SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN, por Manuel Pozo Oller

Diócesis de Almería
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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

San Mateo narra el encuentro de Jesús con sus discípulos antes de regresar a la casa del Padre (28,16-20). Es un pasaje denso del que el profesor y biblista Luis Alonso Schökel escribió que «en el espacio de cinco versos el evangelista condensa lo sustancial de su cristología y eclesiología». En pocas líneas, en verdad, encontramos un resumen de la teología mateana.

La región escogida por el Resucitado para este encuentro está llena de significado. En aquella tierra conocida como las “de los gentiles” había comenzado años atrás su misión. El espacio escénico es el monte, lugar sagrado y de encuentro con Dios, con tantos ecos del viejo testamento. En aquel lugar resonaban todavía el eco de las palabras de Jesús en su carta magna de las bienaventuranzas, programa y guía de su predicación y actuación (cap. 5-7). La coincidencia, por tanto, no es casual. Jesús, en la cena de despedida, anunció a sus discípulos que «después de resucitar, iría a Galilea» para encontrarse con ellos (26, 32).

A fin de cumplir con el deseo del Señor, los once se dirigen a Galilea. Ahora los discípulos diezmados en número, se encuentran con el Resucitado y sus actitudes oscilan entre la adoración y la duda: «se postraron, pero algunos dudaron». La novedad del acontecimiento estriba en que el Resucitado, a pesar de tanto desamor y abandono de sus discípulos, toma la iniciativa y de nuevo «se acerca» y confía en ellos. No cierra puertas, sino que abre corazones. No hay una palabra de reproche, Sus palabras son de sanación. El Maestro, a pesar de las infidelidades, sigue confiando en sus discípulos y, apelando a la autoridad recibida de Dios, les hace colaboradores de su misión universal.

El envío misionero, «id y haced discípulos», se concreta en dos momentos. El primero consistirá en bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El bautismo al que alude el Resucitado inaugura una nueva era de relación con Dios. En poco se parece al bautismo pe­nitencial dispensado por Juan el Bautista (cf. 3,6.11). El don del bautismo se concreta en un segundo momento en el que el discípulo debe conocer las palabras y hechos de Jesús para configurar su vida con la persona y el proyecto del Resucitado.

En este proceso de identificación con el Resucitado, y en su nombre, a través de los tiempos los discípulos de Jesús vienen recibiendo el encargo de «id y haced discípulos», para «bautizar y enseñar».  El Resucitado en este misterio de vida no está ausente: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos». En este domingo de la Ascensión evitemos la tentación de quedarnos plantados mirando al cielo.

Manuel Pozo Oller

Párroco de Montserrat

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