Septiembre nos trae la ordenación de Jesús Molina como diácono

Diócesis de Cádiz-Ceutahttps://www.obispadocadizyceuta.es/
La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

«Querido Jesús, confía en el Señor porque Él confía en ti y te da la gracia para servirle»

La Iglesia en Cádiz cuenta desde hace unas horas, con un nuevo diácono: Jesús Francisco Molina Fernández.

La Catedral ha acogido esta mañana la ordenación diaconal que ha estado presidida por el obispo diocesano y concelebrada por el obispo de Guantánamo (Cuba). El recién ordenado estuvo acompañado por una amplia representación del clero diocesano, del Cabildo Catedral, diáconos permanentes de la diócesis, así como sus compañeros seminaristas, familiares y amigos que quisieron estar a su lado en este importante momento de su vida como cristiano.

La solemne ceremonia ha comenzado con la procesión al altar en la que el candidato ya se mostraba visiblemente emocionado. Durante la homilía Mons. Rafael Zornoza se ha dirigido a él «Hoy es un día grande para el Seminario, celebrando esta ordenación. Querido Jesús hoy estás aquí, disponible y preparado para recibir el sacramento del orden y para hacer con el diaconado la consagración definitiva de tu vida al Señor, que te ha llamado, en este ambiente de discípulos del Señor. Con sencillez y con el amor de tu familia que siempre te acompaña en la fraternidad de tus compañeros que son ya tus amigos y han de ser durante toda tu vida, hermanos en el presbiterio».

Al ordenando le ha subrayado la importancia de una consolidada vida de oración  «la experiencia de la vocación es la de haber sido encontrado por Dios, alcanzado por el que nos escoge entre muchos, seduciendo nuestro corazón. Acrecienta día a día el Espíritu de oración, en intimidad como corresponde a tu vocación y para interceder siempre por el pueblo de Dios. Así harás del Espíritu Santo, tu cómplice para desempeñar el ministerio fortalecido con sus dones».

«Solo quien conoce el amor de Dios, y lo vive, puede comprender las promesas que hoy vas a hacer, y el compromiso que asumes en los llamados consejos evangélicos, porque la virtud de la obediencia, la entrega del corazón, el desprendimiento de los bienes… son las opciones de la existencia terrena de Jesús, que revela el misterio de su ser».

El prelado le recordaba al ordenado que su misión es hacer visible dentro de la Iglesia y entre sus hermanos, la figura de Cristo. Que deberá hacerlo sobre todo a través de la palabra, la predicación , la eucaristía y la caridad, dejando que Dios actúe. También que por la importancia de su condición bautismal, reciben con todos los bautizados, aquello que han de dar como ministros.

Mons. Zornoza también se ha referido a la sacramentalidad del ministerio que Dios le ha concedido «esta palabra, sacramentalidad, significa referencia especial a otro, un yo troquelado por el yo del Señor hasta decir vivo yo, pero no soy yo. Es Cristo quien vive en mí. Ser sacramento significa yo doy lo que yo mismo no puedo dar, hago lo que no precede de mi, soy portador de lo que otro me ha confiado, y esto exige un vaciamiento del propio yo, para que Cristo crezca. Tienes que ser misionero, un hombre de Dios».

Lo importante, en definitiva es «morir así mismo para dejar a cristo resucitado, vivir en nosotros, que es nuestra verdadera fuerza».

Al final de su homilía el obispo diocesano dirigiéndose a él «vive pues con alma limpia el misterio de la fe, y proclama su amor con palabras y obras. El hombre nuevo que nace de las aguas del bautismo y se alimenta de la eucaristía, se convierte por la gracia recibida en un cooperador en la obra de Cristo. Imita pues en tu vida el ejemplo de Cristo, vivir tu vida a partir de la Palabra de Dios y configurarte con al eucaristía y por eso el centro y culmen del ministerio que recibes. El amor compasivo que el Señor te pide practicar, es también ejercicio de la fe, por tanto, que sea para ti un privilegio atender y ayudar al Cristo sufriente y en los enfermos y pobres. Comprobarás la fuerza evangelizadora de la caridad».

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