«D. Antonio Dorado, pastor bueno que actuó en nombre de Jesucristo, el Buen Pastor»

Diócesis de Cádiz-Ceutahttps://www.obispadocadizyceuta.es/
La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

En la tarde del 23 de marzo, en la S.A.I. Catedral de Cádiz, el obispo de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza Boy, presidió la misa funeral por el eterno descanso del que fuera obispo diocesano entre los años 1973-1993 y obispo emérito de Málaga, Mons. Antonio Dorado Soto, fallecido el pasado martes 17 de marzo, a los 83 años.

La ceremonia, a la que asistieron muchos fieles y distintas autoridades civiles, estuvo concelebrada por el Cabildo Catedral y algunos sacerdotes que quisieron recordar al primer obispo que aplicó el Concilio Vaticano II en la Diócesis.

La eucaristía comenzó con una semblanza de Mons. Antonio Dorado, realizada por Manuel Cerezo, voluntario durante muchos años en el Obispado de Cádiz y Ceuta, y que conoció de cerca Mons. Dorado, de quien destacó su ministerio en la Diócesis.

Por su parte, Mons. Rafael Zornoza recordó su «bondad, su inteligencia, su chispa…Cumplimos una labor de afecto filial, de misericordia y justicia por él. Una persona a la que la Iglesia de Cádiz y Ceuta le debe tanto».

Asimismo, el obispo diocesano afirmó que «la oración de Cristo Redentor sigue siendo nuestra arma de redención. Dios ha llamado a D. Antonio Dorado para una vida eterna, plena y verdadera. Que premie sus trabajos, sus desvelos y sufrimientos».

Por otro lado, Mons. Zornoza aseguró que «Jesús nos hace vivir la tensión de la esperanza y se entrega a quien acepta su ministerio». De esta manera, el obispo de Cádiz y Ceuta habló de una Iglesia peregrina. «Somos peregrinos, un pueblo que camina para alcanzar una ciudad de eternidad».

Por último, el prelado destacó la labor de Mons. Dorado Soto al implantar el Concilio Vaticano II en la Diócesis. «La renovación del Concilio que hizo en la Diócesis es como la que hoy se nos pide a nosotros a la hora de evangelizar, y que supone un esfuerzo de fidelidad por ser buenos hijos de Dios en plenitud. D. Antonio, amando a la Iglesia peregrina la hizo avanzar hacia el encuentro con Dios».

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