«Proponer las vocaciones en la Iglesia local»

Carta Pastoral de Mons. Antonio Ceballos Atienza, Obispo de Cádiz y Ceuta, con motivo de la Jornada Mundial de las Vocaciones.

Mis queridos diocesanos:

El próximo día 15 de mayo de 2011, cuarto Domingo de Pascua y Dominica del Buen Pastor, celebra la Iglesia la XLVIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

1. Proponer las vocaciones…
Esta Jornada Mundial centra su atención fundamentalmente en las vocaciones de especial consagración, con el siguiente lema: “Proponer las vocaciones en la Iglesia local”. El Papa Benedicto considera que la capacidad de cultivar las vocaciones es un signo característico de la vitalidad de una Iglesia local, y significa y conlleva tener la valentía de indicar a través de una pastoral vocacional atenta y adecuada, este camino arduo del seguimiento de Cristo, que al estar colmado de sentido, es capaz de implicar toda la vida. Conviene que cada Iglesia local se haga cada vez más sensible y atenta a la pastoral vocacional, educando en los diversos niveles: familiar, parroquial y asociativo, como hizo Jesús con los discípulos.

2. Arte de promover y cuidar las vocaciones
Jesucristo, Buen Pastor, es un punto luminoso de referencia que aparece en las páginas del Evangelio, para promover y cuidar las vocaciones: Así Jesús “al ver a las gentes se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”, y dijo “la mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9, 36-38). Él invita a la oración y después llama a sus discípulos y los educa con amor y esmero.

3. Dios sigue llamando
La Iglesia, pequeña grey en el corazón de este mundo, atraviesa el desierto con él. Esta es la situación en la que actualmente se encuentran las vocaciones; es un reflejo de esa crisis profunda de valores religiosos y aún humanos que padece nuestra sociedad.

Dios, en esta situación, sigue llamando.  La vocación de los discípulos nace precisamente en el coloquio íntimo de Jesús con el Padre. Las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada son primordialmente fruto de un constante contacto con el Dios vivo y de una insistente oración que se eleva “al Señor de la mies”, tanto en las comunidades parroquiales como en las familias cristianas y en los cenáculos vocacionales.

4. Todos somos responsables
Las vocaciones en la Iglesia local surgen, pues, en la Iglesia y para la Iglesia. Ella, en estado de vocación permanente, llama a su vez a través de las mediaciones humanas. Todos somos responsables en la llamada.

5. La comunidad cristiana
El nacimiento y desarrollo de las vocaciones consagradas viene a resultar como un termómetro de la vida cristiana de la comunidad. En palabras del Papa: “La propuesta que Jesús hace a quienes dice: “¡Sígueme!” es ardua y exultante: los invita a entrar en su amistad, a escuchar su Palabra y a vivir con Él; les enseña la entrega total a Dios y a la difusión de su Reino según la ley del Evangelio (…); los invita a salir de la propia voluntad cerrada en sí misma, de su idea de autorrealización, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse guiar por ella; les hace vivir una fraternidad, que nace de esta disponibilidad total a Dios (cf. Mt 12, 49-50), y que llega a ser el rasgo distintivo de la comunidad de Jesús: “La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros” (Jn 13,35)”. El deber de fomentar las vocaciones se ha de preservar, ante todo, con una vida plenamente cristiana.

6. La familia cristiana
Las vocaciones nacidas generalmente al calor de una vida de fe, piedad y de buen ejemplo en el hogar, no podrían en la mayor parte de los casos ni existir sin la familia: “En esta especie de Iglesia doméstica los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe, con su palabra y con su ejemplo, y han de favorecer la vocación personal de cada uno y, con un cuidado especial, a la vocación consagrada” (Decreto Lumen Gentium 11).

El Papa Benedicto XVI nos dice: “También hoy el seguimiento de Cristo es arduo; significa aprender a tener la mirada de Jesús, a conocerlo íntimamente, a escucharlo en la Palabra y a encontrarlo en los sacramentos; quiere decir aprender a conformar la propia voluntad con la suya. Se trata de una verdadera y propia escuela de formación”, y ésta es la familia.

7. Los mismos consagrados
El deber de fomentar y cuidar las vocaciones pertenece e incumbe de modo especial a los mismos consagrados. El beato Juan Pablo II decía: “Es una parte esencial del ministerio”. Por ello, en la predicación, catequesis, confesión, etc., se debe abordar como una parte importante de la evangelización, el tema vocacional.

Pablo VI decía: “Allí donde el sacerdote lleva una vida verdaderamente evangélica, habiendo amor, coraje y alegría en el misterio de Cristo, este testimonio no podrá quedar por mucho tiempo infecundo”. En cambio, añadía él mismo: “todo desánimo, todo titubeo, igual que toda mediocridad de vida y toda disensión en las filas del clero, seca inevitablemente la fuente”.

El Papa Benedicto XVI recomienda a los sacerdotes “que sean capaces de dar testimonio de comunión con el Obispo y con los demás hermanos, para garantizar el “humus” vital a los nuevos brotes vocacionales sacerdotales”.

8. El Papa Benedicto nos exhorta con vigoroso empujeOs aliento, decía el Papa a los Obispos, a que sigáis haciendo resonar infatigablemente entre todos los cristianos la llamada al servicio sacerdotal indispensable en la Iglesia.

En esta situación no debemos replegarnos por la falta de vocaciones a la vida consagrada, sino que debemos abrirnos al soplo del Espíritu Santo, y atentos a las necesidades del hombre de hoy, esperemos en la misericordia de Dios “que desborda los deseos y súplicas de los que oran”.

Tampoco debemos inhibirnos cómodamente porque nosotros no pasamos por esa situación. Hoy la solidaridad más necesaria es la que nos exige este empeño. Por eso el Papa Benedicto XVI, que va delante con su vigoroso empuje, nos exhorta en nombre del Señor a un “compromiso renovado y fuerte” en pro de la obra de las vocaciones.

Ante todo, es preciso superar desalientos y omisiones culpables. El cumplimiento del mandato del Señor sobre la oración por las vocaciones debe ser asiduo, considerándola como &
ldquo;un valor prioritario y esencial”. La pastoral por las vocaciones no puede ser un momento aislado en el año: su condición le coloca entre los elementos principales de la pastoral, y aún como el “alma de la nueva evangelización”.

9. Oración y confianza ilimitada
Tal y como nos asegura el Santo Padre, si tratamos de hacer todo lo que es posible de nuestra parte, tenemos derecho a una confianza gozosa e ilimitada. El “desierto florecerá”; nuestro tiempo será un nuevo adviento, una nueva primavera, también en el más grande de sus frutos, las vocaciones consagradas.

Que la Santísima Virgen María, como modelo de todas las vocaciones, nos guíe con su luz en el camino de nuestra vocación particular, y como Madre de la Iglesia, bendiga esa floración de vocaciones que deseamos.

Reza por vosotros, os quiere y bendice,

+ Antonio Ceballos Atienza
Obispo de Cádiz y Ceuta

Cádiz, 12 de mayo de 2011.

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