CARTA PASTORAL “ALZA LA MIRADA”
con motivo de la Visita Apostólica de León XIV
Con inmenso gozo la Iglesia que peregrina en Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura y la Graciosa, se dispone a recibir por primera vez al Vicario de Cristo en la tierra, el Papa León XIV. Vivirá con nosotros, en Arguineguín, en el municipio de Mogán y en Las Palmas de Gran Canaria, una intensa jornada el 11 de junio, que hará de la isla de Gran Canaria un lugar de peregrinación para todas las diócesis españolas. Por ello, tanto el obispo auxiliar, D. Cristóbal Déniz, como yo, nos dirigimos a todos los diocesanos para animarlos a vivir este acontecimiento eclesial y dar gracias a Dios, junto al sucesor de Pedro, por el gran don de la fe y de la vida en Cristo.
Con ocasión de esta Visita Apostólica del Papa, estamos preparando la acogida al Santo Padre con la oración, la catequesis y el ejercicio de la caridad, para vivir este hecho de trascendencia eclesial.
Nuevo pueblo de Dios
La presencia del Papa entre nosotros nos invita a renovar nuestra adhesión al sucesor de Pedro, el cual, en los inicios históricos de nuestra fe, fue el primero en confesar que Jesús es “el Cristo, el Hijo del Dios vivo” (Mt 16,16), el único que tiene palabras de vida eterna.
La misión del Papa entre nosotros, como testigo cualificado de Cristo, confirma nuestra fe y nos recuerda que, gracias a la redención de Cristo, hemos sido constituidos Pueblo de Dios. Dios se ha compadecido de nosotros y nos ha hecho propiedad suya, pueblo suyo. En Cristo Jesús hemos recibido toda bendición. Somos, ni más ni menos, su propio Cuerpo. Esta es la grandeza y dignidad de nuestra vocación. Por esta razón somos un Pueblo santo, unido a quien es el Santo por excelencia, Cristo, “en quien habita toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente” (Col 1,9).
No sorprenderá, por tanto, que la Iglesia sea llamada por San Pedro “linaje escogido, sacerdocio real, nación consagrada” (1Pe 2,9). A lo largo de la historia del cristianismo, estas definiciones de la Iglesia se han visto confirmadas por el testimonio de los santos. En la Iglesia ha habido, ciertamente, pecadores, cada uno de nosotros lo es en la medida que sólo Dios conoce. Pero la Iglesia es, por encima de todo, un pueblo de santos, en cada uno de ellos ha triunfado la gracia y la redención de Cristo, ha brillado la gloria de Dios que nos ha llamado a su luz admirable.
Los santos han sido antorchas de esa luz, luminarias seguras en la tierra que nos recuerdan que Dios es luz y que las tinieblas del pecado y de la muerte han sido vencidas definitivamente por la muerte y resurrección de Cristo.
Entre estos santos debemos tener presente, en el 75 aniversario de su proclamación como copatrono de nuestra Diócesis por Pío XII, a San Antonio María Claret, el Padrito. De él tenemos que tomar su entrega evangelizadora y su espíritu misionero que llenó de nuevas ansias de Dios a todos los que lo acogieron y escucharon.
Deseamos que la Visita del Santo Padre, siguiendo la estela del Padrito, acreciente nuestra vocación y dinamismo apostólico. Su sola presencia es un estímulo más para gastar y desgastar nuestras vidas al servicio del Evangelio de Cristo y de los hombres.
La presencia de León XIV hará que las palabras de Pedro a los cristianos de su tiempo cobren una actualidad indiscutible: “A los presbíteros que están entre vosotros, les exhorto yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que está para manifestarse… sed humildes y descargad en Dios todo vuestro agobio porque él cuida de vosotros” (Cf. 1Pe 5,1-10).
El Papa viene a exhortarnos, es parte fundamental de su ministerio como Pastor supremo. Su exhortación está avalada por la autoridad recibida de Cristo. El Papa nos conduce, con su palabra y con el testimonio de su vida personal, hacia la gloria de nuestra vocación en Cristo, que nos permite pasar por la prueba con la certeza de la victoria final.
Abramos nuestro corazón a la exhortación del Papa. Acojamos con gozo su Magisterio y démosle la alegría de vivir conforme a la cruz gloriosa del Señor.
Desde el principio de su ministerio nos ha invitado a no tener miedo, pues el mal no triunfará a la vez que nos anima a vivir con gozo nuestra fe, buscando la unidad, trabajando por la sinodalidad, que facilite proclamar al mundo la verdad que salva.
Unámonos a las enseñanzas de su exhortación Dilexi Te, que nos llama a huir de la mediocridad, de todo conformismo y adecuación al paganismo de nuestros días para poder vivir el amor a los pobres, a los enfermos, los migrantes, los necesitados y a todos los que sufren por alguna causa.
Alza la mirada
Aprovechemos la visita del Santo Padre para alzar la mirada. Alcemos la mirada, con el sucesor de Pedro, al Señor y descubramos caminos de unidad y comunión que nos faciliten anunciar el evangelio a todas las personas; cansadas de tanto mirar a ras de suelo, enredadas en lo que ocurre cada día o absortas en sus propias soledades. Ayudémoslas a mirar al Crucificado para encontrarse con el Resucitado.
Como afirmaba el cardenal Cobo en su Carta Pastoral “El Papa nos ayudará a atravesar lo que simplemente ‘se ve’ para dirigirnos hacia Dios. Y desde Dios podremos viajar al corazón de nuestra vida y la de tanta gente buena que está a nuestro alrededor. Su presencia nos ayudará a vislumbrar el sentido de la vida, anunciará una esperanza trascendente a nuestros jóvenes y a nuestra sociedad cansada y nos situará ante el regalo de la vida eterna que celebramos en la Pascua. Vendrá a recordarnos que nuestro mundo tiene futuro y que los cristianos tenemos mucho que ofrecer desde la espiritualidad, el encuentro y la fraternidad”.
Preparemos esta visita con ilusión, esperanza y espíritu de servicio. Desde hace unos meses muchas personas están trabajando con gran generosidad para preparar esta acogida al Santo Padre. Estamos convencidos de que es una oportunidad para fortalecernos en la fe como Iglesia que camina unida y que mira a nuestro mundo como campo de misión. Damos gracias a cuantos se están movilizando y poniendo en marcha con tan poco tiempo tantos preparativos e iniciativas.
Os invitamos, por tanto, a recibir al Santo Padre orando intensamente por él y por la fecundidad de su viaje pastoral a España hacia la que ha mostrado un singular afecto. Que a su esfuerzo por acercarse hasta nosotros corresponda una generosa acogida y una ferviente participación en los actos programados.
Exhortamos especialmente a nuestros hermanos sacerdotes, fieles colaboradores del orden episcopal, para que animen a sus comunidades parroquiales, movimientos y grupos apostólicos a participar en estos encuentros que revitalizarán la conciencia de pertenecer a la Iglesia Católica, extendida por toda la tierra, que tiene en el Papa su fundamento visible de unidad. Animemos a todos los cristianos a participar en las catequesis que se han ofrecido desde la Conferencia Episcopal con el fin de profundizar en el significado de esta visita.
El Santo Padre viene a traernos el abrazo de la Iglesia universal. Su presencia será para nuestra Iglesia local un verdadero signo de comunión. Renovados por el Bautismo, podremos corresponder a ese abrazo, alargando los brazos de nuestra diócesis y uniendo nuestro corazón al suyo.
Nos encomendamos al Santísimo Cristo de Telde y a Nuestra Señora del Pino para que esta visita apostólica a nuestra diócesis de Canarias, del Papa León XIV, sea fructífera. Que Dios os bendiga.
Les saluda atentamente,
Mons. José Mazuelos Pérez
Obispo de la diócesis de Canarias
Mons. Cristóbal Déniz Hernández
Obispo auxiliar de la diócesis de Canarias

