Con la Noche de la Aparición comienza la cuenta atrás hacia el VIII Centenario, con María como signo de esperanza

Diócesis de Jaén
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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

El Santuario de la Virgen de la Cabeza volvió a convertirse en el centro de la devoción mariana del Santo Reino con motivo de la celebración de la tradicional Noche de la Aparición, una de las citas más significativas del calendario de la Basílica y Real Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza. Este año, la celebración adquiere un significado especial al conmemorarse el 799º aniversario de la Aparición de la Virgen, en el camino hacia el octavo centenario, que tendrá lugar el próximo año.

La noche reunió a numerosos fieles y peregrinos que quisieron acercarse hasta el Cerro del Cabezo para vivir una jornada marcada por la oración, la convivencia y la devoción a la Morenita. Familias, grupos de peregrinos y miembros de las distintas cofradías se hicieron presentes en un ambiente de profunda emoción, recordando aquella noche de 1227 en la que, según la tradición, la Virgen se manifestó al pastor de Colomera, Juan de Rivas.

La celebración volvió a poner de manifiesto la fuerza de una devoción que, casi ocho siglos después, continúa transmitiéndose de generación en generación. La Noche de la Aparición constituye cada año una oportunidad para renovar la fe y para poner bajo la protección de la Virgen de la Cabeza las esperanzas, preocupaciones y proyectos de tantos hombres y mujeres que acuden a Ella.

Pasadas las 23:30 tuvo lugar el traslado de la imagen de “La Morenita” desde su Camarín hasta el altar efímero donde se iba a celebrar la Eucaristía. Junto a los padres Trinitarios que custodian el Santuario, numerosos presbíteros diocesanos y un nutrido grupo de seminaristas quisieron compartir la Mesa del Señor.

La música tuvo también un protagonismo especial durante la celebración. El Coro Romero Rosa de Abril de Torredelcampo fue el encargado de acompañar con sus cantos esta noche tan señalada. Sus voces contribuyeron a crear un ambiente especialmente emotivo entre los peregrinos congregados en el Santuario.

El Obispo de Jaén, Monseñor Sebastián Chico Martínez presidió la celebración eucarística, quien vinculó en su homilía la tradición de la Aparición con el acontecimiento astronómico vivido durante esa jornada: un eclipse de sol. Tomando como referencia la imagen del Apocalipsis «una mujer vestida del sol», el Prelado del Santo Reino invitó a contemplar a María desde su relación inseparable con Cristo.

«María no es el Sol. El Sol es Cristo. Ella está revestida de su luz. Toda su grandeza consiste en haber acogido a Cristo y entregárnoslo», afirmó el Obispo, subrayando que la verdadera devoción mariana conduce siempre a Jesucristo.

El eclipse se convirtió así en una imagen para hablar también de las oscuridades que atraviesa el mundo. Monseñor Chico Martínez recordó las guerras, los desastres naturales, los incendios y, de manera especial, la situación migratoria y humanitaria de Ceuta. Junto a estas realidades, señaló otras oscuridades más cercanas que afectan a muchas personas: la enfermedad, la soledad, las dificultades familiares, la incertidumbre de los jóvenes o la crispación social.

Ante todas ellas, el obispo recordó que «aunque no veamos la luz, Dios no nos abandona», evocando la presencia de María al pie de la cruz cuando todo parecía perdido. La esperanza cristiana, señaló, nace de la certeza de que Cristo ha vencido a la muerte: «La última palabra pertenece a Cristo resucitado».

La homilía tuvo también una marcada dimensión social. A partir de la afirmación de Isaías de que la casa de Dios será «casa de oración para todos los pueblos», Don Sebastián recordó que durante casi ocho siglos hombres y mujeres de procedencias y circunstancias diversas han llegado hasta el Santuario, porque «Ante una Madre caben todos sus hijos», afirmó.

Desde esta perspectiva, invitó a que la devoción a la Virgen se traduzca en una mayor sensibilidad hacia quienes sufren. «No podemos llamarla Madre y cerrar los ojos ante quien sufre», señaló, mencionando entre ellos al pobre, al inmigrante, al enfermo, al anciano que vive solo o a quien necesita ser escuchado y acogido. En este sentido, subrayó que «la piedad popular es verdaderamente cristiana cuando nos acerca a Dios y, al mismo tiempo, nos hace más hermanos de todos».

Camino hacia el VIII Centenario

La celebración de este 799.º aniversario ha servido también para poner la mirada en el acontecimiento que vivirá la Diócesis de Jaén en 2027. El obispo recordó que se está a un año del VIII Centenario de la Aparición y a pocos meses del comienzo del Jubileo Diocesano concedido con motivo de esta efeméride.

En este camino, Monseñor Chico Martínez destacó el recorrido realizado por la Imagen Peregrina de la Virgen de la Cabeza, que durante los últimos meses ha visitado pueblos, ciudades, parroquias, familias, enfermos y mayores de la diócesis. Una experiencia que calificó como una auténtica «Misión Mariana», llamada a fortalecer la fe y a impulsar la conversión y la misión.

Ahora, afirmó, el mensaje cambia de dirección: «Os toca a vosotros poneros en camino y llevar esperanza allí donde comienza a instalarse o está presente la oscuridad». Para el obispo, este debe ser uno de los frutos principales de la Misión Mariana y del próximo año jubilar.

En la recta final de la celebración, invitó a no reducir el Jubileo a la preparación de actos, peregrinaciones o conmemoraciones históricas. «El verdadero Jubileo comienza cuando cada uno se pregunta delante de Dios: Señor, ¿qué quieres de mí?», afirmó, presentando el «sí» de María como modelo para los creyentes.

La Noche de la Aparición concluyó con una mirada puesta en el futuro y en la esperanza. «Podrán llegar eclipses y oscuridades, pero hay una certeza que ningún creyente debe olvidar: Cristo sigue brillando. Cristo ha resucitado. Cristo es nuestra esperanza», recordó el Obispo.

Así, a las puertas del VIII Centenario, el Cerro del Cabezo volvió a ser lugar de encuentro para miles de corazones que miran a María como Madre y que, a través de ella, quieren seguir encontrándose con Cristo, la verdadera Luz del mundo.

Tras la celebración de la Misa pontifical, la Virgen de la Cabeza, recorrió, portada por sus anderos, el lugar en el que la noche del 11 al 12 de agosto se apareció a un humilde pastor para convertirse en Madre y anhelo de generaciones enteras de jiennenses.

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