
Querido Xavier:
Sabes que no me gustan las despedidas, pero son inevitables. Las despedidas, de alguna manera, encogen el corazón.
Hoy, en nombre de la diócesis y en el mío propio, quiero agradecerte estos cuatro años entre nosotros. Gracias por tu trabajo, por tu entrega y por tu generosidad, al servicio de esta Iglesia de Almería.
Sé que no es fácil aceptar una responsabilidad como la que has asumido. Venías por primera vez a una tierra que te era desconocida; a una realidad nueva, con muchos retos y muchas necesidades. Y sin embargo dijiste que sí. Un sí muy generoso, reconocido por la mayoría. Un sí que ha significado muchas horas de trabajo, muchos viajes, encuentros y preocupaciones. Tomaste la tarea con gran responsabilidad y fidelidad, y en medio de las incertidumbres e incomprensiones, nos abriste caminos de esperanza. Doy las gracias a D. Joseba, obispo de Bilbao, que te ofreció esta aventura y tu aceptaste confiado.
Todo se ha ido realizando y entretejiendo con una clara y precisa comunicación explicativa de los pasos dados, a la que no estábamos demasiado acostumbrados. Informes presenciales y detallados al Consejo de Gobierno, de Economía y al Colegio de Consultores, a los sacerdotes de la diócesis, a laicos y vida religiosa, a la Conferencia Episcopal, al Dicasterio de los Obispos, allí nos reunimos con el cardenal Marc Ouellet, y después con el cardenal Robert Prevost, y con el mismo Papa Francisco, por dos veces, y siempre dispuesto a informar de todo, y personalmente, a todos aquellos que se han querido interesar.
Además, lo has hecho con esa cercanía tan tuya, con esa serenidad que da tu vasta experiencia en tantos avatares de la vida… con la que trasmitías consejo, prudencia y humanidad. Porque no solo has aportado tu competencia profesional, sino también tu manera de estar, tu sabiduría, tu templanza y tu fe. A pesar de los que hablaban desde el desconocimiento o la sospecha, has mantenido el rumbo y nuestra barca a flote. Gracias también por sostenerme.
Sabemos que para poder estar aquí has tenido que dejar muchas veces tus ocupaciones personales y familiares. Gracias Pilar, por tu paciencia y compresión. Quiero agradecerte a ti y a vuestras hijas, vuestra generosidad, al tener que organizar vuestra vida de otra manera, compartiendo el esposo, el padre y el abuelo. Vuestros nietos son una maravilla de chavales. Todo esto tiene un valor que quizá no siempre se ve, pero que nosotros sí queremos reconocer hoy.
La Iglesia necesita personas así: creyentes que ponen sus talentos al servicio de los demás, con discreción, con fidelidad y con sentido de Iglesia. La revista Vida Nueva, hace unas semanas, reconoció tu trabajo en un artículo dedicado a la ingente cantidad de personas jubiladas que están entregando su vida a la Iglesia y sus comunidades.
Hoy, cuando te he entregado la medalla Pro Ecclesia et Pontifice, el mayor reconocimiento de la Santa Sede, expresamos también la gratitud de esta diócesis. Muchas personalidades del mundo político y empresarial te han felicitado. Pero más allá de cualquier medalla, lo que queda es el bien que has sembrado y la impronta que dejas entre nosotros.
Que el Señor te lo pague con creces. Que Él bendiga a tu familia, a tu esposa, a tus hijas, esposos y nietos, y que sigas siendo, allí donde estés, ese hombre bueno que sabe servir con humildad y eficacia.
Querido Xavier, esta es siempre tu casa. Cualquier día te vuelvo a llamar.
+ Antonio Gómez Cantero, Obispo de Almería
Almería, 17 de marzo de 2026

