Mons. Arbach, arzobispo sirio en Homs: «Basta ya de guerra, no podemos aguantar más»

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La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

El próximo domingo, 5 de diciembre, durante la celebración de la misa de las 11.30 horas, en la Parroquia de San Severiano (Cádiz), el arzobispo sirio de Homs, Mons. Jean Abdo Arbach, dará su testimonio de cómo vive la iglesia en Siria, inmersos en una guerra que dura ya 10 años.

Aprovechando su estancia en Cádiz, gracias a la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, hemos podido conversar con él sobre cómo los cristianos de su diócesis se ven abocados a abandonar Siria, y cómo la iglesia va perdiendo rápidamente presencia en un país donde estaba asentada desde antiguo.

– Monseñor, ¿Qué está pasando en Siria con los cristianos y cómo está actualmente la situación?

La situación en Siria en este momento es muy difícil, no como antes. Hay una guerra económica grande contra los sirios. La frontera está cerrada entre Líbano y Siria, además de con otros países, y hay muchas dificultades debido a esta situación de embargo económico. En cuanto a la seguridad, en nuestra ciudad, Homs, vive bien, no hay guerra, pero, a veces, hay ataques del exterior por vía aérea. Por suerte, ya no hay terroristas en Homs. Ellos se han desplazado a localidades más cercanas a las fronteras del país con Turquía.

– ¿Existe alguna manera de llegar a acuerdos con los terroristas para que haya paz?

Si la hay no está en nuestra mano, sino en la de los líderes de los distintos gobiernos del mundo. Los obispos y los cristianos poco podemos hacer en este sentido. Necesitamos el apoyo de las grandes potencias mundiales y sobre todo que haya diálogo entre todas las partes para que los terroristas salgan de Siria y poder vivir en paz y con dignidad.

– Usted nunca ha abandonado al pueblo sirio, estuvo con ellos desde el primer momento y además fue uno de los primeros obispos que entró en Homs…

Cuando llegué a Homs la ciudad estaba en manos de los terroristas y alquilé una casa en una localidad cercana para poder dirigir mi diócesis. El 8 de mayo de 2014, cuando tuvo lugar la liberación de Homs, yo entré en la ciudad, y al día siguiente, el 9 de mayo, hubo una explosión en la catedral. Desde ese momento, no he dejado mi diócesis.

– ¿Qué le pide la Iglesia de Siria a la sociedad y a los gobiernos del mundo?

No sólo la Iglesia de Siria, sino todos los sirios, pedimos, en primer lugar, la paz. Basta ya de guerra, no podemos aguantar más. En segundo lugar, pedimos que acabe el embargo económico a los ciudadanos sirios. Este es un problema gravísimo, el pueblo sirio tiene hambre. Además de falta de alimentos, tenemos una gran carencia de recursos básicos, gas, petróleo… y los precios de estos son muy elevados. Esto, sin duda, es una guerra económica contra los sirios, no contra el gobierno. Una familia media en Siria gana 200.000 libras sirias, lo que al cambio no llega a 90 dólares al mes.

– ¿Cómo está afectando la pandemia de la Covid-19 a Siria?

Pues como en todos los países, también nos está afectando la pandemia, con la gran diferencia de que no tenemos vacunas. Debido también al embargo, llegan algunas vacunas de China y Rusia, y no todas las personas tienen acceso a ella. Gracias a Dios, la incidencia del virus en estos momentos es baja. Es la única ventaja de tener las fronteras cerradas.

– ¿De qué manera podemos colaborar con el pueblo Sirio?

Pueden ayudarnos de dos manera. Primero, levantándonos el embargo económico. Cuando esto suceda podremos exportar e importar productos de primera necesidad y también que haya más trabajo. En segundo lugar, cuando los líderes del mundo lleguen a un acuerdo para que acabe la guerra de Siria podremos empezar a reconstruir las casas que han quedado en ruinas y una verdadera reconstrucción del país con la creación de puestos de trabajo, sobre todo para los jóvenes, que están sufriendo de manera muy dura esta guerra. Como Iglesia pedimos que los cristianos se queden en Siria y no tengan que salir huyendo de esta guerra. Necesitamos que ayuden a los cristianos para que puedan seguir viviendo en sus casas.

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