El Cabildo Catedral recupera la escultura del Varón de Dolores

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La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

Entre los meses de diciembre de 2016 y enero de 2017, los restauradores Eva Morata y Fabián Pérez han realizado los trabajos de restauración de la pequeña escultura titulada “Varón de Dolores”, que la Catedral de Cádiz expone en el Museo de la Casa de la Contaduría.

Se trata de una obra modelada en terracota y policromada. La realizaron los hermanos García, Miguel y Jerónimo Francisco García, canónigos de la Colegiata del Salvador de Granada, quienes se especializaron en el barro cocido y en la temática relativa al Ecce Homo y al Varón de Dolores.

La obra de estos autores se enclava en la transición entre el renacimiento y el barroco, siendo esta obra de Cádiz de finales del siglo XVI o principios del XVII. Representa una figura alegórica de Jesucristo como Vir Dolorum, “Varón de Dolores”. Se trata de un busto largo, de tres cuartos, hasta los muslos, realizado de bulto redondo. En él se representa el Varón de Dolores entrelazando las manos en el centro de su pecho, y su cabeza, con mirada ascendente, gira un cuarto hacia su derecha. Lleva corona de espinas y collar cordífero en el que se anudan las muñecas, quedando así maniatado.

La imagen del Varón de Dolores es alegórica, no representa ningún momento concreto de la Pasión de Cristo. Tiene su origen en la devoción bajomedieval en el que los temas religiosos adquieren independencia del control estrictamente eclesiástico, siendo el fiel el que demanda estos nuevos motivos religiosos. De este modo, aparece la figura de Cristo, no sólo como hombre, sino representado en su extrema humanidad, doliente y sufriente, inaugurando la imaginería devocional, menos teologizada que la gótica, pero sobre todo que la románica; la Contrarreforma, a finales del siglo XVI, profundizará en esta senda de la imaginería religiosa, desarrollando un arte tremendamente emotivo, siendo la máxima expresión del arte devocional.

Este Varón de Dolores es expresión de esta sensibilidad contrarreformista, pues Jesucristo es representado en su naturaleza humana, expresando el dolor de la pasión, con ojos entreabiertos, en gesto de serena entrega al sufrimiento, en la observancia del deseo del Padre. Sus ojos se tiñen de lágrimas pictóricas como finos regueros de color blanco. Su cuerpo aparece lacerado por el castigo, y la sangre roja inunda su espalda: su humildad modela su divinidad. Esta imagen tremendamente emotiva, de sereno dolor, es la imagen que el fiel contempla, como cordero llevado al matadero, sereno y resignado, dando y reclamando amor: paradigma y modelo ante el que se planta la mirada del fiel y los ojos de cualquier espectador que quiera mirarlo y leerlo.

Al iniciarse los trabajos de restauración mostraba importantes capas de suciedad, que ennegrecían de manera generalizada la superficie policromada de la escultura. Además mostraba algunos desperfectos volumétricos de los que una amplia pérdida central, sobre su rostro, lo presentaba como una obra rota, con sus características artísticas y estéticas semiocultas.

Los trabajos de restauración han consistido en importantes labores de limpieza sobre sus encarnaduras y en el paño de pureza, respetando la pátina y el aspecto de envejecimiento que corresponde para una obra de finales del siglo XVI o principios del XVII. Además, valorando la impronta visual de sus desperfectos volumétricos, y su importancia además iconográfica, se determinó la recuperación de la amplia laguna de su corona de espinas.

Finalizados los trabajos, se puede concluir que es una restauración que planta en el presente una obra antigua, pero que la respeta en su discurso material, acorde con su importancia histórica y artística.

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