Celebración del 775 aniversario de la restauración del culto cristiano en Sanlúcar la Mayor

Celebración del 775 aniversario de la restauración del culto cristiano en Sanlúcar la Mayor (29-06-2026)

 

Solemnidad de los santos Pedro y Pablo, apóstoles.

Iglesia de San Pedro de Sanlúcar la Mayor.

Saludos. Queridos hermanos y hermanas: Nos hemos reunido en esta iglesia de San Pedro para dar gracias a Dios. Y no se trata de una acción de gracias cualquiera. Hoy, en la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, la comunidad cristiana de Sanlúcar la Mayor conmemora setecientos setenta y cinco años de la restauración del culto cristiano en esta villa, vinculada por la tradición local y por la historia del templo a la toma de la ciudad en 1251 y a la consagración cristiana bajo la advocación de San Pedro.

Hacemos memoria agradecida. Damos gracias a Dios porque, desde aquel lejano 1251 hasta hoy, el nombre de Jesucristo ha sido anunciado en esta tierra, se ha celebrado la Eucaristía, se ha predicado la Palabra, se ha administrado el Bautismo, se han perdonado los pecados por el sacramento de la Penitencia, se ha bendecido el amor de los esposos, se ha consolado a los enfermos y se ha despedido cristianamente a los difuntos.

Las lecturas de esta solemnidad nos ayudan a comprender lo que celebramos. San Pedro aparece en los Hechos de los Apóstoles encarcelado. Humanamente, su situación parece acabada, pero la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él, y el Señor lo libera de las cadenas (cf. Hch 12, 5-11). San Pablo, por su parte, al final de su vida puede decir con serena firmeza: «He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe» (2 Tim 4, 7). Y en el Evangelio escuchamos la confesión decisiva de Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16). Sobre esa fe confesada, el Señor edifica su Iglesia.

Aquí está el centro de todo. La Iglesia no se sostiene ante todo sobre piedras, muros, archivos o recuerdos, aunque todo eso tenga valor. La Iglesia se edifica sobre Cristo, confesado con la fe de Pedro, anunciado con el ardor de Pablo, vivido en la comunión de los santos y transmitido de generación en generación. Por eso, al celebrar hoy este aniversario, no damos gracias sólo por un hecho histórico importante para Sanlúcar la Mayor. Damos gracias porque esa misión apostólica ha permanecido viva aquí durante siglos. Ha habido épocas mejores y peores. Ha habido fervor y también tibieza. Ha habido generosidad y también pecado. Pero el Señor no ha abandonado a su pueblo. Ese es nuestro consuelo y esperanza.

Pedro y Pablo son dos figuras distintas, con temperamentos diversos, con caminos diferentes. Y, sin embargo, ambos sirven a la misma Iglesia y dan la vida por el mismo Señor. Benedicto XVI dijo bellamente que en ellos aparece “un modo nuevo de ser hermanos, vivido según el Evangelio” (Homilía, 29 de junio de 2012). Y el Papa León XIV, en la solemnidad de estos mismos apóstoles, subrayó dos claves de su testimonio: la comunión eclesial y la vitalidad de la fe; una comunión que une las diversidades y crea puentes de unidad en la variedad de los carismas, de los dones y de los ministerios.

¡Qué actual es esto para nosotros! Un aniversario como el de hoy no se reduce a la nostalgia. Nos mueve a cuidar la comunión y a reavivar la fe. No basta decir: “Aquí hubo una gran historia cristiana”. La pregunta es otra: ¿hay hoy una comunidad viva, una fe confesada y vivida, familias cristianas, jóvenes que escuchan la llamada del Señor? ¿Hay hoy amor a la Iglesia, deseo de santidad, vida sacramental seria, caridad con los pobres? Ahí se juega la verdad de esta conmemoración. Este día es santo no sólo por lo que ocurrió, sino por lo que sigue produciendo en la Iglesia. También para Sanlúcar la Mayor esta fecha debe ser santa, no sólo por lo que pasó en 1251, sino por lo que hoy Dios quiere seguir obrando en esta parroquia, en esta ciudad y en sus fieles.

Hoy conviene dar gracias por nuestros mayores en la fe. Por tantos sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos que mantuvieron encendida la lámpara. Por tantas madres y abuelas que enseñaron a rezar. Por tantos padres que transmitieron honradamente la fe. Por cuantos sostuvieron el templo, las cofradías, la catequesis, la caridad y la vida cristiana cotidiana. La fe de un pueblo no se improvisa. Se recibe, se custodia y se entrega. Pero junto a la gratitud ha de haber también conversión. No podemos contentarnos con honrar el pasado si descuidamos el presente. Esta solemnidad de Pedro y Pablo nos llama a volver a lo esencial. Pedro nos enseña a confesar con claridad quién es Jesús. Pablo nos enseña a gastar la vida por el Evangelio. Y ambos nos enseñan que no hay fecundidad cristiana sin cruz, sin perseverancia y sin amor a la Iglesia.

Sanlúcar la Mayor necesita hoy cristianos firmes, llenos de caridad, que amen su tradición, que recen, que se formen, que participen de la Eucaristía dominical, que vivan reconciliados con Dios y que den testimonio en la familia, en la calle, en el trabajo y en la vida pública. Eso será la mejor manera de honrar estos 775 años. Además, esta conmemoración se celebra en un templo que es signo visible de continuidad. Esta iglesia de San Pedro, levantada en el siglo XIII sobre parte de la antigua mezquita, no es sólo un monumento valioso del mudéjar sevillano; es un testimonio de cómo la fe cristiana tomó cuerpo en este lugar y lo fue configurando a lo largo del tiempo. Las piedras hablan, sí; pero sólo hablan de verdad cuando hay un pueblo creyente que ora dentro de ellas.

Pidamos hoy a los santos Pedro y Pablo que intercedan por esta comunidad. Que san Pedro nos alcance una fe firme, confesante y humilde. Que san Pablo nos alcance celo apostólico, valentía misionera y amor apasionado a Cristo. Que san Fernando, cuya memoria histórica está unida a esta restauración del culto cristiano, nos obtenga fidelidad en la fe y fortaleza en el servicio de Dios. Y que la Santísima Virgen María, Reina de los Apóstoles, Nuestra Señora de Fuentes Claras, nos enseñe a acoger, custodiar y transmitir el Evangelio. Demos gracias al Señor por el pasado. Vivamos con fidelidad el presente. Y miremos al futuro con esperanza sobrenatural. Porque el mismo Señor que sostuvo a Pedro en la prisión, que fortaleció a Pablo en el combate y que ha acompañado a esta comunidad durante siglos, no dejará de asistir a su Iglesia. Cristo permanece. Su gracia no se agota. Su misericordia no falla.

Que esta Eucaristía sea, pues, acción de gracias sincera y renovado propósito de fidelidad. El lema que habéis elegido para esta efeméride es “iuxtam dominican viventes”. Se trata de una frase de san Ignacio de Antioquía que significa “viviendo según el domingo”, “viviendo según el día del Señor”. Hace referencia a la celebración de la Eucaristía en el primer día de la semana, que marca el ritmo de la vida del cristiano en torno a la Resurrección. Eso significa vivir según las enseñanzas y el ejemplo de Cristo: Significa ajustar la vida cotidiana a los mandamientos, la moral y el amor de Nuestro Señor Jesucristo. Que dentro de muchos años pueda decirse también de nosotros que no recibimos en vano la herencia cristiana, sino que la custodiamos con amor, la vivimos con verdad y la transmitimos con valentía. Así sea.

Monseñor José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

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