HOMILÍA DE NUESTRO OBISPO EN LA DEDICACIÓN Y BENDICIÓN DEL SANTUARIO DEL SALIENTE

Diócesis de Almería
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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Ez 33,7-9 + Ap 11,19ª-12,1-5 + Sal 94 + Mt 18,15-20 Domingo 23 del Tiempo Ordinario

Querida comunidad reunida para glorificar a Dios por el esplendor de esta casa de oración, en torno a la “Pequeñica”, la Virgen de los Desamparados del Saliente.*

SALUDOS:  Sra. Alcaldesa y Autoridades locales, comarcales, provinciales, autonómicas y nacionales. Arquitecto, Maestro de obras, Secretario de la Fundación-Patronato, Camarera Mayor, Guardia Civil. Especialmente querido y admirado Andrés Ga Ibáñez, que has puesto tanta pasión en esta Obra Magna, que sorprenderá y alabaran las distintas generaciones. Queridos sacerdotes: Vicario General. Querido Antonio Saldaña, Rector y alentador de este Santuario. Servidores del altar. Coro y Músicos. Hermanas y hermanos que estáis siguiendo la emisión en directo de esta celebración.

Hoy más que nunca: Paz en el corazón y alegría en la mirada.

El Libro del Apocalipsis, tan magníficamente reflejado en las paredes de nuestro santuario, es como una gran Opera, al mismo tiempo desconcertante y seductora. La visión del apóstol Juan sintetiza, a lo grande, el mensaje que Dios quiere revelar a las Iglesias perseguidas (bajo el numero 7 que significa totalidad y plenitud) como si se tratara de un evangelio eterno, también para la Iglesia de hoy. Es un canto a la ESPERANZA en medio del sufrimiento. Nos enseña que Iglesia asociada a la persona y a la obra de Cristo, sigue los pasos de su Señor: profecía, martirio, triunfo y glorificación. Así, la Iglesia, en cada momento de la historia sabrá interpretar sus sufrimientos. Toda la revelación del libro es una teología de la historia: nos interesa, sobre todo, el sentido teológico sobre lo que sucede o va a suceder. En el fondo, nos enseña a contemplar, con la mirada de Dios, todos los sucesos históricos que rasgan nuestra vida. Para descubrir esta mirada debemos profundizar sobre la numerosa simbología, que le da un valor en el tiempo y en el espacio, universal y concreto, para el creyente de hoy.

Para nosotros es conmovedor el capítulo 12, justo en el eje del libro. Como si de un antes y un después se tratara. Parte de él hemos proclamado en la segunda lectura, cuando: “ 11,19a Se abrió en el cielo el Templo de Dios. 12,1Apareció una figura prodigiosa: una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y la cabeza coronada por doce estrellas, 2 a punto de dar a luz, con dolores de parto. -Y después- 8 el dragón vencido. -Y el mismo libro nos aclara- 9 era la antigua serpiente, la que tiene por nombre Diablo y Satanás. 17 Como fracasó con la mujer, se fue a hacer la guerra contra sus hijos, es decir, aquellos que cumplen los mandamientos de Dios y se mantienen como testigos fieles de Jesús”.

Os dije que es conmovedor este capítulo 12 del Apocalipsis porque la mujer es María, que engendra al Príncipe de la Paz, Cristo, y a su Iglesia, nosotros, los hijos que debemos luchar contra el padre de la mentira, el acusador, el que nos divide, la antigua serpiente del árbol del Edén. Esta es nuestra “Pequeñica”. En su pequeñez está la grandeza del designio de Dios.

El Evangelio de hoy (Mt 18,15-20) nos ayuda a entrar en la comunidad cristiana de San Mateo y nos plantea uno de sus problemas: la conducta de algunos de sus miembros que no actuaba conforme a las enseñanzas de Jesús. Y esto hace daño al conjunto de la comunidad. Otra vez, el padre de la mentira, el que divide. Para poner remedio, el evangelista, trae a la memoria las palabras de Jesús: “si tu hermano peca, repréndelo a solas…” 15 y continúa diciendo los pasos precisos que había que seguir en tales circunstancias. La comunidad, por su bien, debía de tener unas normas que ayudasen a salvar y recuperar a uno de sus miembros. Se trata de la corrección fraterna.

El amor sincero entre unos y otros facilita el diálogo y la comprensión y entonces es todo más sencillo y posible. La vida comunitaria es más fluida, todo es más trasparente. Con el amor, el Espíritu de Jesús ilumina nuestro interior y es posible un cambio de conducta.

Pero cuando vemos que nuestros esfuerzos no dan resultados ¿qué hacer?… ¡Aumentar nuestra atención y nuestro amor! Es una llamada para nuestra iglesia también. Mirad que el amor es más fuerte que todas las razones del mundo. El amor al otro y el ejemplo, son condiciones necesarias para poder ayudar eficazmente a los demás. Mucho más que mil palabras, mucho más que cualquier discusión o razonamiento.

Además de nuestro esfuerzo, debemos de comunicar al Señor lo que nos pasa y orar confiadamente. Es muy importante en estos asuntos, y en toda la vida comunitaria, la oración personal y en grupo… para dejar la puerta abierta el Espíritu Santo. La presencia de Jesús entre nosotros hará crecer el amor fraterno y nos ayudará a encontrar una salida en las situaciones más complicadas. El amor fraterno, la unidad, es el motor de la evangelización. ¡Mirad como se aman! decían de los primeros cristianos. A veces, los creyentes transmitimos más tristeza que alegría, más angustia que esperanza, más división que vida comunitaria. Si es así no nos extrañemos que a los demás les cueste creer.

La buena noticia del Evangelio de hoy es esta: que es posible una constante renovación personal y comunitaria, y no sólo es posible, sino que es necesaria. Tenemos que hacer que la vida de nuestras parroquias sea más evangélica, comunidades discípulas de Cristo. Que nuestras celebraciones sean más vivas y profundas. Que la alegría de creer en Jesús sea fuente de trasformación personal y social. Que nuestra entrega y servicio a los más necesitados sea testimonio de la misericordia de Dios entre los hombres.

Hemos abierto con solemnidad las puertas de este renovado y resplandeciente Templo, bajo la mirada de la Mujer del Apocalipsis, nuestra “Pequeñica”, ungimos su altar y sus muros, damos gracias a Dios por la visión que tuvo el obispo Claudio Sanz y Torres, damos gracias también por el empeño de todas las personas que, de una manera y otra, habéis conseguido tanta grandiosidad. Que este sea un espacio para los que peregrinen buscando la UNIDAD y la ESPERANZA, porque el que divide ha sido vencido por la SEÑORA. Ella es el GRAN SIGNO y nosotros sus hijos desamparados. “Donde dos o más estéis reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de vosotros” 20. Cristo está hoy con nosotros.

Finalizo con el grito con el que termina el libro del Apocalipsis 22, 20b-21: ¡Ven Señor Jesús!  -Y añade- Que la Gracia de Jesús, el Señor, esté con todos vosotros. Amén.

Albox, 6 de septiembre de 2026

+ Antonio, vuestro obispo

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