

Titulado “Un Faro de Luz en Andalucía” está escrito por el padre Rafael Romero Pavón
Siempre estamos en enhorabuena cuando nace un libro y mucho más cuando se trata de la Venerable Madre Antonia de Jesús, Agustina Recoleta, fundadora del convento Jesús Nazareno en Chiclana y del convento de Jesús, María y José en Medina Sidonia. Y cuyo proceso de beatificación está en marcha desde hace varios años.
La Madre Antonia, después de fundar dos conventos en Granada, vino a Chiclana el 25 de Diciembre de 1.666 para fundar el convento de Jesús Nazareno, donde permaneció 23 años de su vida.
Hoy vivimos inmersos entre nieblas y oscuridades, como casi en todas las épocas, que no nos hacen ver claro el camino hacia aquellos valores que nos hacen ser más humanos y más cristianos. La Madre Antonia, desde su vida de clausura no le fue un impedimento para ser Faro de Luz a cuantos se acercaban a su locutorio: Gente sencilla, amas de casa, labriegos, caballeros y comerciantes.
Este libro trata de relatar con un lenguaje sencillo, las vicisitudes que logró superar la Madre Antonia. Vicisitudes superadas gracias a su enamoramiento de Dios.
Siempre las almas de los santos iluminan nuestra senda y de ellos aprendemos humildemente.
Señalaré algunos de los motivos por los que soy un admirador y devoto de esta mujer de vida austera y de vocación convencida.
En primer lugar, su convicción. Cuando uno está convencido de lo que Dios te pide, seguro que habrá que sortear inconvenientes, dudas, trabajos y sacrificios, pero ahí está la grandeza de nuestra respuesta fiel. La Madre Antonia era capaz de dar su vida antes que no ser fiel a la llamada de Dios. Estaba convencida de que era llamada a fundar conventos para que en ellos se glorificara Dios.
En segundo lugar, su tenacidad. A la convicción le sigue la tenacidad, nunca la Madre Antonia dio un paso atrás. Ante un serio problema, se paraba, oraba, esperaba, consultaba y siempre Dios le daba la respuesta adecuada. “Con paciencia todo se alcanza”, decía ella. La Madre Antonia es un estímulo para superar, a veces, nuestras dudas y fragilidades. Nunca un paso atrás.
En tercer lugar, su espiritualidad eucarística. No era común recibir la eucaristía diariamente, tras alguna negativa por parte de algunos clérigos, luchó y consiguió recibir al Señor en la comunión diaria. Cuando fundaba un convento y lo tenía todo preparado, solicitaba a la autoridad eclesiástica permiso para tener permanentemente a Jesús en el sagrario. La Eucaristía era el surtidor de su fortaleza. Duro es a veces nuestro camino y necesitamos alimentarnos con el Pan Eucarístico y así recobrar fuerzas.
El libro se puede encontrar en la librería diocesana junto a la sede del Obispado de Cádiz y Ceuta.

