
Antonio Gil se adentra en el mes de mayo recordando a la Virgen María en la época del año mariana por excelencia
Mayo se inicia en Córdoba con la fiesta de las cruces, -“la locura de la cruz es hacer del sufrimiento un grito de amor a Dios”, proclamó Benedicto XVI-, pero es un mes especialmente dedicado a María y a las romerías a los santuarios marianos, como la de Córdoba, este domingo, a la Virgen de Linares. Tanto el Papa Francisco como León XIV coinciden al presentarnos a María, como “la mujer del “Sí” a Dios, “la que pospone su propio interés al de Dios y se pone confiadamente en sus manos”. Estaba “llena de gracia”. El ángel dirá “llena de gracia” como quien pronuncia un apellido, como si en todo el mundo y toda la historia no hubiera más “llena de gracia” que ella.
Me vienen a la memoria aquellas palabras que el viejo cura de Torcy, en el “Diario de un cura rural” de Bernanos, dice a su joven compañero sacerdote: “¿Rezas a la santa Virgen? Es nuestra madre, ¿comprendes? Es la madre del género humano, la nueva Eva, pero es al mismo tiempo su hija. ¡Piensa bien en lo que ocurrió! ¡El Verbo se hizo carne y ni los periodistas se enteraron! Presta atención, pequeño: la Virgen santa no tuvo triunfos, ni milagros. Su Hijo no permitió que la gloria humana la rozara siquiera. Nadie ha vivido, ha sufrido y ha muerto con tanta sencillez y en una ignorancia tan profunda de su propia dignidad, de una dignidad que, sin embargo, la pone muy por encima de los ángeles”.
Refrenda estas palabras el Papa León XIV: “María es modelo, ejemplo, y también actitud de vida que todos debiéramos imitar en la nuestra”.
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