
El Hogar San Juan vivió en la jornada de ayer un día especialmente significativo con la celebración de la Santa Eucaristía de final de curso, presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, a las 11:00 horas.
La celebración reunió a residentes, trabajadores, voluntarios, colaboradores y amigos de esta obra diocesana para dar gracias a Dios por el curso vivido y por los frutos que el Señor sigue derramando en este hogar que, desde hace años, se ha convertido en un referente de acogida y acompañamiento a los más necesitados.
La Eucaristía tuvo un carácter especialmente emotivo al servir también para agradecer la labor realizada por el Hermano Juan Carlos, quien concluye una etapa al frente de esta casa. Asimismo, fue ocasión para dar la bienvenida al sacerdote D. Lorenzo Morant, que asumirá la responsabilidad de acompañar y coordinar esta importante realidad eclesial.
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Durante la homilía, Monseñor José Rico Pavés reflexionó sobre el miedo a la luz de la Palabra de Dios, tomando como punto de partida las palabras de Jesucristo en el Evangelio: «No tengáis miedo». Recordó que la Sagrada Escritura ha sido comparada desde la antigüedad cristiana con un tesoro de infinitas riquezas cuya llave es Cristo mismo, pues solo desde Él pueden comprenderse plenamente las enseñanzas del Antiguo y del Nuevo Testamento.
Partiendo de la figura del profeta Jeremías, explicó cómo el miedo puede convertirse en un obstáculo para cumplir la voluntad de Dios. En primer lugar, señaló el temor al «qué dirán», la preocupación excesiva por las opiniones ajenas que puede llegar a paralizar la misión que el Señor encomienda. En segundo lugar, destacó el miedo a perder la confianza de quienes se consideran amigos o cercanos. Sin embargo, recordó que Jeremías vence ambos temores apoyándose en una certeza fundamental: «El Señor es mi fuerte defensa».
El prelado subrayó que la confianza nace precisamente de saberse sostenido por Dios y que es desde la oración donde el creyente encuentra la fuerza necesaria para superar los miedos que condicionan su vida.
Comentando el Evangelio, destacó que Jesucristo repite hasta en tres ocasiones la invitación a no tener miedo. Explicó que el primer temor que el Señor ayuda a superar es el miedo a los hombres y a las situaciones de oscuridad o incertidumbre. Frente a ello, Cristo propone la transparencia y la coherencia de vida, invitando a proclamar con valentía aquello que se recibe de Dios.
Asimismo, señaló la diferencia entre el miedo y el santo temor de Dios. Mientras el miedo paraliza, el santo temor es una actitud de vigilancia y amor que busca no dañar a quien ama infinitamente al ser humano. Lo comparó con la delicadeza propia de quienes se quieren y procuran no hacerse daño mutuamente.
El S. Obispo recordó también que Jesús invita a vencer el temor relacionado con las preocupaciones materiales y con la propia seguridad humana, animando a contemplar la belleza de la creación y la providencia divina. Si Dios cuida de todas sus criaturas, con mayor razón cuida de cada persona, creada a su imagen y amada por Él.
La reflexión se aplicó de manera especial a la vida del Hogar San Juan, coincidiendo con el cierre del curso pastoral y con el relevo en la dirección de la institución. Mons. José Rico Pavés dio gracias a Dios por la valentía del hermano Juan Carlos al impulsar y sostener esta obra durante años, así como por la disponibilidad de D. Lorenzo para asumir la responsabilidad de su gestión.
El prelado quiso subrayar que el relevo en la dirección no supone una desvinculación del hermano Juan Carlos respecto al Hogar San Juan, que sigue siendo su casa y continúa necesitando de su presencia, experiencia y apoyo para conservar el espíritu que ha caracterizado esta obra de misericordia.
En este contexto, invitó a toda la comunidad a mirar el futuro con confianza, acogiendo las palabras de Cristo: «No tengáis miedo». Animó a no dejarse influir por comentarios o preocupaciones externas, a no temer por la confianza entre quienes forman parte de esta familia y a recordar que Dios ha demostrado sobradamente su providencia y su cuidado sobre esta casa y sobre cuantos forman parte de ella.
Finalmente, recordó que la autenticidad del seguimiento de Cristo se manifiesta en el ejercicio concreto de la misericordia y del amor al prójimo, invitando a continuar impulsando esta misión con la certeza de que el Señor sostiene siempre a quienes ponen en Él su confianza.
La homilía concluyó poniendo como ejemplo a la Virgen María, quien también escuchó del ángel la invitación a no tener miedo y respondió con plena disponibilidad a la voluntad de Dios: «Hágase en mí según tu palabra». Por ello, animó a los presentes a aprender de María a vencer los propios temores y a vivir siempre confiados en el Señor.
Al finalizar la celebración, el Hermano Juan Carlos dirigió unas palabras de agradecimiento en las que repasó su experiencia al servicio del Hogar San Juan y compartió algunas de las convicciones que han marcado su vida y ministerio.
En primer lugar, quiso expresar su gratitud al Obispo diocesano afirmando: «Gracias, D. José, por su paternidad conmigo y con esta casa». Asimismo, destacó que el Hogar San Juan constituye un ejemplo visible de la obra de Dios en medio de la sociedad y recordó cómo el Señor fue guiando su vocación desde muy joven, cuando dejó su hogar antes de cumplir los dieciocho años para responder a la llamada recibida.
Durante su intervención subrayó que toda su vida le ha permitido descubrir la riqueza del amor de Dios en cada uno de los lugares donde ha servido. Del mismo modo, animó a vivir con confianza en el Señor, recordando que aquello que humanamente puede parecer imposible se convierte en realidad cuando se pone en manos de Dios.
El Hermano Juan Carlos destacó especialmente una expresión que ha marcado su vida: «poder ser hermano». Reconoció que a lo largo del camino se pueden cometer errores o acertar en muchas decisiones, pero que su misión fundamental siempre ha sido la misma: ser hermano para todos. «Mi obra ha sido confiar en Dios y ser hermano desde dentro», afirmó.
En este sentido, quiso dejar claro que el Hogar San Juan no es fruto de una sola persona, sino de la acción de Dios y del compromiso compartido de muchas personas. «Todo lo demás es obra de Dios y de todos juntos», señaló.
También recordó los inicios de esta etapa, cuando llegó a una casa prácticamente vacía, y cómo con el paso de los años ha podido contemplar la acción providente del Señor. Por ello insistió en que la única certeza verdaderamente importante es la confianza absoluta en Dios.
El Hermano Juan Carlos agradeció igualmente la entrega y confianza de todas las personas que han formado parte del Hogar durante estos años, subrayando que lo que se estaba celebrando no era la obra de una persona concreta, sino la obra de Dios manifestada en esta casa.
«Esta casa es una declaración valiente del Evangelio», expresó, recordando que el Hogar San Juan nunca ha dependido de apoyarse en el poder humano, sino únicamente en la providencia divina. Por ello concluyó señalando que el verdadero centro de esta obra es siempre Cristo presente en los necesitados. «Aunque vengan problemas o sufrimientos, mientras Cristo siga siendo el centro, nada podrá destruir esta obra», afirmó.
La celebración concluyó en un ambiente de profunda gratitud y esperanza, poniendo en manos del Señor el futuro del Hogar San Juan y agradeciendo la entrega generosa del Hermano Juan Carlos durante estos años de servicio. Del mismo modo, la comunidad acogió con alegría a D. Lorenzo Morant, encomendando a Dios esta nueva etapa que ahora comienza para esta querida obra de la Diócesis de Asidonia-Jerez.
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