
Hoy el corazón se nos ha encogido al conocer la tragedia del incendio que ha segado la vida de, al menos, doce personas en nuestra tierra.
No hay palabras que puedan aliviar un dolor tan inmenso. Solo queda el silencio, la oración y la cercanía. Quiero hacer llegar mi abrazo más sincero a las familias de los fallecidos, a quienes esperan noticias de sus seres queridos, a los heridos y, de manera especial, a los vecinos de Bédar y Los Gallardos, que viven estas horas con una angustia difícil de expresar.
Cuando la muerte irrumpe de forma tan cruel, la fe no elimina las lágrimas y el dolor, pero nos sostiene para no perder la esperanza. Creemos que Dios no permanece lejos del sufrimiento humano, sino que lo abraza y camina con nosotros en las noches más oscuras. Él conoce cada nombre, cada historia y cada vida truncada.
Pido a todas las comunidades cristianas de nuestra diócesis que recen por las víctimas, por sus familias y por quienes están trabajando sin descanso en las labores de auxilio y atención.
Que Santa María, Madre del Consuelo, nos sostenga ante la tragedia y el dolor y nos ayude a todos a ser instrumentos de cercanía, ayuda y esperanza.
* Antonio Gómez Cantero, Obispo de Almería

