El pasado viernes, la Casa de la Iglesia acogía el fin de curso 2025-2026 de la Curia diocesana. Un momento para dar gracias a Dios por los últimos nueve meses, en los que han sido muchas las gracias derramadas en esta Iglesia de Jaén.
Un curso que comenzaban con la celebración de la procesión Magna, enmarcada en el Jubileo de la Esperanza, que concluía en diciembre. La celebración de la beatificación de Manuel Izquierdo, Antonio Montañés y 122 compañeros mártires, en la Catedral, el pasado 13 de diciembre; y que continuó con la Misión mariana de la Virgen de la Cabeza como preámbulo a su Año Jubilar, con motivo del 800 aniversario de la Aparición. Todo ello bajo el hilo conductor del Plan de Pastoral, que este año ha estado dedicado, de manera especial a la corresponsabilidad y el liderazgo.
La primera parte de la mañana fueron los delegados y directores de secretariados los que se reunieron con el Obispo, Monseñor Chico Martínez y el Vicario General para hacer balance del trabajo realizado a lo largo del curso.
En este sentido, el Obispo dio las gracias a los responsables de las distintas áreas por el desempeño de su labor con espíritu de servicio y actitud sinodal: “Gracias por vuestra presencia, por el camino compartido y por el trabajo realizado desde las distintas Delegaciones episcopales, Secretariados y servicios de nuestra Curia diocesana, a lo largo de este curso. Muchas veces es un trabajo discreto, silencioso, poco visible, pero profundamente necesario para que nuestra Iglesia de Jaén pueda servir mejor, evangelizar mejor y acompañar mejor a las personas y comunidades”. Además, Don Sebastián, expresó: “Miramos ahora al próximo curso pastoral. Después de haber trabajado el primer anuncio, el discipulado, la corresponsabilidad y el liderazgo, nos adentraremos especialmente en una cuestión decisiva: la misión y la presencia pública de los laicos en el mundo. La fe no puede quedar encerrada en los templos ni reducida a los espacios internos de la Iglesia. El Evangelio tiene algo que decir en la familia, en el trabajo, en la educación, en la cultura, en la política, en la economía, en los medios de comunicación, en la acción social y en la defensa de la dignidad de toda persona”.
Tras la primera parte de trabajo, la Capilla mayor acogió un rato de oración ante el Santísimo, dirigida por el Vicario Gral. D. Juan Ignacio Damas. A la misma se unió toda la Curia diocesana y los trabajadores del Obispado. La adoración sacramental, la acción de gracias y la meditación personal sirvieron a laicos y sacerdotes a poner ante el Señor todo el curso y pedir por el que dará comienzo en septiembre.
En su intervención, de nuevo, el Obispo subrayó el servicio y el agradecimiento. “Esta tarde, alzamos la mirada para agradecer. Al final de curso es fácil recordar primero el cansancio, las urgencias, las dificultades, lo que no ha salido como esperábamos. Pero hoy queremos mirar más hondo y descubrir cuánto bien se ha sembrado. En la Curia hay mucho trabajo que no se ve: llamadas, reuniones, gestiones, expedientes, atención a parroquias, acompañamiento a personas, coordinación de delegaciones y secretariados. Son tareas discretas, pero necesarias para que la vida de la diócesis pueda caminar”, aseveró Monseñor Chico Martínez.
Además, expresó, “Por eso, quiero daros las gracias sinceramente. Gracias por vuestro servicio, por vuestra disponibilidad, por la paciencia de cada día, por el trabajo hecho muchas veces en silencio. Detrás de cada tarea hay una comunidad, una parroquia, un sacerdote, una familia, una persona concreta. Y eso da valor evangélico a lo que hacemos. Alzamos la mirada para servir mejor. La Curia no puede ser solo una oficina que organiza o resuelve asuntos. Tiene que ser expresión de una Iglesia que acoge, escucha, acompaña y sirve”.
La mañana concluyó con un aperitivo compartido en la Casa de la Iglesia y el deseo de que el curso 2026-2027 la Iglesia de Jaén siga anunciando el Evangelio y siendo reflejo del amor infinito de Dios.

