
Presidida por el obispo diocesano, Monseñor José Rico Pavés, la Santa Misa Crismal ha tenido lugar hoy, 31 de marzo, a las 11:00 horas en la Santa Iglesia Catedral.
Esta celebración, una de las más significativas del calendario litúrgico, ha reunido al presbiterio diocesano en torno a su Obispo para vivir momentos especialmente relevantes, como la consagración del Santo Crisma y la bendición del Óleo de los enfermos y el Óleo de los catecúmenos. Asimismo, durante la Eucaristía, los sacerdotes han renovado sus promesas sacerdotales, signo de comunión y fidelidad en el ejercicio de su ministerio.
En la homilía, el prelado se dirigió a la familia diocesana —seglares, personas consagradas, seminaristas, diáconos y sacerdotes—, teniendo un recuerdo especial para los presbíteros que atraviesan la enfermedad o el sufrimiento, y por quienes se elevó la oración.
Monseñor Rico Pavés subrayó que «no hay misión sin unción», recordando que Jesucristo, enviado por el Padre y ungido por el Espíritu Santo, inicia su misión para llevar a cabo la obra de la redención. En este sentido, explicó que todos los bautizados participan de esta unción, siendo constituidos en sacerdotes, llamados a ofrecer su vida como culto agradable a Dios; en reyes, viviendo el servicio a los demás; y en profetas, anunciando la Palabra que lleva esperanza al mundo.
Asimismo, señaló que cada vocación en la Iglesia nace del bautismo y se concreta en la misión que cada uno recibe, recordando que no es posible anunciar el Evangelio sin vivir desde esta identidad que el Señor ha regalado.
En el contexto de la celebración de la Semana Santa, invitó a contemplar el misterio de la redención desde la unción del Espíritu Santo, pasando del inicio de la misión de Cristo a su entrega en la cruz y su victoria en la resurrección, reconociendo en ello la presencia de todos los fieles.
A partir de la enseñanza de san Juan de Ávila, propuso meditar la «triple mirada» de Cristo en la cruz. En primer lugar, la mirada al Padre, que permanece incluso en medio del sufrimiento, manifestando su amor y obediencia. En este sentido, animó a vivir con la mirada puesta en Dios para encontrar sentido en las dificultades, recuperar el ánimo y confiar siempre en su amor.
En segundo lugar, destacó la mirada de Cristo sobre sí mismo, cargando con el sufrimiento y la debilidad humana. Invitó así a reconocer la propia fragilidad sin temor, recordando que el Señor cuenta con la debilidad del hombre para llevar adelante su misión y que el cansancio y las dificultades, vividos en fidelidad, forman parte del camino cristiano.
Finalmente, subrayó la mirada de Cristo hacia los demás, una mirada de misericordia que no da a nadie por perdido y que está siempre dispuesta a acoger y socorrer. En este sentido, recordó que el pastor ha de caminar con su pueblo, acompañando, guiando y sosteniendo a todos.
El Sr. Obispo animó especialmente a los sacerdotes a renovar sus promesas con esta misma mirada de Cristo, recordando que han sido llamados a ser instrumentos suyos para llevar el Evangelio al mundo, confiando plenamente en el Señor que se entrega sin reservas.
Concluyó señalando que esta triple mirada conduce a ser verdaderos testigos de la redención, poniendo como ejemplo a la Virgen María, en quien se encuentra la pureza de la mirada que reconoce la bondad en todos.
Tras esta celebración, la Iglesia diocesana se dispone a iniciar el Triduo Santo con la celebración del Jueves Santo, centro del año litúrgico.
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