Ceuta acogió la formación 500 de Cursillos de Cristiandad

Diócesis de Cádiz-Ceuta
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La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

Del 19 al 21 de abril, se celebró en la Ciudad Autónoma el cursillo número 500 en nuestra diócesis. La clausura estuvo centrada en una oración comunitaria de los que salen con los que llevan tiempo de peregrinar, para alabar al Señor y darle gracias por estos nuevos hermanos que, en este tiempo de Pascua, han sentido el abrazo de Dios, que cambia la vida y la llena de “Colores”.  Asimismo, se tuvo un momento de gratitud por la acción del Espíritu Santo, y la de tantas personas, sacerdotes y laicos que, a lo largo de estos años, han hecho tanto bien en la vida de muchas otras personas.

Desde Cursillos de Cristiandad agradecen la participación de los hermanos de la Escuela de Cádiz Bahía y del Campo de Gibraltar, así como al presidente diocesano y al Vicario de Ceuta, P. Francisco Fernández, quien presidió la clausura del cursillo.

TESTIMONIOS DE ALGUNOS DE LOS PARTICIPANTES

«La Fe es algo vivo, la Fe es acción, estas son palabras que los Cristianos decimos y repetimos, pero …¿las llevamos a la práctica? Por desgracia no todas nuestras respuestas son afirmativas.

Sin embargo este fin de semana he podido comprobar que son muchos los cristianos que sí que viven con esta máxima, que no sólo viven y renuevan su Fe cada día si no que hacen de la Fe en acción su forma de vida, intentando contagiar a todos aquellos que quieran frenar un poco su ritmo de vida y escucharles.

Justo esto es lo que me pasó a mí este fin de semana, llegué al Cursillo de Cristiandad casi con remordimientos por todas las cosas que tenía que hacer y no iba a poder llevar a cabo, pensando » si yo tengo clarísima mi Fe, yo no dudo, yo….», y de pronto el tiempo se paró, me volvieron a recordar (que a veces hace falta) los fundamentos de esa Fe de la cual estaba yo tan segura y, por qué negarlo, me sentí pequeñita, pero a la vez arropada, porque no estaba sola. Ahora lo tengo claro, ahora tengo que pasar a la acción y no lo voy a hacer sola, hay toda una familia que me va a ayudar a dar el paso, una familia de colores».

José Antonio y Chany:

«Después de algún tiempo de querer hacer unos cursillos de cristiandad, recientemente con el empujón de mi mujer, ya que yo no tenía plena seguridad en ir, sin saberlo entrábamos en el cursillo 500 y coincidíamos durante estos días en nuestro 37 aniversario de boda.

El entrar allí, era para tener una nueva experiencia ya que a Dios gracias somos una familia sin grandes problemas, somos padres de tres hijos que siempre le hemos pedido a Dios que los guiara por el buen camino, gracias a ÉL y en el mundo donde vivimos con tantas tentaciones a ellos siempre me lo ha librado de todo mal, no son perfectos ni sus padres tampoco, perfecto sólo hay uno, por lo que tenemos una vida normal con nuestras bajadas y subidas.

Al entrar en el cursillo, la verdad es que se empieza con un poco de recelo, a ver a dónde voy, qué me encontraré, quién habrá allí, ¿los días se harán muy largos? Y así muchas más preguntas nos hacíamos a pesar de que mi mujer hace muchos años ya hizo uno.

El recibimiento fue maravilloso, te daban unos besos y abrazos como si nos conociéramos de toda la vida, algunos sí, al vivir en Ceuta, ciudad pequeña siempre te suena alguna cara, pero también hubo personas que las veías por primera vez, esa primera vez sólo duraba un minuto, la confianza que te daban, el cariño que desprendía… empezamos con buen pie.

Hicimos una pequeña presentación. En las nuestras comentamos que para nosotros era una fecha especial por estar allí y por cumplir en ese lugar nuestro aniversario de bodas, fue solo uno comentario más para darnos a conocer.

Llegó el primer día, bueno primero empezamos aquella misma tarde que entramos, después de la cena, que ya fue la primera comunicación que compartíamos con los demás. Fue muy amena y todo iba por buen camino, después empezamos a hacer los primeros actos de este maravilloso cursillo y nos fuimos a descansar pensando ‘esto nos gusta qué bien nos sentimos’.

El primer día empezamos ya de pleno desde el desayuno, sin olvidar el sonido de la campana siempre anunciando el comienzo de todo, pero hasta el sonido de esa campana nos gustaba, venga vamos, otra cosa.

Así transcurrían los días, días que se convertía en momentos inolvidable, escuchando los ‘rollos’ como nos decían. Para nosotros no eran como tales si no eran unas historias, algunas bíblicas y otras personales, con todas ellas tenía que tragar saliva o secar alguna lágrima, después venía hacer los comentarios sobre ellas en cada equipo. Yo José Antonio en el equipo de San Pablo y Chany, mi mujer, en San José. Sí estábamos separados, pero no nos dábamos ni cuenta ya que la compañía era tan entrañable, amena y cariñosa que nos encontrábamos agustísimo, eso sí, de vez en cuando nos buscaba nuestras miradas.

Qué bien hablar de lo que oíamos. En cada equipo teníamos personas veteranas en todo esto, gente maravillosa, aprendía muchísimo de todos ellos, te hacía tan amenos esos momentos que las horas eran minutos.

No se nos pueden olvidar los compañeros que venían a vernos todas las mañanas, personas cursillistas, ya nos permitimos decir compañeros por sentirnos unos más de ellos o mejor es decir ‘estamos dentro de la familia’.

Todo hay que decirlo por culpa de ellos engordamos, a parte de nuestros corazones, nuestros cuerpos por darnos tan buenos alimentos. Al llegar parecía aquello un pedido del supermercado, qué rico, roscos con chocolate, bizcocho…

Pues, ahora ya se acerca lo peor el último día. No nos gusta decir el último, mejor el día que salíamos de allí pero ya estaríamos siempre juntos a pesar de estar cada uno con nuestros quehaceres diarios.

Fueron días muy cortos e intensos, tenían que hacer mucho en poco tiempo, antes los cursillos eran cuatro días, este solo fue tres. Tres, pero suficientes para conocer algo tan bonito, tan lleno… no tenemos palabras para describirlo, todo esto es mejor vivirlo, qué momentos inolvidables.

Como inolvidable fue, después de la Eucaristía, cuando escuchamos al padre que estuvo con nosotros en todo momento. ‘Que salga aquí a la presencia de Dios para renovar los votos del matrimonio Chany y José Antonio’. No podíamos llegar hasta el altar, las piernas temblaban, el corazón que ya latía con fuerza por estar donde estábamos, le pusimos la mano ya que este se salía. Que emoción, pensábamos por qué… después de tiempo que querer hacer esto, es hoy cuando estábamos allí, el cursillo 500 el día de nuestro aniversario. Cuántas coincidencias que Dios no puso en nuestro camino.

El padre Johan nos renovó el voto del matrimonio. De nuestros ojos, sin querer, salían lágrimas de alegría, emoción, satisfacción… Cuántos recuerdos y el qué todo lo sabe y lo hace, es por algo, nosotros quisimos hacer nuestra bodas de plata, 25 años, pero por motivos, nos quedamos con esas espinita y mira por donde en los cursillos se nos cumple el deseo. Para nosotros significa algo, dónde ocurrió y con quién… A pesar de faltar personas muy importantes para nosotros: los hijos, familiares… nos encontramos tan llenos que parecía que estábamos todos. Creemos que es por que allí entre nosotros estaba el PRINCIPAL.

Ya no queremos aburrir más con nuestras experiencias del cursillo, pero hay tanto que decir… Lo principal es animar a todos que lo hagáis, merece la pena».

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