DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

Diócesis de Almeríahttps://diocesisalmeria.org/
La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Lecturas: Am 6,1.4-7 ¡Ay de los que se sienten seguros! Sal 145. ¡Alaba alma mía al Señor! 1 Tim 6, 11-16. Guarda el mandamiento hasta la manifestación del Señor. Lc 16,19-31. Recibiste bienes, y Lázaro males: ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.

Siempre y también en este día, agradezcamos que la Palabra de Dios abra los ojos de nuestro corazón hacia el sufrimiento que nos rodea, sacudiéndonos de toda tentación de indiferencia. La liturgia de este domingo es expresión celebrativa de la ternura de Dios con quienes sufren y urgente llamada a quienes la vivimos a no permitir que el corazón se nos endurezca ante la desgracia ajena. Al recibir el cuerpo de Cristo nuestra vida ingiere otros cuerpos maltratados por un mundo que en demasiadas ocasiones trata el dolor de forma estadística y que como mero espectador se distancia de la amargura de quien padece. Vivir el misterio de la Eucaristía nos conduce por caminos de honradez, de esperanza, de optimismo comprometido, nos ayuda a crecer en sensibilidad al prójimo que está tendido en el “portal” de nuestro egoísmo.

¿Queremos estar cerca de Dios? ¿Queremos que Dios esté cerca de nosotros? Dios está cerca de los pobres, allí le encontraremos sin duda. Lucas insiste en todo su evangelio en mostrar el rostro misericordioso de Dios con los “abandonados de nuestra historia” (Lc 1,47-55; 6,20-26). ¡El no los abandona ¡Tampoco podemos, ni debemos hacerlo quienes nos llamamos cristianos! El rico no tiene nombre…el pobre si (Lázaro, del hebreo Eleazar, significa “Dios ha ayudado”). Al mencionarlo, rompe la atmosfera de cruel anonimato y aterriza sobre el ser humano concreto. Dios manifiesta plenamente su prioridad. Lázaro no será olvidado, su angustia no desembocará en la nada.  No es un número, no es un usuario, es un ser humano. El relato no nos habla de si es bueno o es malo, sólo que sufre y es invisible. Tampoco sabemos en términos morales si el rico es bueno o es malo, sólo que está centrado en sí mismo y que desconoce la vida de Lázaro. Ambos comparten la realidad que nos empareja a todos, la muerte. Sus destinos sin embargo despegan en direcciones diferentes. Este evangelio nos llama a la conversión. Pidamos a Dios cambiar de actitudes y dejarnos transformar desde lo más profundo de nuestro ser. Que la búsqueda del bienestar no nos ciegue y nos despoje de la compasión debida ante el sufrimiento de los hermanos.

Ramón Carlos Rodríguez García

Rector del Seminario

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