

En una jornada marcada por la gratitud, la comunión y la fraternidad, los sacerdotes de la diócesis de Guadix se han reunido, el jueves 28 de mayo, para celebrar la festividad de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, destacando especialmente el 50º aniversario de ordenación del sacerdote Juan Diego Vallecillos y el ministerio episcopal de Mons. Patricio Larrosa.
La jornada comenzó con el rezo de la Hora Intermedia, donde el obispo dirigió unas palabras centradas en la identidad sacerdotal. Recordando las enseñanzas de Benedicto XVI al clausurar el Año Sacerdotal, el prelado subrayó la necesidad de contar con presbíteros que “no se acomoden al mundo” y que mantengan viva la sacralidad de su ministerio. Invitó a los presentes a renovar el don recibido gratuitamente, enfatizando la importancia de configurar el corazón con el de Cristo bajo las palabras clave de gracias, elegidos, enviados, servicio y fraternidad. Advirtió, además, contra los peligros del individualismo, recordando que el sacerdocio no se fundamenta en lo humano, sino en el sacramento que ayuda a superar el frío interior.
En este marco de comunión y tras finalizar la oración conjunta, se compartieron informaciones sobre la vida diocesana, incluyendo el estado de salud de algunos de los sacerdotes y la situación de aquellos que sirven fuera de la diócesis. Se invitó a conocer el eremitorio de San Torcuato. También se informó, ante la próxima visita del Santo Padre a España, sobre la organización de diversos autobuses para asistir a Madrid, animando a la oración por los frutos espirituales de este encuentro.
Pero el momento central de la jornada fue el homenaje del 50º aniversario sacerdotal de Juan Diego Vallecillos. Tras un repaso a su trayectoria sacerdotal y pastoral, Juan Diego tomó la palabra para agradecer estos 50 años, haciendo énfasis en su labor por la pastoral vocacional, donde su testimonio ha sido semilla de nuevos sacerdotes. Como reconocimiento a su entrega, la Delegación del Clero le hizo entrega, a través del obispo, de un presente que incluía la Bendición Papal y una botella de vino.
Finalmente se compartió la comida como broche de oro para una jornada que recordó a todo el presbiterio que, ante todo, vale la pena vivir el don inmenso del sacerdocio en unidad y fraternidad.
Antono Travé
Subdelegado diocesano de MCS. Guadix

