entre ellos y con medidas adecuadas con sus personas queridas, en vez de meterlos en su habitación de manera carcelaria. Estos lugares además suelen estar dotados de espacios al aire libre. Esto nos habría parecido mucho más ético.

Violencia obstétrica. Afirmada por la OMS respecto de España y negada cínicamente por el Colegio de médicos es un cruel rescoldo del peor machismo cuyos últimos coletazos ya podemos ver en nuestro entorno. Violencia obstétrica se refiere a las prácticas y conductas realizadas por profesionales de la salud a las madres durante el embarazo, el parto y el puerperio, en el ámbito público o privado, que por acción u omisión son o pueden ser percibidas como violentas. Asociaciones del mundo entero como en España “El parto es nuestro” han logrado cambios significativos aunque muy desiguales entre comunidades autónomas. Aspiran a que el embarazo no se trate como enfermedad porque no lo es y desean un parto respetado protagonizado por quienes realmente lo protagonizan: el que nace, la que pare, la pareja que acompaña. Es decir: autogestión. Durante la pandemia los protocolos han sido variadísimos y se ha privado de formas de parto y lactancia con beneficios seguros en nombre de riesgos que no se conocían. La pandemia ha sido ocasión para que ganaran terreno prácticas autoritarias como impedir que la pareja esté en un acto del que forma parte, separar al bebé de la madre sin causa determinante e impedir la lactancia sin datos científicos que avalen tal decisión. Téngase en cuenta que -por ejemplo- esto se ha hecho mientras se esperaba el resultado de un pcr aunque no había síntomas de covid. Que las decisiones no han sido científicas es algo evidente si pensamos en que las prácticas han sido muy diferentes.

Mascotas mejor tratadas que niños y ancianos. En la crisis las mascotas han sido mejor tratadas que los niños. Salir a pasear con el perro era tolerado mientras los niños no podían salir ni un minuto a la calle. Hasta los niños con serios problemas tipo asperger eran obligados a sufrir la humillación de ponerse un pañuelo azul que recordaba la estrella que los nazis obligaban a poner a los judíos. No es humano maltratar animales pero tratar animales mejor que a niños recuerda el “animalismo” de “Rebelión en la Granja”. También se trató mejor a las mascotas que a los ancianos. Mientras las residencias recibían la norma de no llevar al hospital a personas mayores de 80 años para evitar el colapso dado el número -por ejemplo- de respiradores, otros respiradores estaban a la espera de uso en las clínicas veterinarias que seguían siendo “actividad esencial”. La oferta del colegio de veterinarios recibió un silencio clamoroso.

Negocio. Muchas veces el drama de alguien es utilizado para hacer negocio por otros. Aunque sea muy frecuente no debemos acostumbrarnos. La limpieza moral se muestra precisamente en ese no adaptarse a lo injusto. Hacer negocio del drama es inmoral y ha pasado más todavía en pandemia. Ha sido negocio el precio de las mascarillas, de los test, etc. Desaparecieron las ofertas de los grandes supermercados, muchas cosas subían de precio. Se confirmaron las sospechas cuando conocidas marcas dieron su cuenta de resultados. Ha sido negocio la sanidad privada. Mientras se hablaba de que faltaban camas la vicepresidenta del gobierno disponía de una suite sanitaria en la Ruber. La patronal de la sanidad privada ha afirmado reiteradamente que nunca les faltaron ucis. También la llegada de emigrantes se convirtió en negocio para las empresas turísticas que tenían vacíos los hoteles. Ni precio social ni nada, cuando paga el “fondo común” parece que nadie paga. Ya se sabe que lo común no es de nadie. Pagan los pobres, paga el trabajo, paga realmente el que más le cuesta adquirir sus ingresos.

Ultranegocio. Más allá de este negocio o aquel hay un gran negocio para ciertas instituciones. La aceleración de determinados procesos como los de la banca y determinados sectores empresariales durante la pandemia son muy clarificadores. Han conseguido en un año lo que les hubiera llevado años conseguir. Asistimos a las mayores regulaciones de empleo de la historia de diversos sectores. El lema imperativo “quédate en casa” beneficia a un tipo de empresas y dificultará el desarrollo de sindicato solidarios. El señor Bezos ha viajado a la luna para desde allí decirnos a todos que el mundo entero es su mercado y que con lo que se ahorra de impuestos se ríe de todos. Zara anuncia el cierre de miles de tiendas…. “Quédate en casa” se dice porque ya habrá un “esencial” que te sirva pedaleando.

Capitalismo. ¿Habría sido igual la pandemia si no estuviéramos bajo un régimen económico capitalista? Creemos que no. Nos parece que el contexto económico solidario no habría eliminado el virus pero sí muchas de sus fatales consecuencias. Sin la voracidad capitalista habríamos tenido un sistema sanitario mucho más eficaz. Sin la división internacional del trabajo, promovida desde el capitalismo, China no sería el polígono industrial del mundo y España podría haber tenido fábricas de mascarillas, respiradores etc.

Modelo sanitario. El modelo sanitario acorde con el capitalismo da más importancia al hospital que al centro de salud, a la cantidad de máquinas que al seguimiento cotidiano de los enfermos por parte de unos sanitarios que conocen las peculiaridades de cada familia (longitudinalidad). En un modelo sanitario solidario el virus no nos habría cogido tan cargados de enfermedades; no debemos olvidar que el virus afecta mucho más o menos según la situación sanitaria de base de los pacientes. En esto modelo sanitario hipermedicalizado que afecta sobre todo a los ancianos, era lógico que las medicaciones que se administraban a los enfermos de covid resultaran excesivas (está demostrado que ha habido uso inadecuado y excesivo de varios medicamentos como la hidroxicloroquina). Pasan cosas tan llamativas como que en verano los ingresados en UCI tienen seis veces menos de mortalidad que en invierno, según algunos expertos porque en verano hay menos tensión en las UCI y se tiende a hacer ingresos con menos gravedad. No parece ajeno a este hecho que haya intereses económicos. Las UCIs han salido en los medios de comunicación más que nada para asustar sin informar apenas de estas otras cuestiones. Parece exigible un equilibrio entre los diferentes medios y no parece acertada el maltrato a la sanidad más cercana e influyente para la mayor parte de las personas; nos parece discutible la continua bajada de presupuestos y personal para Atención Primaria. Por ejemplo, de los 72.000 millones de euros de fondos europeos que llegarán a España, se destinarán 1.069 millones de euros (el 1,48 % del total) al Componente 18 titulado “Renovación y ampliación de las capacidades del Sistema Nacional de Salud” ¿Cuánto para Atención Primaria? 0 €.

El remedio peor que la enfermedad. En ese conocido dicho se resume una experiencia frecuente de la vida humana: a veces queriendo resolver algo generamos un problema mayor. Enfrentándonos a un virus importantísimo se abandonaron las otras enfermedades y pasó lo que tenía que pasar. Los diabéticos encerrados empeoraban, los que tenían apendicitis se aguantaban y cuando se presentaban en el hospital tenían peritonitis. Cánceres que al no detectarse de forma precoz crearán una mayor mortalidad de la esperada y que seguramente veremos a lo largo de los próximos años. Los ancianos que habrían podido salir a coger sol sin mucha interacción social bajaban la vitamina D. El miedo bajaba -en general- las defensas naturales. La consigna habitual de caminar y moverse se convirtió en un “quédese en casa” que hizo aumentar la media del peso de los españoles. No digamos las enfermedades psíquicas y el aumento (silenciado) de suicidios.

Antiasocianismo. Una vieja tradición conservadora defiende que el derecho de asociación no es tan importante. Para los explotados ha sido claro que era el primero de los derechos, un deber más bien, si se quería responder a los problemas. Los mensajes sociales de la Iglesia también le han dado máxima importancia. Los caciques, las oligarquías de derecha o izquierda siempre lo han limitado. No podía dejar de ser así en la gestión autoritaria de la pandemia. No solo en el momento más duro del confinamiento, también después era más fácil reunirse en una terraza para consumir (había que “dinamizar la economía”) que para una actividad social, artística, sindical o religiosa. Las asociaciones -por ejemplo- de salud mental se veían obligadas a suspender sus terapias autogestionadas en vez de motivarlas a mantenerlas al aire libre.

Antiasocianismo religioso. Especialmente absurdas eran las medidas contra las reuniones religiosas habituales. En algunas comunidades autónomas o en ciertas fechas se limitaron brutalmente estas reuniones en las que no ha habido ningún problema. En Canarias se preguntó en rueda de prensa un jueves al presidente si el aforo de 10 personas era también para templos, mezquitas, etc independientemente del tamaño y este contestó que sí sin arrugarse. Pasado el fin de semana derogó la norma y dejó el daño psicológico hecho y el miedo metido en el cuerpo de una población asustada sin necesidad. Destacó en el despropósito Castilla/León donde el número de personas que podían reunirse en una celebración era el mismo para un ermita que para una catedral, cuando las datos científicos constataban que la peligrosidad de la catedral era menor que el de un centro comercial. Pero el centro comercial tiene unos propietarios y unos intereses que presionan más.

Ecología. Todavía no estamos seguros de cual es la causa biológica de esta pandemia. Cada día se cree menos que sea una conspiración o un plan extraño. Una causa muy posible es que el comportamiento explotador de la humanidad (o mejor dicho, los más consumistas, no los consumidos) respecto de la Casa común si no es la causa directa (cosa posible por la llamada “zoonosis”) al menos ha colaborado a su desarrollo. Como advertía el papa Francisco en Laudato si! la desaparición de especies, la degradación ecológica, esquilmar bosques etc tiene consecuencias serias. Hemos de reflexionar sobre el cuidado de la naturaleza. Las políticas consumistas de los recursos deben ser duramente criticadas. Y no pueden ser criticadas, como a veces se hace, aludiendo por igual a los consumistas que al los consumidos. Las frases del estilo “nos estamos cargando el planeta” debe ser sustituidas por otras que aludan no a los que pasan hambre o necesidad sino a los que consumen más de la cuenta.

Vacunas. Otro asunto cuya moralidad debe aclararse en el referido a las vacunas. Son muy pocos los que dudan de que haya que vacunar. Lo que muchos ponen en duda es este tipo de vacunación masiva con un tipo de vacuna (RNAm) cuya técnica se preveía madurara en unos años y experimentada en oncología se descartó su uso. Parecía lógico que las primeras vacunas fueran para las personas que lo necesitaran mientras el virus circulaba entre gente con un sistema inmune fuerte, lo cual haría posible algún tipo de inmunidad colectiva. La vacunación masiva, defienden algunos científicos, ha podido hacer mutar (y “mejorar”) el virus, con lo cual ya nunca podrá haber inmunidad colectiva. Muchos expertos que no dudan que se deban usar vacunas en segmentos de población que lo necesiten, no creen que sea conveniente el uso masivo de unas vacunas sobre cuya eficacia hay muchas dudas publicadas en las revistas médicas más prestigiosas. Los estudios sobre vacunación realizados por científicos favorables al uso racional de las vacunas, afirman que según han ido bajando los datos de letalidad el uso de vacunas debería ser más prudente porque toda medicación debe calcular el interés de su uso comparando los riesgos y los beneficios.

Vacunas en un mundo global. En lo que sí tienen razón los del “todos juntos” es que la pandemia es global. No pocos han sido conscientes de que el exceso de confianza del mundo occidental se basaba en que otros problemas como la gripe A no se habían salido del sureste asiático como ha pasado con el covid. Hay que reconocer (frente a la soberbia occidental) que es comprensible que con aquella experiencia los países del sudeste asiático estuvieran más preparados. Sí, tienen razón los del “todos juntos” que vacunar al primer mundo dejando de lado el tercero no resolvía realmente el problema. No se les ha querido oír pero parece evidente que tenían razón quienes, como el presidente de la Sociedad española de vacunología, defendían que antes de vacunar adolescentes y niños del Primer mundo era necesario vacunar a los vulnerables de los países llamados “en vías de desarrollo”. La ceguera capitalista lo ha impedido y la situación es realmente absurda desde el punto de vista científico.

Expropiar. En la borrachera legislativa que le entró al gobierno de España Pablo Iglesias (desaparecido respecto de su responsabilidad en las residencias) logró meter en la normativa la posibilidad de expropiar viviendas en caso de necesidad. Esta iniciativa es profundamente coherente con la DSI y la necesidad era evidente: familias viviendo en un habitación, sanitarios poniendo en riesgo a su familia y generando un tremendo desgaste psicológico y físico con las medidas que tenían que tomar al llegar del trabajo. Había sanitarios que decidían irse a vivir a otra casa o residencia con el coste económico que conllevaba. ¡Claro que había necesidad! Pero le faltó tiempo al ministro Ábalos para aclarar que eso no se llegaría a ejecutar. Y así fue. ¿Para qué tenía tiempo el gobierno? Para la aprobación de la eutanasia o del Ingreso Mínimo Vital. Usan el impacto social para colar medidas sin el necesario debate social. Avanza la Cultura de muerte y el desempleo crónico subsidiado. ¿No podrían haber hecho algo contra las eléctricas o la Banca?

Sindemia. El concepto ‘sindemia’ fue concebido por primera vez por Merrill Singer, un antropólogo médico estadounidense, quien argumentó que un enfoque ‘sindémico’ revela interacciones biológicas y sociales que son importantes para el pronóstico, el tratamiento y la política de salud”, explica Horton. La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su parte, señala que una pandemia es únicamente una propagación mundial de una nueva enfermedad. El editor de The Lancet, asegura que “el Covid-19 no es una pandemia. Es una ‘sindemia’” ya que hay que analizar y enfrentar al virus desde un enfoque biológico y social.

¿Es fácil criticar a toro pasado?En todo este tiempo de sindemia muchas veces se ha intentado ningunear la visión crítica señalando que es fácil decirl las cosas cuando no tienes el toro encima. El mensaje de colaboración con las autoridades no es irracional pero esa colaboración tampoco puede pedirse que se haga a ciegas. Eso de que criticar es fácil no lo veo tan claro; es más, me parece más fácil ponerse las orejeras y olvidar aquello de Erich Fromm: También hay miedo a la libertad. Los críticos hemos soportado todo tipo de presiones y vejaciones, suaves algunas y duras otras. Hay personas vacunadas simplemente por la posibilidad real de perder el trabajo aunque su médico no se lo recomendaba. Eso también es inmoral por parte de los presionantes cuando los profesores contagiados en su trabajo son una cantidad cercana a cero. La crítica sensata, rigurosa, que incluye a uno mismo, normalmente es amor, es deseo de verdad, es acto de aportar, es sacrificio alegre del propio tiempo. Y la DSI lo ha hecho con frecuencia, por ejemplo con sus duras críticas a capitalismo y comunismo. Alfonso Guerra dijo de Juan Pablo II que “nos ha pasado por la izquierda” ante el mismo documento que levantó las iras de los editorialistas del New York Times. Un Papa con pensamiento de izquierda real les resultó insoportable. Criticar es arriesgado, criticar es salir del vicentismo, criticar compromete.

Optimismo y esperanza democráticos. La democracia posterior a la Segunda Guerra Mundial se asentó gracias a la crítica de los regímenes totalitarios. El mal es mal y no es deseable pero también es cierto que en el mal aprendemos, que es un acicate, igual que los problemas de salud nos ayudan a decidir cuidar la salud. En este sentido creemos que la gestión autoritaria de la crisis nos servirá para tomar conciencia de la importancia de la democracia. Hará crecer, si queremos, la democracia.

Modelo sanitario horizontal. En esta línea democrática es de esperar que también el modelo sanitario sea más democrático. Que los sanitarios abandonen el viejo paternalismo que ya van abandonando con hechos tan claros como que hoy nadie discute el derecho del paciente a saber todo lo que quiera saber, derecho negado no hace tanto. También es de esperar que entre los sanitarios se dé una mayor igualdad. Que los sanitarios de hospital no sean una élite superior a la clase de tropa de los centro de salud; que entre médicos, enfermería y auxiliares haya también más igualdad, también económica. Que los pacientes sean respetados completamente en sus posibilidades de autogestión en sentido pleno: protagonistas de ese momento vital; y quede claro que no nos referimos a una eutanasia que, más allá de las teorías, más bien será heterotanasia, aporotanasia, exprimidostanasia o aparentemente “libre” petición de muerte presionado por circunstancias sociales y económicas que no son adecuadamente atendidas. Aquí también esperamos que las dosis de paternalismo vayan bajando.

Democracia política y económica. Lo realmente decisivo es que los más pudientes no solo han tenido mayor protección contra el COVID sino que han potenciado sus posibilidades. Por eso, durante la pandemia el número de millonarios se ha disparado. La pandemia ha retratado fielmente las diferencias sociales de nuestro país y del mundo entero exagerándolas aún más. Los movimientos solidarios de la historia han defendido que la democracia-democracia exigía trabajar, desarrollar y esforzarse por la democracia económica, es decir, por la igualdad y fraternidad económicas: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. La democracia económica exige salario justo, afrontar y disminuir drásticamente las desigualdades salariales, desarrollar formas de copropiedad, incluso de los medios de producción, cooperativismo, intervención pública en áreas imprescindibles como la energía, el transporte y todo aquello en lo que la experiencia nos diga que es necesario para el bien de todos. Camilo Sánchez, alcalde en su día más votado de España en ciudades de más de 20.000 habitantes, creía que, al tiempo que se cultivaba la democracia económica, debía cultivarse la democracia política, y tenía razón. Moría hace 20 años y siguen haciendo falta personas que se plantean intervenir en la estructura económica del mundo desde la acción política. No contar con ellos nos ha salido caro. Esta crisis ¿pro-vocará vocaciones así?

¿Todo negro?Así las cosas es posible que el lector piense que vemos todo negro. No es verdad. Es honesto y esperanzador ver negro lo negro. Es lo mínimo que merece todo sufrimiento. No dejamos de ver los esfuerzos de quienes se han gastado en el servicio, en el trabajo, en los laboratorios, etcétera… pero es mucho el sufrimiento innecesario, es mucho el ataque a la dignidad humana y por eso nos planteamos “nuevas formas de democracia” que decía Pablo VI. El futuro está abierto. Será lo que hagamos. Irá hacia donde empujemos.

Conclusión. Noética, ética y estética. El conocimiento, el comportamiento y la belleza debe caminar armónicamente. Normalmente cuando se ataca alguna de estas tres patas de la persona y de la sociedad, se ataca también las otras. Proponemos una ciencia (noética) con conciencia (ética) y belleza (estética). El equilibrio entre estas fuerzas es importante. Lo contrario de ello es esta gestión sin razón, sin moral y profundamente fea. Criticando y actuando estamos construyendo verdad, moral, belleza.

Eugenio Alberto Rodríguez Martín
16 de septiembre de 2021
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