
En la mañana del Martes Santo, a las 12:00 horas, la diócesis de Almería celebró la Misa Crismal, adelantada respecto a su ubicación litúrgica habitual en la mañana del Jueves Santo. En torno a nuestro obispo, D. Antonio, se congregó una amplia representación del Pueblo de Dios: sacerdotes, religiosos, laicos y también varios sacerdotes estudiantes que, durante estos días, colaboran en las parroquias ante el aumento de celebraciones propias de la Semana Santa.
Durante la celebración se bendijeron los óleos sagrados —de los enfermos, de los catecúmenos y el santo crisma— que serán distribuidos posteriormente a todas las parroquias de la diócesis para su uso en los sacramentos. La Eucaristía estuvo acompañada musicalmente por el cuarteto Anacrosa, que contribuyó a realzar la solemnidad del momento.
En su homilía, nuestro obispo se dirigió de manera especial a los sacerdotes, recordando la reciente beatificación del Cura Valera como modelo también para los presbíteros del siglo XXI. En sus palabras, destacó: “A nosotros nos han ungido las manos. Manos de bautismo, de perdón, de gestos de ternura… estos caminos de misericordia son los únicos que pueden llevar a Cristo y llevar a Cristo a los demás”.
El obispo subrayó que del Cura Valera no recordamos tanto sus palabras como su entrega generosa al pueblo, invitando a los sacerdotes a vivir desde la humildad: “No somos los puros, sino los humildes amigos del Señor, con nuestras carencias y pecados, llamados a vivir el mandamiento del amor y la unidad”. Asimismo, recordó que “una buena conducta vale más que un buen sermón”.
En otro momento, evocó también unas palabras del papa León dirigidas a seminaristas de Murcia y Almería, en las que advertía sobre el peligro de una vida espiritual vacía: “Podemos realizar prácticas intrínsecamente buenas, como la oración o el estudio, pero interiormente pueden estar vacías. La vida espiritual no da fruto por lo que se ve, sino por lo que está arraigado en Dios. Si se descuida, silenciosamente morirá de pie”.
Tras la homilía, los sacerdotes renovaron sus promesas sacerdotales ante el obispo y la comunidad reunida. Antes del rezo del Padrenuestro se bendijo el óleo de los enfermos; después de la comunión, el de los catecúmenos; y finalmente el santo crisma, al que se añadió perfume antes de su consagración, signo de la plenitud del Espíritu.
Al concluir la celebración, el deán de la catedral, Juan José Martín Campa, dio gracias a Dios por los óleos bendecidos y por el cariño que el Pueblo de Dios muestra a sus pastores. En este contexto, se destacó también un gesto significativo: el compositor Don Luis Craviotto hizo entrega al archivo de la catedral de la partitura de la misa titulada “Vosotros que habéis creído”, interpretada durante la celebración. En nombre del presbiterio se le agradeció este generoso regalo, a lo que el autor respondió con sencillez: “Gracias por vuestra vida de sacerdotes”.
Posteriormente, los óleos fueron llevados para su adecuada conservación, desde donde serán distribuidos a todas las parroquias de la diócesis. La jornada concluyó con una comida fraterna en la casa sacerdotal.

