Queridas Hermandades y Cofradías de la Diócesis de Cádiz y Ceuta:
Con motivo de la próxima entrada en el tiempo litúrgico de la Cuaresma quiero expresaros mi reconocimiento y el agradecimiento de la Iglesia que peregrina en nuestra Diócesis en estos días que nos preparan al momento central de nuestra fe: la celebración del Triduo Pascual en el que los cristianos renovamos nuestra fe en Jesucristo, Señor de la Historia.
La Cuaresma es un tiempo precioso que nos invita a hacer memoria, modificar nuestras conductas y transformar la sociedad en la que vivimos mediante la fe en la Resurrección de Cristo. Sin ese acontecimiento redentor, sólo nos quedaríamos en el mero recuerdo humano, como los que tenemos en nuestras plazas a través de la nomenclatura de las calles o estatuas que, con el paso del tiempo, nadie recuerda.
La cuaresma invita a todos los católicos a prepararnos para vivir personal y comunitariamente la Semana Santa, en primer lugar, dejando un espacio para que, en el silencio de la oración, hable nuestra conciencia a la que, a veces acallamos con las prisas y con el ruido de fondo que parece que ayuda a “tapar” nuestros errores. Nada más lejos de la realidad porque, por más que quisiéramos ocultar nuestra miseria, ésta al final sale a la luz.
La cuaresma es un momento oportuno para ser valiente y ponernos de frente a lo que hemos hecho mal y abrir las puertas de nuestro corazón para que entre la luz amorosa de Cristo, siempre dispuesto al perdón y a la misericordia. Ya sabemos que las armas de la luz son el ayuno, la oración y la limosna… Hacer uso de estos instrumentos nos pone en la verdad de lo que somos y en la debilidad de nuestros egoísmos y orgullos.
Pero no basta, simplemente, con darnos cuenta de la realidad de lo que somos. El Señor invita a la pecadora sorprendida en flagrante adulterio, a la que perdona, que en adelante no peque más. La cuaresma así se convierte en un momento propicio para aprender y seguir al Señor, que va cambiando, poco a poco, el corazón de los discípulos para modificar sus conductas y transformar la realidad.
De este modo, la cuaresma es un tiempo para volver al seno de la Iglesia, a frecuentar los sacramentos, a ponernos a servir a los demás a través de obras de caridad, y también, para abandonar la frialdad de nuestra independencia y encontrarnos con los hermanos, en la parroquia o en la Casa de Hermandad.
No podemos decir que somos cristianos si desconocemos quien es Jesucristo, si no vivimos de Él a través de la participación en la Eucaristía, si no dejamos que Él perdone nuestros pecados y su amistad genere en nosotros otro modo de vivir el don de la vida. Me parece que, para vivir bien el estilo cofrade no es bueno encontrarnos sólo en el tiempo de cuaresma o en el momento de la salida procesional, pero sin duda la cuaresma invita a compartir el tiempo con los que están llamados a ser tus hermanos, y lo son, por la fe.
Especialmente importante, además de la vida cotidiana de la Iglesia y de la Hermandad, es la misma estación de penitencia. Quizá sea este uno de los servicios más importantes que ofrece la Hermandad: organizar para los hermanos un tiempo de penitencia personal. Un tiempo en el que el cristiano se reconoce pecador y pide luz (que lleva en sus manos) para que comience una nueva vida. Tomar en serio la estación de penitencia es un precioso camino de santidad. Acompañamos con nuestro dolor a Jesús, pero ese camino llega también a la alegría de la Pascua. La Pascua no supone el fin del camino cofrade, sino que le da sentido y verdadera esperanza.
Cuando uno ha tomado conciencia de su limitación, pide perdón y ayuda para tomar otro camino, la senda escogida siempre es más humana y conduce a la persona por sendas de vida eterna. Sin razón, muchas veces se reprocha a las Cofradías y Hermandades su pasividad ante la transformación del mundo; sin embargo, gracias al camino que están recorriendo, conscientes de la importancia que tienen en la vida social, se van haciendo presentes en necesidades que cubrieron antaño, cuando fueron fundadas como corporaciones gremiales o vecinales para ayudarse mutuamente.
También hoy pueden adquirir las Hermandades nuevos protagonismos en la vida social. Mientras que el individualismo de nuestro tiempo exige abandonar por el camino a quienes obstaculizan nuestro fin, la experiencia cristiana de las Hermandades y Cofradías debe mirar el origen de su fundación, y darse cuenta de que, si somos hermanos, es porque tenemos un mismo Padre. Comportarnos como hermanos supone dejar atrás nuestros proyectos, incluso nuestra forma de hacer las cosas, en favor del bien común a través del diálogo, la escucha y la caridad.
Queridos hermanos, os invito a una nueva cuaresma que llene de sentido nuestra vida cristiana, y que la expectación de una nueva Semana Santa sea acompañada por una vuelta al amor de Jesucristo. Deseo que la Virgen María, en sus infinitas advocaciones, os permita experimentar también la acogida de la Madre, en el seno de la Iglesia.
Vuestro, en Cristo,
+ Ramón Valdivia Jiménez
Administrador Apostólico de Cádiz y Ceuta

