Escucha, reparación y compromiso: en la CEE, León XIV marca el camino para la Iglesia en España

Diócesis de Guadix
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La diócesis de Guadix es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, erigida en 1492 y, según la tradición, procedente de la diócesis de Acci, fundada por San Torcuato en el siglo I. Su sede es la catedral de Guadix.

Escucha, reparación y compromiso: en la CEE, León XIV marca el camino para la Iglesia en España

Sesenta años después de la creación de la Conferencia Episcopal Española, otro sucesor de Pedro cruzaba las puertas de esta casa para compartir una jornada de encuentro con quienes tienen encomendada la misión de pastorear la Iglesia de Cristo en España.

La Conferencia Episcopal Española (CEE) conmemora 60 años de vida “sabiéndose miembros del Colegio de los Doce” y contando en su cenáculo con la presencia de su cabeza, el sucesor de Pedro, León XIV.

En un ambiente protocolario, pero sumamente acogedor, el Santo Padre llegó a esta “casa de todas las Iglesias de España” con el ánimo de, en sus palabras, “reavivar la comunión tal y como Jesús aconsejaba a sus apóstoles”. En la puerta de su sede, el presidente de la CEE, monseñor Luis Javier Argüello García, esperaba a su Santidad León XIV junto al cardenal vicepresidente, José Cobo; y el secretario general, monseñor César García Magán. Tras ello se dirigió a la sala de la Asamblea donde le esperaban arzobispos, obispos y administradores diocesanos de las distintas diócesis españolas.

Sesenta años después de la creación de la Conferencia Episcopal Española, otro sucesor de Pedro cruzaba las puertas de esta casa para compartir una jornada de encuentro con quienes tienen encomendada la misión de pastorear la Iglesia de Cristo en España. Fue san Juan Pablo II quien inauguró esta sede durante el primero de los cinco viajes apostólicos que realizó al país. Hoy, también en su primer viaje apostólico a España, León XIV volvía a situarse en ese mismo punto de partida, cerrando un círculo que une generaciones de pastores, caminos recorridos y una misma misión compartida.

“Como un viaje” decidió marcar León XIV también su discurso a los obispos de España. No habló de estrategias ni programas, sino de un peregrinar cuyo destino no es otro que Dios. Como todo peregrino, la Iglesia también debe preguntarse qué lleva consigo y qué necesita dejar atrás. El Papa habló de equipajes que pesan demasiado, de estructuras que en ocasiones ya no ayudan a avanzar y de “la tentación de obsesionarnos con lo que dejamos, los lugares, las cosas, las formas, sin abrirnos, en docilidad al Espíritu, a la novedad de lo que encontramos”.

Pero en esta misma línea habló también de los tesoros que debe llevar la Iglesia en este viaje: la riqueza espiritual acumulada durante siglos, la fe sencilla del pueblo cristiano y el único alimento imprescindible del camino, “el Pan de la Palabra y de la Eucaristía”.

¿Para quién soy?: acompañar en el discernimiento de los carismas del Espíritu en los laicos

La reflexión sobre los laicos llegó además en un momento especialmente significativo para la vida de la Iglesia. Apenas unos días después del nombramiento de María Montserrat Alvarado al frente del Dicasterio para la Comunicación, León XIV dirigió la mirada hacia uno de los grandes retos de los pastores: ayudar a cada bautizado a descubrir la llamada que Dios ha sembrado en su vida. Recordando el reciente congreso de la CEE “¿Para quién soy?”, invitó a los obispos a acompañar a los fieles en ese discernimiento que permite reconocer los dones y carismas recibidos del Espíritu Santo y ponerlos al servicio de la comunidad.

“De nosotros depende que estos laicos lleguen a percibir su participación en este servicio eclesial como una llamada que Dios les hace”, afirmó. No se trataba únicamente de encontrar colaboradores para las tareas pastorales, sino de ayudar a hombres y mujeres a descubrir que ellos también forman parte de la misión de la Iglesia y que el Espíritu sigue suscitando carismas para la construcción del Reino:

“Ese vínculo profundo exige a la Iglesia, en este tiempo de polarizaciones y contraposiciones cada vez más duras, un testimonio de unidad en la pluralidad: una comunión capaz de acoger la riqueza de los dones, de los carismas, de las sensibilidades que el Espíritu Santo suscita en el Pueblo de Dios”.

Sanar heridas y acompañar al pueblo

Ningún viaje evita los lugares de dolor. Y León XIV quiso detenerse precisamente allí. “Nuestro viaje está hecho de encuentros”, dijo. Encuentros con personas que “viven momentos de oscuridad, y nos reclaman que nos hagamos para ellos samaritanos”.

Con especial firmeza, el Pontífice abordó la realidad de quienes han sido heridos por “quienes debían cuidarlos, incluso por miembros del clero”. Sus palabras se acompañaron de una llamada clara: “ante esta plaga, la comunidad eclesial está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado”.

No fue una referencia de paso. Fue una llamada directa a los pastores a situarse junto a quienes han sufrido, a escuchar su dolor y a abrir caminos reales de sanación. Porque, recordó el Santo Padre, cada persona herida “debe poder encontrar” en la Iglesia “escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación”.

En medio de un mundo marcado por polarizaciones y fracturas cada vez más profundas, León XIV volvió una y otra vez sobre la misma convicción: la comunión es una tarea cotidiana. Por eso pidió a los obispos que sean constructores de unidad, hombres capaces de custodiar la fe recibida, sanar heridas y acompañar al pueblo que les ha sido confiado.

“Esos simples sacerdotes”

En el tramo final de su intervención, el Papa dirigió la mirada hacia quienes caminan más cerca de los obispos: los sacerdotes. Recordando la figura de san Juan de Ávila, en el año en que se conmemora el quinto centenario de su ordenación presbiteral, pidió que encuentren en sus obispos no solo una autoridad, sino un padre. Y que juntos recorran la misión como compañeros de peregrinación, compartiendo las fatigas y las alegrías del camino.

La oración de este gran santo español con la que León XIV concluyó su intervención fue también el broche de este particular periplo espiritual. Después de invitar a los obispos a caminar ligeros de equipaje, atentos a las heridas de los hermanos y abiertos a la acción del Espíritu, el encuentro continuó ya lejos de los micrófonos.

El Santo Padre firmó el libro de honor de la Conferencia Episcopal Española y saludó personalmente a los miembros del episcopado presentes en la Asamblea. Los mismos pastores a quienes acababa de recordar que están llamados a “custodiar la unidad, favorecer el diálogo, sanar las fracturas y acompañar el camino del pueblo” se acercaron ahora, uno a uno, para intercambiar unas palabras con el sucesor de Pedro.

Mientras los obispos partían hacia la Nunciatura Apostólica para compartir el almuerzo con el Pontífice, monseñor Luis Javier Argüello, el cardenal José Cobo y monseñor César García Magán le acompañaron a descubrir la placa conmemorativa de la visita. Un gesto que enlazaba esta jornada con la historia de una institución que celebra seis décadas de vida.

Antes de abandonar la sede, León XIV quiso encontrarse también con los trabajadores de la Conferencia Episcopal Española. Fueron los últimos en saludar al Papa en esta Casa de la Iglesia que, durante unas horas, había vuelto a convertirse en cenáculo de encuentro, escucha y comunión.

Sesenta años después de que otro sucesor de Pedro inaugurara estas mismas instalaciones, León XIV regresaba a ellas para recordar que la Iglesia no está llamada a permanecer detenida, sino a ponerse en camino. Un camino que atraviesa encuentros, heridas, carismas, desafíos y esperanzas; un camino que exige avanzar unidos y dejarse guiar por el Espíritu. Un camino que, como recordó el Santo Padre a los obispos españoles, termina siempre en Dios.

www.conelpapa.es

Fotografía: J.J. Guillén/EFE

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