El pasado sábado se reunieron en el Seminario San Bartolomé, la Junta Permanente de la Delegación Diocesana para las Hermandades y Cofradías, presidida por el Administrador Apostólico, D. Ramón Valdivia, quien estuvo acompañado por el Vicario General de Ceuta, D. Francisco Jesús Fernández Alcedo, y con la participación de la Junta Ejecutiva de la Delegación, así como de todos los presidentes de los Consejos Locales de la Diócesis de Cádiz y Ceuta.
Tras la oración inicial y el saludo del Administrador Apostólico, se procedió a tratar diversos temas sobre el presente y el futuro de las Hermandades, tanto en su nivel organizativo, como en el importante papel evangelizador que deben asumir en estos tiempos, dada su capacidad de cercanía a un gran número de personas dentro de nuestra sociedad.
Se ahondó en la indisoluble Comunión que han de tener estas asociaciones públicas de fieles con sus parroquias y con la Iglesia Local, lo que las debe llevar a una plena participación en todos los servicios que se planteen tanto a nivel local como diocesano. De especial interés fue el debate entablado sobre la Misión de las hermandades respecto de los jóvenes que se acercan a ellas, tanto como transmisoras del primer anuncio, como en su acompañamiento en el camino de fe.
Tras las diversas intervenciones, tomó la palabra el Administrador Apostólico para exhortar a que toda la labor se centre y fundamente en el servicio. Las hermandades tienen todos los instrumentos para vivir una experiencia cristiana completa, pero hay que esforzarse para ponerlos en práctica. Y esa experiencia se ha de desarrollar dentro de la Iglesia, de la parroquia, con la ayuda del elemento prioritario que es el Director Espiritual. Debe existir una comunicación plena entre párroco y hermandad.
También les recordó que la realidad de las familias, como base de las hermandades, es fundamental, pues conforman una presencia en la hermandad de las distintas generaciones, desde abuelos a nietos y a todos ellos hemos de escuchar y atender, desde personas mayores a los más pequeños.
«En el culto externo debemos preocuparnos de que sea realmente una manifestación de la vida cristiana. Lo que nos define no es un culto externo, sino nuestro culto a Dios. Nosotros respondemos ante Dios. Lo importante es que el misterio cristiano lo vivamos, preocupándonos por la vida real de las hermandades».
En el tiempo litúrgico que se acerca, las estaciones de penitencia han de suponer el cauce para ofrecer a los hermanos la posibilidad de hacer penitencia pública, lo que implica una consciencia de estar necesitados de esa penitencia para una verdadera conversión.
«Terminó exhortándonos a sabernos servidores con una misión preciosa».
Y se puso fin a la reunión orando para que María Santísima les guíe y acompañe en este camino.

