El próximo sábado 29 de agosto a las 19:30h., justo una semana antes de la reapertura de su templo, el Santuario Diocesano del Saliente oficia la bendición de la Cocina histórica y presenta un libro gastronómico, que recoge una experiencia culinaria de tres siglos.
Una cocina de tres siglos
Decía la gran santa Teresa de Jesús que «entre los pucheros anda el Señor» y en el Santuario Diocesano del Saliente, que vive los últimos días ante de la reapertura de su iglesia, se lo han tomado a rajatabla. Por eso, desde 2023, varios técnicos y un nutrido grupo de voluntarios han estado trabajando para devolver su esplendor a la cocina histórica del Santuario. Tras la rehabilitación de rigor, se ha desarrollado un serio estudio etnográfico que permite contemplarlo tal y como sería hace tres siglos.
Esta amplia estancia fue levantada, entre 1764 y 1774, para cocinar los alimentos de obispos, capellanes, ermitaños y peregrinos. Protagonizada por una enorme chimenea, en la que se acodan varios fuegos y hasta un horno, cuenta con dos alacenas de obra y multitud de enseres. Utensilios y mobiliario de cocina que, repartidos por toda la habitación, hablan de épocas pasadas. Una enorme grabado de la Pequeñica de 1864, como no podía ser de otra forma, lo presidió todo.
Aunque hasta el próximo sábado no será inaugurada oficialmente, son ya muchos los que han podido disfrutarla. El ermitaño Juan Pedro Martínez Conchillo, que ha guiado a varios de estos grupos, afirma: «Los visitantes que ya la han visto, en varios pases previos, están encantados. Ya la recordaban de antes y nos preguntaban mucho por verla. Pero ahora, cuando descubren lo bien que están, se quedan maravillados. Para los más mayores, es un recuerdo de sus abuelos y la vida en el campo. Los jóvenes se muestran fascinados, como si entraran en un mundo extraño y hay que explicarles para qué sirve cada cosa».
Un cúmulo de donaciones y una joya de 1756
Como ya se ha dicho este trabajo ha sido realizado, en su porción mayoritaria, por los propios voluntarios del Santuario. Como advierte el Clavario, Pedro Manuel López Navarro: «Con la práctica totalidad de nuestros recursos destinados a concluir la rehabilitación y ornamentación del templo, los voluntarios se han esforzado con enorme generosidad. A excepción del trabajo de los técnicos, la casi totalidad del esfuerzo ha corrido de su parte. Ellos mismos han recopilado los enseres históricos y los han restaurado con sus propias manos».
Quizás por eso, la renovada cocina tenga ese ambiente tan entrañable y trasmita el esmero que la ha devuelto a la vida. Bajo las órdenes de la voluntaria María del Carmen Martínez Ruiz, se han entregado más de una quincena de voluntarios más. Ya sea con la búsqueda o donación de enseres, como en la restauración o disposición de los mismos. Una de estas voluntarias, Aurora Conchillo Jiménez, dice: «No queríamos una estancia vacía o de aspecto frío. Los visitantes y peregrinos quieren conocer cómo era la vida en el Santuario, así que hemos tratado de que la perciban por sus propios ojos. El proceso ha sido precioso. Al principio pedíamos las piezas. Pero, cuando la gente descubrió que eran para el Santuario, nos las ofrecían con gran emoción. Muchos nos decían que, de esta forma, honraban la memoria de sus antepasados. También nosotros le hemos cogido cariño, pues todos han pasado por nuestras manos y los hemos restaurado con mucho amor».
Una de los objetos más valiosos es un ejemplar, de 1756, del libro “Arte de cocina, pastelería, vizcochería y conservería” de Francisco Martínez Montiño. Este antiguo recetario fue escrito en 1623 por Francisco Martínez Montiño, que fuera cocinero mayor de los reyes españoles de Felipe II, Felipe III y Felipe IV. Esta joya literaria, que va más allá de la colección de recetas, fue donada por Aurelia Carillo Carrillo en 2024.
“La cocina del saliente”
Buena parte del trabajo de investigación que precedió y condujo la restauración de la cocina histórica del Santuario, se ha consignado en el libro “La Cocina del Saliente. Consideración y recetario de la cocina del Santuario Diocesano del Saliente” que escribió el rector, Antonio Jesús María Saldaña Martínez, y publica la Fundación de Arte Ibáñez – Cosentino. El prólogo corre a cargo de la camarera mayor, Pilar Alfonso Rodríguez.
En esta obra, editada en un formato cómodo y elegante, contiene un pequeño ensayo y hasta ochenta y cuatro recetas. Todas estas fórmulas, expresadas en criterio actual, tratan de recoger la herencia gastronómica de los cortijos de la sierra de las Estancias. Al«Yo mismo me sorprendí de verme envuelto en este proyecto, pero reparé en la hondura de las raíces espirituales de nuestro modo de cocinar. Entonces caí en la cuenta de que el mismo Jesucristo fue cocinero, pues las Sagradas Escrituras afirman – al meno una vez- que Jesucristo cocinó pescado a sus apóstoles».
Uno de los mayores encantos del libro es que todas sus ilustraciones reproducen obras pictóricas de Andrés Garcíá Ibáñez. Si bien algunas pertenecen a óleos de hechura, la mayoría han sido pintados especialmente con esta finalidad. Como recuerda la Camarera Provisora, María José Serrrano Pardo: «Durante tres sábados consecutivos, hemos estado cocinando un contundente menú con las recetas del libro. Subíamos los platos al Santuario y Andrés las pintaba en la saleta. Luego él y los demás voluntarios intentaban comérsela, pero es una cocina contundente y no les alcanzaba. Así que había comida para varios días. Eso sí, siempre nos aseguraban de que estaba deliciosa».
Por tanto, desde este sábado el libro se podrá adquirir, en el mismo Santuario del Saliente y colaborar con sus gastos. Así mismo, los grupos que lo deseen podrán admira la cocina previa notificación.


