La Fraternidad Velad y Orad celebró del 6 al 8 de marzo su retiro de Cuaresma titulado “La Noche de la Pasión” en la Casa de Espiritualidad Villa Milagrosa de Jerez de la Frontera. El encuentro reunió a 36 participantes, en su mayoría procedentes de la diócesis, aunque también asistieron tres personas de Jerez y una de Sevilla.
El retiro propuso a los asistentes adentrarse espiritualmente en la noche de la Pasión de Cristo, presentándola como un camino para iluminar las propias tribulaciones personales y las del mundo actual. A lo largo del fin de semana se desarrolló el esquema habitual de estos encuentros, alternando meditaciones y contemplaciones sobre distintos momentos y dimensiones del sufrimiento y la esperanza cristiana.
Entre las meditaciones se abordaron temas como “El dolor y el sufrimiento de nuestro mundo”, “El consuelo de Dios a través de Jesús”, “La noche oscura del alma” y “El abandono en Dios”. Estas reflexiones se complementaron con momentos de contemplación centrados en escenas evangélicas de la Pasión: La Última Cena, la oración en el Huerto de Getsemaní, el prendimiento de Jesús y la noche en el foso.
Uno de los ejes del retiro fue la adoración al Santísimo Sacramento, que permaneció expuesto durante gran parte del encuentro. Especial intensidad tuvo la oración comunitaria celebrada la noche del sábado, bajo el lema “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”. Según los organizadores, este momento se vivió como una experiencia profunda de oración en la que los participantes presentaron ante Dios sus preocupaciones, angustias y tribulaciones, experimentando consuelo y paz.
Durante el retiro también se ofreció la posibilidad de recibir el sacramento de la Reconciliación, al que acudió la mayoría de los asistentes, en un clima de recogimiento propio del tiempo litúrgico de Cuaresma.
El encuentro contó además con la presencia del administrador apostólico de la diócesis, Mons. Ramón Valdivia, quien presidió la celebración de la Eucaristía. En su homilía, el prelado ofreció una reflexión centrada en el pasaje evangélico del encuentro de Jesús con la samaritana, subrayando el valor del encuentro personal con Dios como fuente de renovación espiritual.
Los participantes describieron la experiencia como un tiempo de gracia y conversión, vivido en un ambiente de silencio, oración y fraternidad. Desde la fraternidad señalan que el retiro ha fortalecido el deseo de seguir trabajando por una Iglesia comprometida con la evangelización y con la atención a los más necesitados, “tendiendo la mano para levantar al que está caído”.

