Actos con motivo de la festividad de la Divina Misericordia en la parroquia de santa Teresa

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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

El pasado fin de semana, el Movimiento Apostólico de la Divina Misericordia de Almería ceclebró la festividad que da nombre a esta asociación de fieles, en la parroquia de santa Teresa, sede diocesana del movimiento.

Los actos programados tuvieron como objetivo la difusión de la devoción de la Divina Misericordia, mediante la Vigilia de Oración con Exposición del Santísimo el día 14 a las 21:30h y el rezo de la Coronilla de la Divina Misericordia al día siguiente, a las 20:00h, con la celebración de la santa Misa a renglón seguido.

La Fiesta de la Divina Misericordia coincide con el II domingo de Pascua y es una celebración que fue incorporada al calendario litúrgico por el Beato Juan Pablo II, el día de la canonización de Santa Faustina Kowalska, «Apóstol de la Divina Misericordia», el día 30 de abril del año 2000. Lo bautizó como «Domingo de la Misericordia Divina».

Dentro de las revelaciones personales que Santa Faustina tuvo y que escribió en su diario, aparecen citas en las que Jesús le habla acerca de esta Fiesta: «Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia» (Diario, 699). En otro pasaje del diario Jesús le expresa «Deseo conceder el perdón total a las almas que se acerquen a la confesión y reciban la Santa Comunión el día de la Fiesta de Mi Misericordia» (Diario, 1109).

Según el Beato Juan Pablo II, beatificado en el «Domingo de la Misericordia Divina» del año pasado: «La Divina Misericordia es la luz que ilumina el camino del pueblo del tercer milenio», «Aparte de la Misericordia de Dios no hay otro camino de esperanza para la humanidad», «Ha llegado la hora en que el mensaje de la Divina Misericordia necesita llenar los corazones de esperanza y ser la chispa que encienda una nueva civilización: la civilización del amor».

Benedicto XVI, en términos semejantes, ha expresado la misma convicción: «¿Cuántos, también en nuestro tiempo, buscan a Dios, buscan a Jesús y a su Iglesia, buscan la Misericordia Divina, y esperan un «signo» que toque su mente y su corazón?».

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