«Con los niños de América… hablamos de Jesús»

Diócesis de Asidonia-Jerezhttps://wp.diocesisdejerez.org/
La diócesis de Asidonia-Jerez, conocida también simplemente por diócesis de Jerez, ​ es una jurisdicción de la Iglesia católica de España que comprende el norte de la provincia de Cádiz, tomando como límite y frontera natural el curso del río Guadalete.

Carta del Delegado de Misiones de la Diócesis de Asidonia-Jerez, D. José María Rodríguez, con motivo del Día de la Infancia Misionera.

Jesús al llamarnos, nos invita a la misión de anunciar la Buena Noticia del Evangelio, a comunicar a todos que es bueno creer, que merece la pena conocer a Jesús y aceptarlo como amigo. Responder “sí” a Jesús es darse completamente y poner todo lo que uno es y sabe hacer al servicio del Reino de Dios.

Cada año, Infancia Misionera nos invita a fijar nuestra mirada en un Continente. “Con los niños de América… hablamos de Jesús” es el lema de esta campaña. La misión es anunciar, contar a todos lo grande que es Jesús. Y hacerlo junto a otros, no hacerlo solos. Para poder hablar de Jesús, lo primero es convertirnos a su Palabra, estar con Él y tenerlo siempre presente en el corazón. De muchas maneras podemos hacer que Jesús y su mensaje sea más conocido: siendo nosotros misioneros y ayudando a otros misioneros que están en países lejanos a dar a conocer a Jesús. Y lo hacemos por medio de nuestra oración, del donativo generoso y de los pequeños sacrificios por hacer un mundo mejor.

América es un continente que habla de Jesús. Desde el inicio de su evangelización, hace más de quinientos años, la fe en Cristo se ha extendido por todas sus tierras, llegando el anuncio del Evangelio hasta los últimos rincones. Este hecho nos habla de lo importante que es el impulso misionero en este continente, en el que ha jugado un papel esencia la Virgen María, principalmente bajo la advocación de Ntra. Sra. de Guadalupe. Muchos misioneros y misioneras españoles han dejado y dejan su vida en América para seguir colaborando en extensión y consolidación del Evangelio. 

Así  es el niño de Infancia Misionera. Reza con amor y entrega su ofrenda, fruto de su oración. Lo importante no es la cantidad, sino el amor que acompaña esa donación.

Así se descubre que la salvación del mundo no vendrá de la cantidad de dinero de las ofrendas, sino del amor con que estas se hacen. Así lo reconoce Benedicto XVI, cuando, en la fiesta de la Epifanía del año 2007, decía que “los niños de la “Santa Infancia”, son valiosos colaboradores del Evangelio y apóstoles de la solidaridad cristiana con los más necesitados”.

Y concluía con una propuesta: “Aliento a los educadores a cultivar en los niños el espíritu misionero, para que surjan entre ellos misioneros apasionados, testigos de la ternura de Dios y anunciadores de su amor”.

Para los niños no hay fronteras, el amor las ha derribado. Son los niños de Infancia Misionera, que han entregado a su madre, la Iglesia, los cinco panes y los dos peces que mamá depositó en su mochila. Solo cuando Jesús vio el amor con que aquel niño entregaba lo que tenía, se conmovió e hizo que llegara a todos. Este es el milagro de Infancia Misionera, que cada año financia tantos proyectos para que los misioneros y misioneras puedan atender las necesidades vitales de los niños del mundo. Estimulados por la generosidad del chaval de Infancia Misionera que rompe su hucha para entregar lo que tiene,  o pide colaboración a otros para “llenar” la “Hucha del Compartir”, los mayores reparten sus bienes a los pobres, obedientes a la voz del Señor: “Dadles vosotros de comer”.

El recuerdo y la vivencia de haber buscado a Jesús, haberle encontrado y seguirlo, provoca el deseo de hablar de Él. Han encontrado el tesoro, y lo comentan con alegría y desparpajo. Es la condición del discípulo, que, una vez ha visto al Señor, se lo dice a los demás. Comunica lo que ha visto y oído. Es la razón por la que un misionero sale de su tierra para decir a otros lo que le ha pasado con Jesús. El niño de Infancia Misionera es “misionero” porque cuenta a otros su amistad con Jesús.

Así nacen los “pequeños grandes misioneros”. Se transforman, sin ser conscientes de serlo, en testigos del amor de Dios. Son portadores de la belleza de Dios.

La mirada limpia de un niño y su disponibilidad para servir e irradiar su alegría son expresiones del lenguaje de Dios, que habla a la humanidad. Infancia Misionera es una nueva oportunidad para acoger en nuestro corazón y en nuestra sociedad a los niños, no por ser un proyecto de futuro, sino porque en sí mismos son imagen de Dios. “El que recibe a un niño en mi nombre, a Mí me recibe” (Mt 18,5).

Sin embargo, existen hoy muchos niños, millones de niños, que no solo no son acogidos, sino que son profundamente heridos por los adultos: “Abusos sexuales, instigación a la prostitución, al tráfico y uno de drogas, niños obligados a trabajar, enrolados para combatir, inocentes marcados para siempre por la disgregación familiar, niños pequeños victimas del infame tráfico de órganos y personas”. (Juan Pablo II, Cuaresma 2004). Esta situación es la que trata de corregir la actividad misionera de la Iglesia, previniendo en unos casos con la educación y la salud, curando en otros con el perdón y el amor.

Consigamos, que con nuestra oración sincera y con nuestra generosa aportación económica, la Palabra de Dios, el mensaje del Evangelio, la Luz que brilla en la oscuridad del dolor, del hambre, de la miseria, de la enfermedad, del abandono, de la violencia,… llegue a nuestros hermanos y hermanas de este Continente.

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