EL CIELO ES GOZAR DE DIOS (III)

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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

La palabra escatología proviene del griego eschaton (último, final) y logos (discurso, tratado); es, por tanto, el discurso sobre el fin de todo lo creado. Así, la escatología es el tratado de las realidades últimas o de la consumación definitiva del mundo y de la vida humana. Es una parte de la teología, que tiene como finalidad el estudio, desde el punto de vista de la fe cristiana, de la forma última de la realidad. En definitiva, se trata de pensar la vida eterna.

Para expresar esa realidad última, la teología ha recurrido a muchas imágenes y metáforas; parusía, apocalipsis (ambos términos provienen del griego) y Juicio final son algunas de las utilizadas.

La palabra parusía (presencia, llegada) se utilizaba en el mundo grecorromano para designar la visita solemne del emperador a una ciudad. El Nuevo Testamento también habla de una visita, de una manifestación futura, gloriosa y definitiva de Jesucristo que significará el final de la historia. Para designar este acontecimiento se ha popularizado la expresión «parusía del Señor». También se utilizan otros términos como «el día del Señor», «el día de Cristo» o simplemente «el día».

En cuanto al término apocalipsis (revelación, dar a conocer), los textos bíblicos, con el género literario apocalíptico, quieren trasladar una perspectiva teológica que denuncia la caducidad del mundo actual, y anuncia el advenimiento de un cosmos radicalmente renovado. En las narraciones apocalípticas del final del mundo, se utilizan imágenes de catástrofes sociales y cósmicas.

No deben interpretarse al pie de la letra. No buscan describir, literalmente, el exterminio del género humano, o relatar exactamente lo que va a ocurrir al final de los tiempos. El objetivo de estas narraciones es dejar claro que la voluntad salvífica de Dios es suscitar el cambio en los corazones, la purificación que dé lugar a un mundo totalmente transformado, a unos «nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia» (2 Pe 3, 13).

En cuanto al Juicio final, para los creyentes, cada persona, después de morir, recibe el balance de su propia vida. Ese juicio lo expresa muy bien el evangelio de Mateo (Mt 25, 31-46) donde aparece un juez que realiza el balance final, que no es como los jueces humanos, sino un Padre misericordioso.

Entonces, ¿qué significado adquiere esta realidad en nosotros? Pues que la medida de ese balance es el amor y la entrega al servicio de todos los necesitados durante esta vida. De tal forma que los que han vivido en el amor ya en esta vida, permanecerán eternamente en el amor de la presencia de Dios.

Jesús García Aiz

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