Las personas sin hogar recuerdan que «tu casa puede sustituir al mundo, pero el mundo jamás sustituirá tu casa»

Diócesis de Cádiz-Ceutahttps://www.obispadocadizyceuta.es/
La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

Calles y plazas de Cádiz sirven de escenario de un flashmob en el que las personas sin hogar ponen de manifiesto que tener una casa no es un privilegio, sino un derecho.

«Tu casa puede sustituir al mundo; el mundo jamás sustituirá a tu casa». Este proverbio alemán pone fin a un manifiesto redactado por personas que viven en la calle con motivo del Día de las Personas Sin Hogar y que se ha hecho público hoy en más de 30 ciudades de todo el país para recordar que «tener una casa no se trata de un privilegio, es un derecho a todas luces».

Este manifiesto fue leído durante la celebración de un «flashmob» –una acción organizada en la que un grupo de personas se reúne en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente— convocado en calles y plazas de todo el país por Cáritas, FACIAM (Federación de Asociaciones de Centros para la Integración y Ayuda a Marginados), fePsh (Federación de Entidades de Apoyo a las Personas sin hogar), XAPSLL (Xarxa d´Atenció a Persones sense llar) y BesteBi (Plataforma por la inclusión residencial y a favor de personas sin hogar de Bizkaia).

Este acto de calle se celebra en el marco del Día de Personas Sin Hogar que se celebra el domingo 30 de noviembre y con la que se quiere denunciar, bajo el lema «Por una vivienda digna y adecuada. Nadie sin hogar», la «situación de emergencia residencial» que se vive en España.

MANIFIESTO DE LAS PERSONAS SIN HOGAR

Yo tenía una casa… y fui feliz mientras viví en ella.

Mi casa fue siempre mi lugar de referencia, donde me sentía seguro, acompañado y podía ser yo mismo, allí me sentía persona y formaba parte de la sociedad.

Luego la vida se complicó, empezaron a aparecer los problemas, todos encadenados, algunos por responsabilidad mía y otros iban surgiendo por el contexto en el que me hallaba y las relaciones que iba consolidando con personas que no me convenían. En muy poco tiempo me encontré solo, sin recursos en los que poder apoyarme, ayudarme y que me acompañasen.

Todo mi mundo y mi vida se vinieron abajo cuando me vi fuera de mi casa, en la calle. Es en ese momento cuando eres consciente y te das cuenta de lo que pierdes y lo que significa tener una casa, un hogar.

Cuando llegas a la calle es porque no tienes un apoyo; porque los que tenías no te readmiten. Sientes ansiedad, frustración, la autoestima baja, y ante todo, soledad; mucha soledad.

Cuando llegas a la calle caminas mucho, terminas con los pies destrozados; no puedes realizarte curas o tener la higiene que querrías, llegando a ser tu única preocupación el no caer enfermo.

Cuando llegas a la calle y ves a otras personas con sus hijos y su familia, tiendes a comparar con lo que tenías antes, siendo inevitable el sentimiento de pérdidas y desprotección.

Cuando llegas a la calle el aspecto psicológico hace que estés al límite; no tienes comida, no descansas, sientes miedo a robos o agresiones… tardas en darte cuenta de que has tocado fondo, que vives en una fragilidad constante.

Volver a la familia es difícil cuando estás en situación de calle, sientes la pérdida de su amor, que nada te sostiene, que no tienes eso que llaman «red social» que te apoye y no te deje caer.

La sociedad nos convierte en «no seres humanos». Se comportan así porque no comprenden; huyen, tienden a abandonarte. Algunos te llegan incluso a decir «te lo has ganado a pulso». No han de tener ese egoísmo, esa autodefensa de su alrededor, ese miedo… somos personas; un día tuvimos nuestra casa, nuestro trabajo, nuestra familia… como el resto; nadie está exento de poder pasar por esto. Un problema de salud, una depresión… te puede llevar a la calle. No elegimos vivir en la calle, sin derechos.

Como queremos ser uno más, queremos que se nos escuche; tener una casa no se trata de un privilegio, es un derecho a todas luces. Tener acceso a ella no debería ser algo que nos tuviésemos que ganar, sino algo que esta sociedad no se puede permitir.

Tener un sitio donde volver, donde alguien pueda estar esperándonos, donde poder sentarnos cómodamente; un lugar en el que tengamos una mesa para comer, una ducha que utilizar, una cama para dormir… en definitiva, un hogar al que llegar, y en el que poder estar. ¿Acaso es esto pedir demasiado?

Somos muchos los que llevamos viajando durante mucho tiempo a ninguna parte. No hay conciencia del cansancio físico y mental que eso supone… por ello es tan importante tener un destino. Siempre hay un destino al que las personas llegan. ¿Qué hay del nuestro? ¿Dónde está ese descanso y esa seguridad necesarios?

«Tu casa puede sustituir al mundo;

el mundo jamás sustituirá a tu casa» (Proverbio alemán)

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