La parroquia de Lanteira celebró, un año más, la fiesta de su patrón, el Santo Cristo de las Penas. Fue el 14 de septiembre, como manda la tradición y como se celebra, además, en el calendario litúrgico, en la Fiesta de la Exaltación de la Cruz. Presidió la celebración en este día grande el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco.
En Lanteira, las fiestas patronales tienen dos días en los que la devoción está tan presente que llena las jornadas. El primero de esos días siempre es el 13 de septiembre, en el que la ofrenda y una primera procesión permiten que los lanteiranos expresen su fe en el Santo Cristo de las Penas.
Pero el día grande es el 14 de septiembre. Ese día hay Misa solemne y dos procesiones, una por la mañana y otra por la noche, en las que el pueblo de Lanteira arropa al Santo Cristo.
Este año, ha presidido la Misa y ha predicado el obispo D. Francisco Jesús Orozco, que habló del Santo Cristo, del sentido de la Cruz y de la devoción que vive Lanteira. Concelebró el párroco, José Antonio Robles.
Monseñor Orozco, recordando el lema del reciente viaje apostólico del papa León XIV a España, invitó a «elevar la mirada” a Cristo crucificado, que sana, que da paz y que ayuda a soportar la carga de tantos dolores que azotan la vida del hombre en la tierra.
Como recuerda el sacerdote Alfonso José García, maestro de ceremonias que acompañó al obispo, D. Francisco Jesús llamó a descubrir en las heridas de Cristo el amor de Dios. La Cruz queda santificada con su sangre y pasa a ser árbol de vida —vino a decir el prelado— dejando de ser instrumento de muerte. Por eso, dijo, hemos de mirar el estandarte de la Cruz y, en él, descubrir a un Dios que lo da todo. E invitó a los lanteiranos a no olvidar las acciones del Señor, como dice el Salmo, a no olvidar todo lo que el Cristo de las Penas ha hecho durante tantos siglos por este su pueblo.
Terminó el obispo la homilía recordando al beato y mártir Manuel Medina Olmos, hijo de este pueblo, y cómo, en la contemplación del Cristo, fue capaz de afrontar el martirio. Y pidió su intercesión por este pueblo, al que animó a encomendarse siempre al beato mártir, su paisano y protector.
Tras la Misa, el obispo presidió la procesión por las calles del pueblo. A su paso por la casa donde nació el beato Manuel Medina Olmos, D. Francisco Jesús Orozco hizo, de nuevo, una oración por el pueblo de Lanteira, encomendándolo al beato.
Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

