ORACIÓN POR LA PAZ EN UCRANIA

Diócesis de Almeríahttps://diocesisalmeria.org/
La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Esta mañana, algunas de las personas que estamos aquí, hemos rezado:

“Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sobras de muerte para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”.

A veces rezo sin darme cuenta de lo que recito o leo. No sé si os pasará a vosotros. Pero hoy que comenzamos a prepararnos para vivir el amor de Dios, no me han pasado desapercibidas estas palabras diarias.

Nos ha visitado Cristo para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte y para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Muchas veces los judíos y los cristianos que sufrieron en los campos de concentración, en medio de tanto horror y sufrimientos, se preguntaban dónde estaba Dios. Algunos de los que sobrevivieron, anunciaron que Dios estaba sufriendo con ellos. En cada uno de los seres que sufre está Dios, y por eso ésta llamada a la oración, para despertarnos y aprender a descubrir a nuestro Dios en el sufrimiento de los seres humanos. Y gritar con ellos: ¡guía nuestros pasos por el camino de la paz!

Contemplemos en ellos a Cristo sufriente en Getsemaní, en la columna de la flagelación, en el patíbulo de la cruz, y en él veremos a los que sufren la guerra.

Hoy estamos unidos a la comunidad ucraniana que sufre los desastres del monstruo fatal de la guerra. Pero la guerra es un monstruo de muchas cabezas, cuando la personalizamos y decimos ¡La Guerra! Olvidamos a las personas que la provocaron y quizás a las personas que la sufren y todo el coro que la contemplamos impasibles.

Es el resultado de la lucha entre los hombres. Ni con el progreso, ni con la inteligencia hemos podido controlar y su­perar estas catástrofes que tan solo generan destrucción y odio, en pleno siglo XXI.

Es más, nuestra evolución tecnológica, no pone de manifiesto más que el sometimiento del hombre a la máquina, convirtiéndonos también durante la guerra en sus víctimas.

La guerra sólo enriquece y es producida por una minoría selecta que verdaderamente vive a su costa. Sin embargo, para la mayoría que la sufre, la guerra sólo tiene como consecuencia la pobreza, el hambre y la muerte.

Algunos tecnócratas dicen que la guerra, es el pretexto para evitar la superpoblación de la tierra, pero condenan a muerte a muchas personas (que no son ellos) cuya única culpa fue sencillamente haber nacido.

Son esa minoría de poderosos, del signo que sean, los que con su orgullo se sienten artífices de la historia y la cortina de la soberbia les impide ver su propia realidad: ambición, afán de poder, envidia, odio, incomprensión, desigualdad… en el absurdo interés de hacer prevalecer sus ideas.

Es también una cortina de humo para tapar sus propios fracasos políticos y económicos. Distraigamos al pueblo buscando chivos expiatorios.

Y estas son sus credenciales: La ambición, el afán de poder, la desigualdad y el absurdo interés de hacer prevalecer unas ideas. Miles de muertos, ciudades en­teras destruidas, familias sin hogar, es­casez de alimentos, niños abandonados, multitud de odios y un volver de nuevo a empezar.

Además, están aquellos soldados obligados a luchar porque les toca. A algunos les ofrecieron la gloria y sólo encontraron la soledad, la incomprensión y la muerte. Otros encontraron la locura. Hay muchos relatos de soldados que participaron en ellas en el siglo XX y seguimos sin querer aprender. Pido hoy por ellos, por los que defienden su patria, su tierra su hogar, y por los que por la locura de un sátrapa son obligados a luchar.

En la historia siempre ha habido locos que nos gobiernan y un pueblo exaltado o sumiso que les ha sufrido. Por eso es tan importante el discernimiento ante los acontecimientos y ante las personas que llegan a tener todo el poder en sus manos.

Ayer en una viñeta, un niño le decía a su padre: Papá si matamos a los malos quedamos sólo los buenos. Y el padre contesta: no hijo, quedaríamos los asesinos.

La guerra no es más que el re­sultado de una lucha y la semilla de otra.

Pero hoy sólo rezamos, unidos bajo el amparo del Cristo de la Escucha y de Nuestra Señora de Ucrania. Hoy, más que nunca, necesitamos manos que construyan la paz. Escúchanos Jesús, que desde el sufrimiento de la Cruz nos contemplas. Necesitamos inteligencia para trazar caminos para la paz. Escúchanos Madre de Ucrania, rodeada de las flores de la esperanza de una nueva primavera. Necesitamos corazones que acojan y amen a todos los que sufren por causa de esta guerra. Necesitamos bienaventurados pies que pronto, como el mensajero del profeta Isaías, anuncie al mundo la Paz.

Hoy nosotros solo oramos y cantamos, unimos nuestras manos y suplicamos y con vosotros hacemos una sola comunidad. Y pedimos por la paz y la cordura. Por vuestras familias y amistades. Por la libertad.

Santa María de Ucrania, ruega por nosotros.

Señor de la Escucha, óyenos.

+ Antonio Gómez Cantero

Obispo de Almería

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