“La hermana Chantal lo habrá vivido sin miedo, con mucho empuje”

Diócesis de Cádiz-Ceutahttps://www.obispadocadizyceuta.es/
La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

La Congregación de la religiosa muerta por el ébola tiene cuatro comunidades entre Cádiz y Ceuta. Una hermana de congregación, destinada en Tarifa, la conoció en Guinea Ecuatorial.

Las Misioneras de la Inmaculada Concepción disponen de colegios en Ceuta y en Algeciras, una residencia para estudiantes en Cádiz y otra de ancianos en Tarifa.

Sor Rosario lleva destinada en Tarifa sólo un par de meses, nos dice casi con una sonrisa. Llega al asilo de San José después de haber entregado treinta de sus cuarenta y siete años como Misionera de la Inmaculada Concepción -MIC- al servicio de enfermos con tuberculosis y sida, rodeada de paludismo, en el hospital de Malabo, Guinea Ecuatorial.

Después de ese tiempo, más dos en Togo, se puede decir que esta cordobesa de nacimiento ha dejado su corazón y su vida en África. Precisamente fue en Guinea Ecuatorial donde convivió varios años con la hermana Chantal, fallecida el pasado diez de agosto en Liberia como consecuencia del virus del ébola.

Coincidieron, nos cuenta casi con lágrimas en los ojos, en el colegio de Santa Teresita. La hermana Chantal trabajó allí como enfermera en un centro de salud que tienen las religiosas en un poblado de Sampaka, a 6 km de Malabo, cuidando al mismo tiempo a una hermana con cien años.

La define como «una persona muy alegre y simpática, que se daba mucho a los demás. Tenía mucha conexión con la juventud y con un espíritu de servicio muy grande». Poco después de aquella convivencia con sor Rosario, la hermana Chantal fue destinada a la comunidad de Monrovia, en Liberia, donde contrajo el ébola, después de ejercer durante ocho años como enfermera en el hospital que lleva allí la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

Desde el servicio de su vocación a los más necesitados, sor Rosario asegura que «la hermana Chantal lo habrá vivido sin miedo, con mucho empuje. Porque era una persona muy fuerte». «Lo afrontaría con serenidad y tranquilidad, consciente de que se moría».

Sor Natividad, superiora de la comunidad de Tarifa, reconoce que se han sentido muy arropadas en estos momentos «porque nos consideramos y somos familia». Desde el asilo de San José sigue animando a los jóvenes para «que entreguen algunos años de su vida a la ayuda de los más necesitados a través de las misiones». No es la única que anima, también su madre General se ha comunicado con la Congregación para que vivan esta situación en paz, porque «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere da mucho fruto» (San Juan 12, 24).

Situación actual

Por el momento han muerto, como consecuencia del ébola, tres hermanos de San Juan de Dios y una Misionera de la Inmaculada Concepción.

En Liberia, las religiosas Misioneras de la Inmaculada Concepción –MIC-, trabajan con los Hermanos de la Orden de San Juan de Dios en el Catholic Hospital. Allí fue donde se dieron varios casos de ébola y donde, el pasado dos de agosto, falleció como consecuencia de la enfermedad el Hno. Patrick Nshamdze, su Director, y días después la hermana Chantal.

La situación es bastante seria: las fronteras están cerradas y no dejan salir ni entrar a nadie. La población y las hermanas viven con mucha incertidumbre la posibilidad del contagio. Otras dos religiosas MIC, las hermanas Paciencia Melgar y Helena Wolo, sufren ya los síntomas de la presencia del virus en su organismo. Junto a ellas se encuentran como cuidadoras las hermanas Juliana, Catherine y Josephine.

En una carta de pésame dirigida a la Orden de San Juan de Dios el pasado quince de agosto, la superiora general de las religiosas MIC pedía «la fuerza para saber leer desde la fe este reto histórico», rogando al Dios de la Vida «la salud para el continente africano, el alivio para todos los que sufren y la fortaleza para las hermanas Paciencia, Helena y Juliana».

 Antonio Montero

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